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La ebolización que viene

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Si existe un gobierno o un grupo de poder en la actualidad que no puede dejar de ser supervisado por la opinión pública mundial, este es sin duda razonable alguna, el gobierno militar totalitario cubano.

El hecho de que este gobierno de forma totalmente irresponsable se haya involucrado en la necesaria campaña para detener la epidemia de ébola africana es algo que debería ser analizado con detenimiento. La probabilidad real de que en algún momento el ébola alcance a la Isla y a sus empobrecidos y hambreados habitantes, es muy poco descartable. Cuando esto suceda, dado el estado de insalubridad reinante a lo largo de la Isla, las víctimas fatales podrían contabilizarse por miles.

Pero quizás también sea el momento para que el régimen militar cubano consiga desembarazarse del embargo norteamericano y a costa del acostumbrado tributo de difuntos y flores, reciba cuantiosa ayuda de las siempre complacientes agencias de la ONU y de un gobierno norteamericano y una comunidad internacional abrumada por tales eventualidades emergentes, aunque no inesperadas.

Durante los peores momentos del llamado ‘periodo especial’, a raíz de la caída del Muro de Berlín y el colapso del imperio soviético, la prioridad para el régimen militar cubano fue retener a toda costa el poder. Las víctimas de la situación, hombres, mujeres, niños y ancianos, que sufrieron enfermedades carenciales producto de la desnutrición y el empeoramiento progresivo del sistema de salud, siempre pesaron menos en las decisiones de este régimen, que sus prioridades estratégicas dirigidas a la preservación del poder en manos de la cúpula gobernante.

¿Habrá sido por cristiana generosidad o por altruismo que el régimen militar se involucró en la cruzada anti-ébola? Todo parece que va en la medida en que los guerrilleros que subvertían el orden político en América Latina fueran sustituidos por médicos cubanos o médicos graduados en la Isla. Estos, a partir de un costoso y promocionado plan dirigido contribuyen a maquillar la fea cara de la dictadura militar cubana.

Del humanismo real del régimen militar cubano habla con elocuencia el hundimiento de dos remolcadores, uno en Matanzas y el más conocido, en La Habana. Las órdenes criminales que hundieron a ambos, son legatarias del mismo humanismo que restableció la pena de muerte en la Isla y su aplicación a partir de juicios sumarios sin garantías a lo largo de décadas.

La orden criminal impartida para que helicópteros de la Fuerza Aérea Revolucionaria (no cubana) arrojaran sacos de piedras, arena, etc., sobre balsas tripuladas por cubanos que huían de la pesadilla, tipifican este “humanismo”. Y es así que cuesta trabajo creer en desinterés o altruismo para explicar el por qué un régimen militar con las características del cubano participa en la cruzada mundial contra el ébola.

Algunos se preguntan cómo es posible que aparezca dinero para cinco editoriales en The New York Times que respaldan posiciones alentadas y promovidas por el régimen cubano y no existe dinero para comprar alimentos, vehículos para recogida de basura o equipamiento para hospitales tan necesarios en Cuba.

¿Cómo es posible que el Ministerio del Interior cubano instrumente y ponga en operación un sofisticado sistema de identificación dirigido a fortalecer el control totalitario sobre cada ciudadano y la represión entronizada en la Isla y no haya dinero para satisfacer necesidades primarias de la población. ¿Será que el embargo no afecta para invertir en editoriales de NYT y para la adquisición de equipos altamente sofisticados para la represión interna en Cuba?

La ebolización que lamentablemente llegará no será precisamente por altruismo, las razones serán otras, otras que el mundo conoce aunque no quiera aceptarlas.