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La fiesta del otro, ¡Viva Fidel!

Julio Antonio Aleaga Pesant, Primavera Digital

El Vedado, La Habana.- Raúl Castro, debe sentirse muy mal en el poder, si no es que ha delegado en su hijo Alejandro Castro Espín. La visita del Papa fue un desastre. Tanto como el “tur” del Cardenal por el “yuma”. Peor aún, tuvo que liberar a José Daniel Ferrer García en Santiago de Cuba. Y para colmo, los extranjeros que desfilaron por la Plaza Cívica este primero de mayo, solo gritaban ¡Viva Fidel! Sé puede entender la utilización del nombre del ex dictador, como continuidad del gobierno militar, pero… ya es hora de reconocer el “merito”, al autócrata, so pena de que luego de más de seis años de gobierno, no aparezca en los libros de texto sobre nuestra historia.

Todo se dispensa en este primero de mayo. Más que un desfile político y de reafirmación revolucionaria, parecía carnaval. Los venezolanos de la Misión Rivas que marchaban, tan marcialmente con su bandera al frente, los turcos, los chilenos comunistas con su cartel por el centenario de su partido y los terroristas etarras desde la tribuna presidencial, con sus consignas castristas no entendieron nada del desfile.

Mientras Salvador Mesa, arengaba desde la tribuna en la Loma de los Catalanes, en la intersección de Zapata y Paseo, los desfilantes “arrollaban” a paso de conga, con una de las piezas de Sur-Caribe, la exitosa orquesta santiaguera. ¡Hay que felicidad la, la, la! Coreaba el público que decidió pasar lo mejor posible aquella mañana de seriedad y revolución, mientras bailaba y bebía chispaetren (ron barato). Negras y blancos, blancas y negros todos unidos en la identidad cultural y en no “coger lucha” (preocupación).

La música, la reproducían los altavoces de la compañía independiente de espectáculos PMM. Hermosas mulatas, con ombligo y cadera al viento, le daban a la concentración un espíritu carnavalesco, apoyado unos metros delante por la tarima de la tienda Carlos III, con otras beldades femeninas que acompañaban al león industrialista. Imagen del equipo de beisbol más popular en la capital.

Todos bailaban, sin importar lo que hablara el “primer sindicalista del país” o si habló otro que tampoco interesó. Los del cordón de seguridad, y de la Cruz Roja, instruidos para no dar camillazos a disidentes y hasta unos fiesteros que venían de una noche de farra por el malecón, se sumaron al espectáculo.

Por cierto el operativo de seguridad debió ser de varios miles de tropas entre profesionales y voluntarios, a todo lo largo del trayecto. Su presencia era impactante. No obstante, unos jóvenes voluntarios del aparato, comentaban en la retirada que un hombre joven había gritado libertad, en la zona frente a la tribuna presidencial y fue reducido por la fuerza por un oficial vestido de civil. Esto no se ha confirmado.

De vuelta a la fiesta una mujer que aguantaba una gran bandera cubana me dijo, “así mismo se va a caer esto, a son de pachanga”. Seguramente me lo dijo pensando que yo era extranjero o a lo mejor por ese sentido de solidaridad y confianza que te dan algunas personas. “Así como ahora dicen ¡Viva Fidel y Raúl! más adelante, los mismos diran abajo”. Esto es surrealista, concluyó. Mientras, yo afirmaba con la cabeza, riéndome de lo acertado de la cita y de la sinergia anti dictatorial.

A un costado de PMM, el excéntrico coreógrafo Toni Menéndez, con zapatos plataformas rojos y amarillos, dignos de mejores plazas, y vestido con una camisa de encajes roja sombrero y mochila con hebillas, también traía su conga particular, integrada por las niñas de su compañía y sus madres. Los carteles de Tony declaraban su amor y el de la compañía de espectáculos a los dictadores.

Si Tony Menéndez trajo de uniforme a sus alumnas, los dueños de paladares, acarrearon a sus trabajadores. La Paladar (restaurante cafetería) La Pachanga, desplego un gran cartel que rezaba “Trabajadores por cuenta propia ¡Presentes! La Pachanga. Preferida por la farándula”. Pero su entusiasmo no quedó allí. Compró gorras de color verde y les hizo imprimir en su frente el logotipo oficial del 1ºde Mayo y por el costado en nombre del restaurante.

Bailaban y gozaban los presentes con la música y los sogones que pasaban de un lado a otro. Y llegaron los jóvenes militares, la mayoría cadetes y guardiamarinas, en cantidades que superaban los miles. Tampoco asumieron la marcialidad. Siguieron en la pachanga hasta el final del camino, más allá del edificio de la biblioteca nacional, bajo la tribuna organizada por los comunistas y donde se veía a un Estaban Lazo mal humorado en contraste con un Salvador Mesa, muy contento. Uno al lado del otro. Como el Yin y el Yan. Mientras Raúl Castro, su nieto y la que parece una bisnieta saludaban a sus fieles. También en el espacio principal estaban Abel Prieto, Eusebio Leal y Liudmila Alamo.

Ya de regreso, cuando los barrenderos llegaron a limpiar la plaza, con escobillones y camiones de agua, un hombre en harapos, serio, cansado y triste enarbolaba su cartel como gran y única denuncia. La batalla económica: tarea principal.

 

 

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