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La batalla del Mariel

Frank Cosme, en Primavera Digital

Santos Suárez, La Habana.- Unos meses atrás el puerto del Mariel ocupó las primeras planas de numerosos medios internacionales. No pasaba un día en que la prensa foránea no hablara sobre el megapuerto que venía construyéndose al oeste de La Habana, limitándose solo a este tema y no a la situación socio-política de Cuba y a la polémica lucha por los derechos civiles, en la que el gobierno no ha cedido en los reclamos de la disidencia, a pesar de todos los acuerdos internacionales firmados.

Ahora, el inagotable tema parece ser la reanudación de las relaciones entre EU y Cuba, con todas las teorías y especulaciones que le cuelgan a ese hecho.

Para la mayoría de los cubanos, Mariel es símbolo del más catastrófico éxodo de población de una nación en los tiempos modernos. Un hecho que la prensa poco reseña, como tampoco el por qué de esta anomalía en que la gente prefiere abandonar todas sus posesiones y huir de su país de origen.

En este año 2015 se cumplen 35 años del éxodo de Mariel, en el que más de 125,000 cubanos abandonaron la isla entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980, superando con creces otro éxodo ocurrido en Cuba 15 años antes, el de Camarioca, en 1965.

Hoy ocurre otro fenómeno similar donde la gente ha optado también por abandonar su País Maravilla a través de Ecuador para llegar vía Centroamérica a la frontera mexicana-estadounidense.

Recién también la prensa foránea ha descubierto este nuevo éxodo organizado donde todavía a nadie se le ha ocurrido contabilizar cuántos cubanos han llegado por esta nueva válvula de escape a los EU.

Pero si para los cubanos el Mariel siempre será símbolo del desastre ocasionado por el sistema socialista en nuestra nación, para el pueblo de México también tiene otro significado muy importante en su historia: la conocida como la Batalla del Mariel.

La rebelión por la independencia de México comenzó con el Grito de Dolores en septiembre del 1810 y culminó con la entrada del ejército independentista en Ciudad México, en septiembre de 1821. Pero fue el caso que el gobierno español nunca reconoció la independencia de México.

En varias ocasiones, los españoles trataron de recuperar lo que ellos llamaban la Nueva España. Y Cuba fue la base, la plataforma o el portaviones -como varias veces he escrito con ironía- de donde partían las expediciones hacia el territorio mexicano.

Tan peligrosa era considerada Cuba en manos españolas para el recién establecido gobierno mexicano, que su Ministro de Relaciones Exteriores, Lucas Alamán declaró: “México sin Cuba es un prisionero del Golfo de México”.

La meta cardinal de este ministro era apoderarse de Cuba para evitar la reconquista española. Como otros hombres que tienen visión de futuro, tuvo razón. Sin embargo todo lo que planeaba hacer, incluyendo la liberación de Cuba, tropezó con los intereses de Estados Unidos, que no veía con buenos ojos el apoyo que naciones europeas, expresamente Inglaterra, pudieran darle a los mexicanos. No obstante, no se opusieron a que el gobierno mexicano contratara al comodoro estadounidense David Porter, así como a otros oficiales de la marina de esa nación, incluyendo al sobrino de Porter, David Henry Porter, para conformar una escuadra de buques de guerra.

Para 1828 ya estaba formada la naciente marina mexicana con 3 bergantines, el Bravo, el Herman y el Guerrero. Su misión, patrullar y proteger los mares mexicanos en el Golfo, y atacar las bases españolas en Cuba.

Ese mismo año comienzan a hostilizar los mercantes españoles en aguas cubanas, tomando presas y dispersando convoyes.

El 10 de febrero de 1828, a la altura del Mariel, el Guerrero comandado por David Henry Porter atacó varios mercantes españoles y a su escolta, los bergantines Marte y Amelia, dispersándolos hacia La Habana.

Los españoles respondieron al ataque enviando su más poderoso barco, la fragata Lealtad con 54 cañones, la cual interceptó al Guerrero, fondeado en el Mariel. Tras una feroz batalla de casi tres horas, el Guerrero se rindió por falta de municiones y tras la muerte de su capitán, David Henry Porter.

No se amedrentaron los mexicanos tras esta derrota. El Bravo y el Herman continuaron hostilizando en los mares cubanos a la marina española, capturando 13 buques, entre ellos el bergantín Amelia.

Un año después de la Batalla del Mariel, en un nuevo intento de reconquista de México, salieron de La Habana, al mando del general Isidro Barradas el buque insignia El Soberano, 2 fragatas, 2 cañoneros y 15 buques de transporte con 3,586 soldados.

Desembarcaron por Tampico. Los buques los dejaron anclados en el río Pánuco. El enfrentamiento con las fuerzas mexicanas se produjo el día 10 de septiembre de 1829. Dos días duró la batalla conocida como la de Pueblo Viejo, un verdadero desastre para los españoles y que marcó el final de los intentos de España por reconquistar su antigua colonia.

Es curioso como Félix Varela toca ya en el periódico El Habanero en 1825 este tema de la naciente marina de México y también la de Colombia en un artículo titulado ¿Es probable la Invasión?, donde dice: “Nadie ignora que México y Colombia están reforzando su marina de modo considerable. No hay fuerza naval en la isla, ni puede mandarla España, que contrarreste a la que dentro de pocos años presentarán ambas repúblicas”.

El caso es que se consideraba en aquella época que ambas naciones ayudarían a independizar a Cuba del dominio español.

México dejó de ayudar a los independentistas cubanos desde el instante en que los españoles dejaron de fomentar expediciones desde la isla para reconquistar esa nación después del fracaso en Tampico.

Una vez más la historia demuestra que son los intereses de gobiernos los que priman en esta eterna lucha por la libertad y que las buenas intenciones de los hombres, inclusive de esos mismos gobiernos, son entorpecidas.

Las naciones democráticas siempre esgrimen el argumento de la libertad y la defensa de los derechos civiles, pero muy contados casos hay en la historia de un verdadero altruismo en este punto para ayudar a otros a alcanzar esas libertades.

Y observando este megapuerto del Mariel, esta otra batalla de depredadores que viene ocurriendo hace varios años donde todos los forasteros parecen concurrir a este nuevo reparto de nuestra nación, otro pensamiento de Varela en El Habanero parece resonar en el tiempo: “Es preciso no perder de vista que en la isla de Cuba no hay opinión política, no hay otra opinión más que la mercantil”.