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La Carretera Central

Jorge Luis González Suárez, Primavera Digital

Plaza, La Habana.- Una de las obras de ingeniería más grandes realizadas en nuestro suelo, es, sin duda alguna, la Carretera Central. Esa monumental construcción se llevó a cabo en menos de cuatro años, lo cual para su tiempo resulta una proeza. Los trabajos se hicieron con los mayores adelantos existentes en esa época. Su calidad está demostrada con su permanencia hasta nuestros días.

La historia recoge la inquietud de las autoridades coloniales, ya en 1575, sobre la necesidad de comunicar la ciudad oriental de Santiago de Cuba con la capital. Un intento de comenzar su construcción se remonta a 1796, y consistió en empedrar el tramo de Jesús del Monte que iba desde el Puente de Chávez -hoy Cuatro Caminos- hasta la esquina de Tejas.

El Congreso de la República sancionó el 25 de agosto de 1919 una ley que aprobaba un presupuesto de $ 1 200 000 pesos para iniciar su construcción definitiva, ya que ciertos tramos presentaban problemas técnicos, servicio deficiente o estaban en mal estado. No es hasta el 27 de septiembre de 1926, bajo la presidencia de Gerardo Machado, que la Secretaría de Obras Públicas celebró la primera subasta para emprender los trabajos. La adjudicación se efectuó el 21 de diciembre a la Warren Brothers Company de Cambridge, Massachusetts.

Los estudios y proyectos hechos con anterioridad determinaron una longitud aproximada de 1140 km. Ya existían 560 y faltaban 580. Esta planificación se dividió en cinco tramos de unos 330 km que se adjudicó a varios ingenieros. La elaboración tuvo en cuenta las zonas más fértiles y extensas, pasar por las sesenta poblaciones más importantes en esos momentos, cruzar por donde no existían otros medios de comunicación, excepto los rurales, y adaptar las zonas construidas a los requerimientos de la nueva tecnología.

Las obras de fábrica necesitaron un total de 1482 alcantarillas y tajeas, 230 pontones y puentes de hormigón armado, 23 puentes de acero estructural más un total de 1732 obras de fábrica. La organización de los trabajos se llevó a la práctica en seis divisiones, una por cada provincia -según la antigua división- y 32 secciones. La Dirección Técnica Superior la ejerció el ingeniero jefe de primera clase, señor Manuel A. Coroalles, quien desempeñaba el cargo del Negociado de Caminos y Puentes.

La inauguración oficial comenzó en el poblado de San Francisco de Paula, en La Habana, el día 2 de marzo de 1927 a las cuatro de la tarde, con la asistencia del secretario de Obras Públicas, Carlos Miguel de Céspedes. Allí, una enorme excavadora de vapor dio la primera paletada simbólica de la obra. Los métodos de trabajo empleados pasaron del manual a las máquinas bastante sofisticadas que había entonces.

Los componentes de hormigón usados fueron los de mayor acabado y más modernos conocidos, todos de producción nacional. Los materiales de acero importados de los Estados Unidos se inspeccionaron en su lugar de origen y después por el laboratorio del Departamento de Obras Públicas, al igual que los restantes componentes, como el cemento, agua, arena, piedra picada, gravilla y demás complementos, los que fueron sometidos a ensayo y control en el referido sitio.

La importancia de la Carretera Central se distingue por varios aspectos, entre ellos están: ser el contrato más grande para la construcción de una carretera en el mundo y que se diseñó sin un solo cruce a nivel. Está considerada una de las mejores edificadas en América Latina, además de ser un modelo de construcción duradera que aún se mantiene en funcionamiento. Su costo total ascendió a $105 095 705,86.

Su inauguración se efectuó en la base del Capitolio el 24 de febrero de 1931.

Si hacemos una comparación entre la actual Ocho Vías, aún inconclusa a más de treinta años de comenzada, y esta monumental obra, sabremos el valor que tiene esta maravilla llevada a cabo en los tiempos pasados. Es un ejemplo a imitar en nuestros días.

 

 

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