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La esencia del gobierno es violenta

Lilianne Ruíz

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena, expresó en alguna oportunidad Mahatma Gandhi, padre de la resistencia no violenta y de la lucha pacífica en el mundo.

En Cuba, la limitación a la libertad de prensa, unida al temor que padece la población por saberse desprotegida frente al sistema, además de garantizar la impunidad de los cuerpos represivos, contribuye a fomentar el mito de que la isla es el paradigma de justicia social que repiten los medios oficiales y enarbolan muchos partidarios de la izquierda en el mundo.

José Daniel Ferrer García, líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), ha accedido a compartir sus experiencias acerca del comportamiento violento de las autoridades gubernamentales frente a activistas de derechos humanos y opositores políticos en Cuba:

Vamos a comenzar por una cuestión que es conocida por todos. Los regímenes autoritarios, dictatoriales, utilizan la violencia como mecanismo de control de la sociedad. Parecen decir: “te me opones, pues entonces voy a ejercer violencia, voy a llevarte a prisión, donde también se va a seguir ejerciendo violencia en tu contra, y además la tortura propiamente dicha”.

¿Recuerdas alguna experiencia violenta con la policía en particular?

Durante la campaña nacional a favor del Proyecto Varela. Llevábamos un año ya en campaña: 21 de enero del 2002. Regresábamos a Santiago de Cuba desde Puerto Padre. La policía política sabía que habíamos ido a buscar las firmas para el Proyecto Varela, pero como éramos 15 (14 hombres y una mujer, mi hermana Ana Belkis la mujer), y además en Puerto Padre contábamos con muchísimo apoyo, prefirieron emboscarnos en el camino de regreso. No en el pueblo nuestro ni en el pueblo donde habíamos ido, sino en el camino. En un lugar que se nombra La Salada de Baire, a solo unos metros del lugar donde Máximo Gómez protagonizó la primera carga al machete, en Pino de Baire. Había más de 30 agentes de uniforme, entre los que estaban los de la policía nacional y los de verde olivo con el cintillo del Ministerio del Interior, más los agentes de la Seguridad del Estado que están vestidos de civil pero sabíamos quiénes eran: el teniente coronel Veitía (que murió después de un infarto), el mayor Roger, el capitán Héctor Leiva, el capitán Feria: esos eran los jefes de la policía política que nos emboscaron allí, con una treintena de agentes del MININT, entre policías y agentes uniformados.

Primero nos conminaron a que nos bajáramos del camión para registrarnos y quitarnos las planillas con las firmas. Yo era el que estaba en el borde del camión y me niego a bajarme. Entonces le ordenan a dos policías que me bajen. Estos policías suben e intentan bajarme. Yo me sujeto del asiento del camión;  ellos empiezan a forcejear y no me pueden soltar. Yo empiezo a gritar: ¡Libertad, Libertad!, ¡Abajo la Dictadura, Abajo el Comunismo! Ellos se paralizan y ordenan a los policías que bajen. Los policías bajan, conferencian, y suben 4 policías; entonces, uno me agarra por los testículos y me da tal apretón que perdí la fuerza y tuve que soltarme del asiento donde estaba. Me levantaron en peso y me tiraron desde la cama del camión, para el pavimento. Yo lo que hice fue cogerme la cabeza en el aire, para evitar que mi  cabeza rebotara contra el pavimento. Caí al pavimento y cayendo ya me estaban cogiendo por los pies y me arrastraron 4 ó 5 metros.  Me dejaron la espalda toda escoriada.

Entonces de ahí me levantaron en peso y me llevaron como 8 ó 10 metros para una cafetería que está a la orilla de la carretera, que le llaman El Viajero. Acto seguido, hicieron lo mismo con todos los demás. Unos más que otros, todos cogieron golpes. Unos fueron proyectados contra el pavimento, a otros los bajaron de pie. A mi hermana le dieron con un zapato en la parte posterior del cuello y la dejaron con fuertes dolores; perdió hasta el equilibrio, cayó del golpe y así estuvo con fuertes dolores durante semanas. En 2003 -la causa de la Primavera Negra-, 75 terminamos en prisión, y en prisión fuimos objeto de otras agresiones. Yo fui de los menos agredidos, a mí me agredieron físicamente una sola vez. Me confinaban en celdas de castigo.

