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La esclerosis del transporte urbano de La Habana

Osmar Laffita, Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- Finalizado el mes de octubre el comportamiento de la trasportación por ómnibus en La Habana va de mal en peor. La muestra más palpable de ese agravamiento es que en estos momentos prestan servicios en las diferentes terminales de La Habana 530 ómnibus fijos y articulados. En 1984 circulaban 2000.

Como no todo es blanco y negro, se dan algunas excepciones en lo referente a un buen servicio. Se da el caso de la terminal de Santa Amalia, en el municipio Arroyo Naranjo, que opera las rutas P9, P10 y P13; Alberro, en el municipio Cotorro, de la cual salen las rutas P2 y P7; y San Agustín, en La Lisa, que opera las rutas P5, P4 y P14. Todas disponen de un parque de ómnibus articulados de fabricación china.

En cambio, en la terminal La Rosita, del municipio San Miguel del Padrón, que opera la ruta P1, también con ómnibus articulados de fabricación china, que llevan más de 6 años de explotación, debido al maltrato y la falta de mantenimiento, en estos momentos solo están en circulación un tercio de total de ómnibus que recibió la terminal. El estado caótico en que está sumida esta terminal se refleja en el incumplimiento de sus frecuencias de viajes.

En las terminales de Santa Amalia, Alberro y San Agustín, con altas y bajas, con la excepción del P13, P2 y P14, que son las que mejor cumplen, la frecuencia de viajes fluctúa entre 10 y 15 minutos.

Pero en el horario de 7 a 8 de la mañana y el del mediodía hasta las 2 de la tarde, la situación se torna caótica en todas las rutas, porque es el momento del cambio de turno lo cual provoca que un ómnibus se tarde en pasar una hora y más.

La situación de la transportación de pasajeros por ómnibus en la capital los sábados es realmente desesperante.

Las terminales, sin que medien explicaciones, reducen arbitrariamente las frecuencias de salida. Los sábados se extienden a 30 minutos y más. En las peores rutas solo trabajan dos o tres ómnibus. La espera en la parada puede demorar mucho más de una hora.

La situación es realmente critica y sin perspectivas de solución en la terminal de Santiago de las Vegas, que opera las rutas P12 y P!6, y en la terminal del Calvario-Reparto Eléctrico, de donde parten las rutas P6, P8 y PC.

En la terminal del reparto Alarmar la situación es un poco más holgada. Su ruta estrella, el P11, tiene en estos momentos la mejor frecuencia de viajes en la capital, con un intervalo de 7 y 10 minutos, pero el P3, P5 y P15, confrontan serias dificultades en el cumplimiento de sus viajes.

La relativa eficiencia del funcionamiento de las terminales de Santa Amalia, San Agustín y Alarmar, dotadas con un parque de ómnibus articulados marca Yutong de fabricación china se explica porque se les ha garantizado piezas de repuestos y partes que ha elevado al 80% su disponibilidad técnica. Tampoco las citadas terminales confrontan carencias de neumáticos y baterías, lo que les garantiza poder cumplir su plan de trasportación sin mayores problemas.

El indetenible deterioro de los ómnibus articulados de fabricación rusa LIAZ y los procedente de Belarus, los MAZ, que forman el parque de las terminales de Santiago de las Vegas y el Reparto Eléctrico, se debe a la carencia de piezas de repuestos y partes. El asunto se tornó más grave debido a que los motores de los articulados rusos son de procedencia norteamericana, marca Caterpillar, que ya no se fabrican.

De los 177 LIAZ que fueron comprados a Rusia hace 6 años, en estos momentos cuando más circulan con infinidad de problemas unos 20 ómnibus diarios.

El reiterado incumplimiento de las frecuencias de viaje genera malestar e irritación en la población.

Cuando llega el ómnibus a la parada, los pasajeros se abalanzan sobre él para poder montar y se forma el forcejeo, debido a que este llega abarrotado. Esto ocurre lo mismo por la mañana, que por la tarde y la noche.

A este desastre hay que sumarle la desorganización, la indisciplina y la corrupción que campea por su respeto en las terminales de ómnibus de La Habana.

Directivos del trasporte, despachadores, inspectores y choferes faltan el respeto, maltratan y atropellan de diferentes maneras al público del cual dependen y al que están obligados a prestarle un servicio con calidad y eficiencia, algo que hoy brilla por su ausencia.

 

 

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