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La estafa en el pesaje continúa

Osmar Laffita, Primavera Digital

Capdevila, La Habana, (PD) La estafas y artimañas contra los consumidores son una pandemia que afecta a la red de pesas-comercio minorista en Cuba.

Bodegueros, dependientes de las Tiendas de Recuperación de Divisas (TRD) y los trabajadores contratados de los establecimientos privados que venden productos del agro, de modo descarado e impunemente roban libras que pertenecen al consumidor.

Como consecuencia del robo en el pesaje de los productos alimenticios, estos estafadores se enriquecen.

El robo que a diario se comete contra los consumidores en los comercios minoristas es totalmente responsabilidad del gobierno.

Hay mucha desidia en torno al pesaje. El consumidor no tiene donde verificar si le robaron o no.

De las 39,586 pesas de diferentes tipos que hay en Cuba, más del 83% son mecánicas. En esta cifra no cuentan las que poseen los vendedores privados de productos del agro.

Las pesas digitales se encuentran en las TRD y en algunas de las Cooperativas no Agropecuarias (CNA) que suplieron a los Mercados Agropecuarios Estatales (MAE).

En los puntos de ventas, los carretilleros y los Mercado Agropecuarios de Oferta y Demanda, las pesas son mecánicas.

Al poco tiempo de creadas las provincias Mayabeque y Artemisa, el gobierno cubano decidió la creación de las Cooperativas No Agropecuarias. Las primeras se constituyeron en los desaparecidos MAE de esas dos provincias y La Habana.

Esas CNA, sumadas a los puntos y carretilleros que venden directamente a la población, convirtieron a estas tres provincias en el primer mercado de de comercialización y venta minorista de productos del agro en Cuba.

Los principales comercializadores de productos del agro de estas tres provincias, cooperativistas y privados, utilizan pesas mecánicas.

En Cuba hay tres fábricas de ensamblaje de pesas electrónicas: la Empresa de Fabricación y Reparación de Medios de Pesar PEXAC, la Che Guevara y la ETA de Villa Clara.

El precio de las pesas electrónicas, cuando aparecen, ronda los 32 dólares.

La costumbre de los cubanos y la condición establecida por los sistemas de pesas y medidas establecidas por el gobierno, es comprar en libras los alimentos. Algo que no se corresponde con las normas establecidas, porque en 1982 se emitió el Decreto-Ley No. 62 que implantó el Sistema Internacional de Unidades (SI) en que rige el kilogramo y no la libra.

El pesaje se complica porque en la mayoría de las pesas mecánicas, su sistema de unidades se expresa en libras y no en kilogramos.

Los estafadores de la provincia de Pinar del Río andan a sus anchas. El Departamento de Metrología de la Oficina Territorial de Normalización debe certificar una vez al año los 16,500 instrumentos de pesajes, pero la falta de financiamiento de las débiles infraestructuras creadas han impedido cumplir con este importante requisito.

No se ha podido poner fin al robo a los que compran en las redes del comercio minorista.

En el año 2012 Comercio Interior solo entregó tres mil pesas digitales a las 13,209 bodegas que existen en el país. El 82% de estas pesas reportan un alto nivel de obsolescencia, lo que propicia el robo a los consumidores.

A pesar de la fuerte presencia de comerciantes privados en la comercialización y venta de productos, las empresas estatales no están autorizadas a brindarle servicio de calibración y reparación a sus instrumentos de pesaje. Eso explica que miles de estas pesas que se usan diariamente nunca hayan sido certificadas.

Cómo el gobierno puede materializar su campaña de defensa a los consumidores, si los comerciantes privados tienen en sus negocios las llamadas "pesas criollas" -las producen en el municipio Niceto Pérez, en Guantánamo- que la Oficina de Normalización califica de ilegales.

Los funcionarios de Metrología afirman que los errores en las pesas criollas son el origen del engaño al consumidor.

Los funcionarios de Normalización amenazan a los poseedores de las pesas artesanales no homologadas por dicha instancia, y les advierten que su uso es ilegal. Pero los comerciantes, al no tener información de la venta de pesas digitales, no le han hecho caso a esas amenazas.

Si como han advertido, decomisan las pesas criollas, eso traerá consigo la paralización de la venta de los productos del agro a la población.

Los burócratas de Normalización afirman que las pesas de los comerciantes privados no cumplen los requisitos de las normas cubanas: sus pesas jamás han sido certificadas.

La solución del problema sería certificar esas miles de pesas para que cumplan lo que establecen las normas, a ver si se logra poner fin al robo al consumidor.

Pero el gobierno lo único que busca es exprimir al máximo a los dueños de los pequeños negocios privados.

En los Mercados Artesanales Industriales (MAI), el precio de las pesas en venta es alto: 64 dólares. Pero son tan deficientes que ya han anunciado que la producción no superará las mil unidades.

Si bien es cierto que entre los bodegueros, trabajadores de las TRD y los dueños de los de los pequeños negocios privados, prima la voluntad de hacer sus mayores ganancia a costa del robo a los consumidores, también lo es que la mayoría de los medios que emplean, por lo obsoletos que son, no reúnen las condiciones técnicas para realizar el pesaje.

 

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