¿Crees que el confinamiento en celdas de castigo puede catalogarse como tortura?

Una celda de castigo puede medir 1 metro con 80 cm de ancho, por 2 metros con 80 (a veces 3 metros), según el lugar donde estuviésemos. Y solo con una plancha, algunas veces de cemento, otras veces de cartón, sobre una cama con 4 patas de metal, fijada al piso, para que no la puedas mover ni la puedas usar como objeto para golpear la puerta, o hacer cualquier otra cosa; y un hueco en la parte posterior para las necesidades fisiológicas; “turco”, le llaman en el argot de la prisión. Ahí lo mismo te pueden dejar en ropa interior que sin ningún tipo de ropa, desnudo completamente. Lo mismo puede ser en invierno que en verano. Y te someten a una dieta alimenticia muy por debajo de lo que generalmente el preso tiene; y aunque te den lo mismo que generalmente te dan, no compensa tus necesidades nutricionales porque la alimentación en las prisiones no suple esa necesidad, y los presos tienen que suplirlas con la “jaba”, como le llaman, que lleva la familia.

Y ahí puedes estar el tiempo que ellos estimen conveniente; la vez que más tiempo estuve en una de esas celdas en condiciones de castigo fueron 84 días, en Pinar del Río. Era completamente oscura. Cerraban 3 puertas consecutivas, y cuando cerraban esas 3 puertas no había la más mínima claridad dentro. De día apenas te veías las manos; y ahí te sometían, como te acabó de decir, hasta por 84 días que fue el tiempo que más estuve. A otros los tuvieron más días; hay casos que los tuvieron mucho más tiempo en esas condiciones. Otra vez me tuvieron 45 días en una de estas celdas, en Pinar del Río también.

De 8 años en prisión pasé 6 años aislado; pero, el castigo es mayor cuando estás, valga la redundancia, como “castigado”. Puedes estar en esa misma celda pero ya no como castigado, entonces te permiten tener tu ropa, tus libros, luz, y tus alimentos. Hay una gran diferencia en que puedas leer, que tengas con que compensar la deficiente dieta nutricional, que tengas luz para leer, que tengas agua la mayor parte del tiempo: es muy diferente que te puedas bañar y cambiar de ropa porque en esas celdas de castigo muchas veces no podías bañarte; una vez me pude bañar 6 días nada más, de 45 días. Porque fueron las ocasiones que me dieron un poquito de agua para que me aseara, y la ahorraba al máximo.

Hay lugares donde la cantidad de insectos, mosquitos principalmente, se convierte en pura tortura. Al estar sin ropa, sin mosquitero, sin poderte cubrir, imagínate: el  enjambre de mosquitos toda la noche atacándote, es terrible, no puedes dormir, tienes que esperar a que entre el día, que los mosquitos se vayan a dormir y entonces tú tratar de conciliar el sueño. Y en tiempos de calor, algunas de estas celdas tienen excesivamente bajos los techos, una calor insoportable. Pasas la noche sudando, tienes que esperar la madrugada en que ha bajado un poco la temperatura para dormir un poco. Así que es torturante, en todos los sentidos.

¿Cómo fue tu experiencia de la violencia de las autoridades en la prisión?

En prisión me agredieron una vez. Aunque fueron muchas amenazas de agresión. Otros presos políticos, como el difunto Zapata, sufrieron muchas agresiones físicas. Yo fui testigo de muchísimas agresiones físicas, incluso de asesinatos dentro de la prisión protagonizados por los guardias.

Era el día 29 de julio del 2007 -no se me olvida porque es el día de mi cumpleaños- sobre las 7 y 40 de la noche. En la prisión Kilo 8, en Camagüey, régimen de máxima severidad. Tres presos de Cienfuegos secuestran al guardia del destacamento, le quitan la llave, lo encierran en el área del televisor y van a abrir la celda de un holguinero con la intención de matarlo a puñaladas. Los guardias se portaron muy cobardes y entregaron las llaves sin hacer el más mínimo intento de resistencia. Se dejaron conducir hacia el local y fueron encerrados. Los presos cienfuegueros intentaban abrir la celda del holguinero. El holguinero rompió la cama y, con uno de los tubos de la cama, empezó a pincharlos hacia afuera para que ellos no pudiesen lograr su objetivo. Ellos insistieron hasta que terminaron abriendo la puerta, a pesar de la defensa que estaba protagonizando el holguinero, y entraron dentro de la celda y le dieron 15 puñaladas.

