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La antigua lógica de botar el sofá

Osmar Laffita Rojas

LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) – Desde marzo, proliferan en portales y parques de ciudades y pueblos de Cuba tarimas, kioscos y mesas en que los vendedores con licencia para trabajar por cuenta propia venden ropa, zapatos y artículos de ferretería y el hogar.  La ropa que venden resulta atractiva, sobre todo para los jóvenes, por ser prendas que están de moda.

A diferencia de muchas otras iniciativas privadas, este mercado paralelo no es abastecido con mercancías robadas de los almacenes de las Tiendas de Recuperación de Divisas (TRD). Los productos que venden estos vendedores proceden principalmente de Ecuador, Panamá y Miami y el surgimiento de este mercado paralelo ha sido posible por las facilidades aduanales que permiten la entrada de esos artículos en Cuba. Los que reciben esta mercadería, apoyándose en una eficiente red de distribución, se la hacen llegar a los dueños de tarimas y kioscos.

La mayoría de la población, compra los alimentos, productos de aseo y equipos electrodomésticos en las tiendas del gobierno, pero acude a los cuentapropistas para comprar textiles, calzado, efectos de ferretería y enseres del hogar. Esto se debe a que la calidad de lo que venden los cuentapropistas es superior a la de lo que vende el Estado, y los precios más bajos.

Como resultado de la competencia privada, en el último trimestre, las ventas de estos artículos en el grupo estatal CIMEX, que controla las tiendas que venden en divisa, han caído un 37%. De continuar esa tendencia, el plan anual de venta de la empresa no se cumplirá. Por eso, se disparó la alarma.

Pero  la solución del gobierno no fue rebajar los precios para enfrentar la competencia de los vendedores privados, ni diseñar una novedosa estrategia de mercadeo para atraer clientes, ni ofrecer productos mejores y más modernos, como es normal cuando una empresa tiene sus almacenes llenos de productos obsoletos, feos, o pasados de moda, que no tienen salida. La solución que halló el estado fue parecida a la del hombre del chiste, que descubrió a su esposa siéndole infiel con otro en el sofá de la sala: botar el sofá.

El gobierno -tan poco acostumbrado a la competencia- decidió sacar sus rojas uñas socialistas nuevamente. Para que las TRD cumplan su plan de venta del año sin contratiempos, las autoridades les han comunicado a los vendedores por cuenta propia que a partir de mañana, primero de diciembre, se les prohíbe vender ropa, lencería, zapatos, efectos de ferretería y útiles del hogar, procedentes del exterior. Sólo podrán vender artículos de estos tipos si son de producción nacional o artesanal. Como si alguien los fuera a comprar.

Desde hace tiempo, estos artículos importados, introducidos en el país como equipaje personal por viajeros procedentes principalmente de Ecuador, Miami o Panamá, se comercializaban ilegalmente en el floreciente mercado negro; pero muchos de estos vendedores, al ver la nueva flexibilización del trabajo por cuenta propia, se arriesgaron a solicitar sus licencias para legalizar su actividad y trabajar tranquilos, dentro de la ley. Ilusos.

Los recién legalizados comerciantes privados dedicados a este negocio decidieron congelar su eficiente red de trasiego ilegal de mercancías; pero con esta nueva medida que comenzará a regir a partir de mañana, no les quedará otra salida que regresar a la ilegalidad, de la que muchos lamentan haber salido.

Estos pequeños comerciantes se niegan a que el estado monopolista los lleve a la bancarrota; no van a renunciar a su modo de ganarse la vida y han decidido, luego de un corto receso, reactivar el lucrativo mercado negro, donde ni siquiera tienen que pagar las leoninas licencias e impuestos que el gobierno, a cambio de nada, les cobra por simplemente dejarlos trabajar. A pesar del riesgo que implica el retorno a la ilegalidad, la mayoría de estos vendedores piensa que vale la pena arriesgarse a pagar una elevada multa o pasar una temporada en la cárcel. El gobierno nuevamente los ha dejado sin opciones.