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La arrogancia del alba

Orlando Freire Santana, Primavera Digital

Centro Habana, La Habana (PD) Resulta notorio el comportamiento soberbio e intolerante de la mayoría de los líderes de las naciones que integran la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA). Bien sea mediante sus declaraciones a la prensa, o la manera en que se desenvuelven en conferencias o reuniones de dignatarios, o pretendiendo tener para sí la verdad absoluta, lo cierto es que estos señores asumen con frecuencia la nota discordante en la palestra internacional.

Todos recordamos la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile hace varios años, en la que Hugo Chávez calificó de fascista a José María Aznar. No era solo una acusación contra un gobernante, sino contra las instituciones democráticas españolas, como bien le aclaró en ese momento José Luis Rodríguez Zapatero. Porque, para los españoles, fascista fue Francisco Franco, que se apoderó del poder por la fuerza, pero de ningún modo admiten que califiquen como tal a un político que llegó a la presidencia del gobierno a través del voto popular. Muy merecido que el rey Juan Carlos lo mandara a callar en esa ocasión.

Y esa no sería la única vez que Chávez la emprendiera contra un gobernante u otra personalidad internacional. Cualquiera que se le ha opuesto, incluyendo al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, ha recibido los improperios del hombre fuerte de Caracas.

Ahora, en la más reciente Cumbre escenificada en Paraguay, el desplante estuvo a cargo del señorito ecuatoriano Rafael Correa. El mandatario andino se retiró de la sala de conferencias porque no deseó escuchar los argumentos de Pamela Cox, vicepresidenta del Banco Mundial. En momentos en que el entendimiento y la tolerancia pugnan por abrirse paso, el señor Correa no permite que se expresen ideas opuestas a las suyas. La mayoría de las páginas digitales de los periódicos quiteños se refirieron al hecho como "un nuevo bochorno para el Ecuador".

Los sucesos en Libia sirvieron también para colocar a los integrantes del ALBA al margen de la comunidad internacional. Cuando todos en el mundo, incluyendo a sus vecinos de la Liga Árabe, condenaban a Gaddafi por los atropellos cometidos contra el pueblo libio, los voceros del ALBA insistían en que el dictador de Trípoli era el auténtico y amado líder de esa nación. El periódico Granma publicó una entrevista con el periodista cubano Rolando Segura, que era el enviado de Telesur a ese país africano, en la que este corresponsal afirmaba que, además del conflicto armado, en Libia hubo una guerra mediática.

Según el criterio de Segura, fue la propaganda de los medios de prensa occidentales la que posibilitó que el mundo satanizara a Gaddafi y apoyara la acción de la OTAN a favor de los rebeldes. Sin embargo, parece que la verdadera guerra mediática fue la realizada por la prensa y los personeros del ALBA para tratar de distorsionar la realidad. ¿Cómo se entiende que cuando ya hasta Rusia y China -nada susceptibles de ser influidas por la propaganda occidental- reconocían al Consejo Nacional de Transición (CNT) como el genuino representante del pueblo libio, el ALBA siguiera afirmando que ese papel le correspondía a Gaddafi? Claro, los estrechos vínculos entre Chávez y Gaddafi justificaban el ridículo internacional.

Por supuesto, tanto Chávez como Correa son herederos del albero mayor, Fidel Castro, quien durante mucho tiempo abusó de la paciencia de sus colegas, y aprovechaba todas las tribunas internacionales para lanzar diatribas contra Estados Unidos y cualquiera que se enfrentara a la revolución cubana. Eso fue así hasta que el salvadoreño Francisco Flores le saliera al paso en la Cumbre Iberoamericana de Panamá en el año 2000. Sería, por cierto, la última presencia de Castro en esas citas.