En el momento en que están terminando la decimoquinta cuchillada, los guardias logran abrir la puerta. Los presos de otro destacamento tumban la puerta, los guardias entran, más de 40 guardias. Vienen armados de objetos contundentes, barras de metal, palos de marabú, tonfas y hasta 2 bates de beisbol. Los presos de Cienfuegos, después que ya han cumplido su objetivo de apuñalar al holguinero, que creen que lo han matado, botan las armas que usaron. Las tiran desde el segundo piso, se siente cuando caen al patio. Esto nadie me lo contó, esto yo lo podía ver a 18 metros, como lo vimos todos; a 18 metros desde la reja nuestra, subidos en unas tanquetas plásticas en que viene pintura, podíamos ver lo que estaba pasando allá.

Los presos oímos como los cienfuegueros, muy asustados ante la avalancha de guardias armados de estos objetos decían: “Jefe, jefe, vaya a ver ese hombre allí que se va a morir” Es decir, lo que quieren es quitarse la atención de encima y desplazarla hacia el herido. Pero no hubo atención para el herido; descargaron todos los objetos contundentes que tenían sobre los tres presos cienfuegueros y en el acto mataron a Amaury Medina Puig, que cumplía 26 años el día 12 ó 13 de agosto de ese mismo año, y a Carlos Rafael Labrada, que había cumplido 22 años, y al tercero, David Vera Guerra, lo dieron por muerto. La masa encefálica de Amaury quedó regada por el pasillo de la cantidad de golpes que le dieron.

¿Qué pasó con esos guardias? Nada. Al fin de semana siguiente se fueron para una playa, en Santa Lucía, la costa norte de Camagüey, de fiesta, a comerse un puerco asado. ¿Cómo terminó eso? Hubo proceso. ¿Quiénes terminaron pagando a los muertos?: El apuñalado, que no se murió, y uno de los agresores, el cienfueguero que quedó vivo. Ustedes se preguntarán “¿Cómo eso puede ser posible?” Bueno, ellos fueron ante un tribunal y se culparon de lo que había sucedido allí. ¿A cambio de qué? De que le rebajaran las sanciones que tenían, que eran altísimas, de 40 y tantos, 50 y tantos años. Es decir, se culparon, se condenaron nuevamente, pero vino una “conjunta” y le ajustaron tanto la sanción como las condiciones de prisión.

Estaban en el régimen de máxima severidad de Camagüey y les propusieron ser devueltos a su provincia luego del juicio. Y eso, a un delincuente que sabe que va a echar su vida en prisión le interesa estar en su provincia, no en provincias distantes y bajo un régimen de tanta severidad. Entonces ellos aceptaron decir que allí lo que había ocurrido era una riña entre presos y que dos terminaron muertos. Pero todo el mundo vio que lo mataron los carceleros. Allí están los carceleros, todavía dando golpes, partiendo cabezas, ejerciendo violencia oficialmente y con impunidad. Y lo sabe todo el mundo, lo supo la policía política, el alto mando del MININT de Camagüey, lo supo hasta el Consejo de Estado porque mandaron a investigar, y los presos con tremendo valor salían y decían: “No. No. Los mataron los guardias. Los cienfuegueros apuñalaron al holguinero, pero a los cienfuegueros fueron los guardias los que los mataron, y al otro, que lo dejaron muy mal”. Mira hasta donde llega el nivel de violencia.

¿Crees que de hace unos años para acá, la violencia en las calles, ejercida por la policía política contra activistas, haya disminuido?

La violencia ha ido en aumento. El régimen, durante años, asustó con la prisión y paralizó a muchas personas, y al ver que cada vez son menos los activistas que le temen a la prisión y a todo lo que representa la prisión (torturas físicas y sicológicas), al ver que a las amenazas de prisión responden con un activismo más enérgico, pues están optando por reducir a las personas con esos métodos gansteriles. En Oriente, la violencia se ha manifestado desde estar 20 días apedreando la vivienda, a plena luz del día y en la noche, de activistas nuestros, como le ocurrió a Jorge Cervantes, hiriéndole con piedras, derribándole la reja de la entrada con un camión amarrada. Hace 3 días lo volvieron a hacer en Bayamo: venir con un tractor, amarrar la reja de la puerta de la casa de un disidente, tumbarla, para entonces después borrarle los letreros cívicos a favor del respeto a  los derechos humanos, de la libertad, de la democracia, que tenía en sus paredes; hasta emboscar al activista en una calle oscura y darle con un palo por la cabeza.

Mariela Castro, desde CENESEX, se ha pronunciado en defensa de las mujeres víctimas de la violencia ¿Las mujeres que ejercen activismo en materia de derechos humanos son tratadas con alguna consideración, por parte de los uniformados y paramilitares que reprimen acciones de protesta no violenta?

Tenemos los casos de Damas de Blanco que han sido víctimas de heridas con arma blanca. Mi esposa, Belkis Cantillo, el 17 de julio de 2011 recibió un tijeretazo en un brazo del cual sangró mucho y hubo que ponerle puntos de sutura. Las golpizas contra las mujeres, es lo más infame que uno pueda imaginar. Son hombres fornidos, armados con objetos contundentes, los que van a golpear a las Damas de Blanco; a mujeres que andan sin la más mínima arma para defenderse. Y las han golpeado de tal manera que les han producido daños graves:

Iris Tamara Pérez Aguilera, la esposa de Jorge Luis García Pérez ( “Antúnez”) está en muy malas condiciones físicas ahora mismo, a consecuencia de una brutal golpiza.  Lo peor de todo es que, encima de que los nuestros terminan siendo víctimas de esta violencia desenfrenada, son los activistas los que terminan yendo a prisión por el supuesto delito de “atentado”, “desacato”, “resistencia”, “desobediencia”. El régimen no se conforma con mandar a sus uniformados a que victimicen, sino que luego procesa a la víctima y ésta va a prisión.

¿Crees que sea fundada la petición de una investigación independiente para el caso Payá?

El día 2 de diciembre, Ángel Moya Acosta y 49 activistas nuestros de la región oriental, de Santiago de Cuba, la mayoría de Palma Soriano, Santiago capital, San Luis y Palmarito de Cauto, fuimos víctimas de tal violencia por parte de la policía que varios de los nuestros recibieron fracturas en la cabeza, y Henry Perales Elías y Abraham Cabrera Torres recibieron tales golpes que ensangrentaron el ómnibus donde nos terminaron confinando para trasladarnos a las diferentes Unidades de Policía. En esa ocasión, eran más de 200 policías, vestidos con sus uniformes y no solamente tenían las tonfas y los bastones de goma, tenían también como especie de mancuernas de hacer ejercicios; con eso estaban golpeando, tenemos las imágenes en un video de cómo golpeaban. A los heridos le dieron con llaves de mecánica por el cráneo.

Ángel Carromero dijo recientemente, al diario The Washington Post, que fueron embestidos. Mientras Carromero estuvo en Cuba, su falta de entrenamiento con las tácticas de estos regímenes represivos lo hizo ceder ante la enorme capacidad de intimidación, pero ahora todo lo que dice es coherente con la historia de la represión en 54 años. Oswaldo y Harold podrían haber sido conducidos y matados en otro lugar. No podrá saberse la verdad hasta tanto no se realice una investigación independiente, que solo puede ser internacional. Lo que sí puede afirmarse es que la sospecha está fundada en un patrón de conducta que sigue el régimen.

¿Crees que la coartada ideológica, que esgrime el régimen, pueda excusar el comportamiento de los agentes de la policía política?

Este agente que se hace nombrar “Camilo” un día me detienen en El Vedado, de una manera que parecía una película de sábado por la noche: los carros chirriando gomas se atravesaron por delante del taxi donde yo iba. Me sacaron a la fuerza, me tuercen los brazos, me bajan la cabeza, y me meten de cabeza en el Lada, y “Camilo” ordena que se me sienten encima.

Sus hombres no obedecieron y lo que hicieron fue mantenerme con la cabeza hacia abajo y los brazos torcidos a la espalda. Cuando llegamos a la Unidad Policial de Aguilera me manda a que me ponga las manos atrás y me niego. El agente Camilo hizo un gesto y la emprendieron a golpes conmigo. Eran 3 porque dos me pegaron contra la pared y el otro me golpeaba también. Me pegaron la cara a la pared y empezaron a darme patadas. Delante de la policía me golpearon, como si nada. Me acuerdo que su última frase fue: “Esto es pa´ que tú veas como somos nosotros aquí en La Habana, cómo tratamos a los contrarrevolucionarios”. A lo que yo respondí con ironía:“A la gente del Consejo de Estado:¡ Los de Santiago hacen lo mismo y dicen lo mismo¨!: esto es pa que tú veas como somos aquí en Santiago. Ustedes son la misma gente donde quiera”.

Por último, hemos conocido por diferentes medios no oficiales, como Radio Martí, del intento de reclutar a un hombre para causarte la muerte. ¿Qué puedes contarnos acerca de eso?

En Holguín hay un joven que se llama Yohandry Fernando Pupo Sarmiento, de 18 años, que ellos lo reclutan para que le sirva de informante. Nosotros lo descubrimos, lo llamamos a que reconsiderara su posición. Le hicimos un llamado a su conciencia y terminó confesando toda la historia. El muchacho después que confiesa se asusta tanto, por el terror que ellos generan, que atenta contra su vida y de regreso a Holguín se toma una sobredosis de amitriptilina y clordiazepoxido. Termina en el hospital.

Los agentes se enteran, el que lo reclutó por la fuerza y el chantaje, bajo amenaza de meterlo preso y que lo violasen o lo matasen en la prisión, si no le servía de agente; porque así fue como lo reclutaron: no fue que lo convencieron, ni recurrieron a la persuasión sino a la coerción para convertirlo en un delator.

El agente se llama Rafael Chadman, tenemos imágenes de él también, le dijo textualmente: “Oye, no debiste haber atentado contra tu vida. Tú lo que quieres es irte del país, nosotros lo sabemos. Si atentas contra la vida de José Daniel Ferrer García, si tú haces lo que nosotros te digamos, nosotros te sacamos y te ponemos donde tú quieras. Tú lo que tienes que echarle a José Daniel algo que te vamos a dar, en la comida.” Ya eso fue en la casa, no en el hospital. Él lo visitó una o dos veces en el hospital y luego le hace esa propuesta en la casa al muchacho. El muchacho terminó confesándomelo, con miedo, estaba en pánico.

Después de eso me entero por un médico amigo que ellos están averiguando quién es mi dentista. En este caso no puedo afirmar que sea con la intención de planificar algo en mi contra. Pero, ¿Por qué quieren saber ellos esta información? No temo lo que me pueda pasar, porque pienso que solo vamos a morir cuando esté de Dios que muramos, pero es un hecho, es una realidad que planifican, que buscan cómo destruirte tanto psíquica como físicamente. Es lo que acostumbran a hacer todas las tiranías.

Estas tiranías de izquierda no acostumbran a hacer lo que hizo Pinochet en su momento, lo que hicieron otras dictaduras de derecha en Argentina, en Uruguay, en Brasil, que podían darte un balazo y echarte al mar. Estos lo hacen de manera más sofisticada, más elaborada, como para no dejar huellas que le incriminen, pero es lo mismo al final. Destruir tu psiquis, o destruir tu vida, con la intención de dejarle bien claro a la población que sufre las miserias, por esta situación que ellos imponen, que es mejor que aguanten callados, y que no se rebelen. El mensaje parece decir: “Si te rebelas, mira lo que te va a suceder”.

La esencia del régimen de los hermanos Castro es violenta. Usan la violencia cuantas veces creen que les va a dar resultado para mantener a la sociedad paralizada, e intentar mantener a  los opositores en un rincón”.

 

 

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