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La afirmación totalitaria y los dos, tres, muchos Viet Nam

Juan González Febles, Primavera Digital 

Hace ya 59 años, Fulgencio Batista, el de Banes, atentó contra la constitución y la república. Fue el pie forzado para que Fidel Castro, el de Birán, terminara por destruirla. Quienes le conocieron en su juventud, afirman que Fidel Castro admiraba a Mussolini, a Franco y a Hitler. Según estas personas, sus veleidades fascistas y anti democráticas nunca fueron tomadas en serio. No resultó ganador en ninguna elección y por esto le tomó ojeriza a los procesos electorales.

La cruzada anti democrática es amplia y plural. Los aportes del Comandante de Birán han logrado ser antológicos. “Es deber de los revolucionarios hacer la revolución”. Bueno: ¿Y los otros? ¿Cuál será el deber de los demócratas? ¿Acaso permitirlo?

La guerra contra los valores democráticos ha tenido otros sobresalientes capitanes. En esta galería pueden posar por méritos propios desde Mussolini y Franco hasta Ho Chi Minh y su par coreano, Kim Il Sung. El bueno del tío Ho esclavizaba minorías en nombre del socialismo. Mientras en público fumaba la hierba de parque que obligó a consumir al pueblo, en privado fumaba Camel y bebía té de Ceylán. ¿Qué les parece?

Para el régimen militar cubano, la nación es el dictador y su grupo. La soberanía “nacional” no es otra cosa que la garantía de poder del dictador y su grupo. Occidente reconoce esta porquería esgrimida por cuanto sinvergüenza con poder existe. Se trata a todas luces de la soberanía de estados prostituidos y constituidos contra la libertad y la felicidad de ciudadanos privados de derechos y garantías. Estos no aparecen en parte alguna y no son reconocidos como lo que son en realidad: la nación.

Recientemente y desde el vomitivo televisivo Mesa Redonda, una comentarista que se desempeña además como profesora del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), una selecta y excluyente factoría docente que debe producir embajadores a partir de hijos de papá, resucitó aquello de ‘crear dos, tres, muchos Viet Nam’. Aquella fue la consigna creada por aquel argentino enemigo del aseo y que le gustó fusilar, el promovido y siempre mediático Che Guevara.

La vieja profesora se refería a las campañas de Irak y Afganistán y a la perspectiva de nuevos conflictos en esa o en otras regiones del globo, como Libia, por citar algún ejemplo. Siempre, claro está, que vayan dirigidos contra Occidente y sus valores de democracia y libertad, individual, política o ambas.

Los totalitarios del mundo se han unido para destruir los valores de la libertad y la democracia. Desde la ONU y fuera de ella. Les sirve todo, desde el Corán y los imanes, hasta la Biblia y algunos cardenales. Un hilo conector invisible a veces, une a la bomba atómica en manos de Corea del Norte con los experimentos y reactores iraníes y las bombas que detonan cada vez que pueden y quieren los terroristas a lo largo del mundo.

La afirmación totalitaria debe ser frenada en Cuba primero. A fin de cuentas, quienes desentierran el hacha de la guerra son los castristas. Con ellos no existe nada nuevo. Condenarán al americano Alan Gross para que no haya alternativa de distensión con Washington y atar definitivamente las manos de Barack Obama en este sentido, como antes lo hicieron con Clinton.

Ellos piensan lograrlo en eso que llaman el ‘corazón del imperio’ y lo conseguirán si alguien no lo impide a tiempo. Hay que hacerlo, aunque sesudos desde Washington y otros espacios, lo dificulten con las nuevas o las viejas torpezas. Pienso en el aberrante y último tele-cíber levantamiento popular frente al antiguo Palacio Presidencial. ¡Qué clase de ratonera! Quizás el incompetente o perverso grupo asesor de asuntos cubanos en Washington, ya hasta tenga en mente el próximo premio para los creadores. Wikileaks nos dirá.

Si el ex presidente Clinton en su momento hubiera castigado con bombardeos a algunos o todos los aeropuertos militares cubanos, cuando fueron derribados los aviones de Hermanos al Rescate, hoy Gross no estuviera preso. Si la élite castrista tuviera la certeza que puede ser selectivamente bombardeada en sus espacios, como sanción por atentar contra la libertad de los cubanos, hoy en Cuba Internet sería libre y no existieran otras prohibiciones onerosas.

El santo y seña de la palabra democracia debe ser pronunciado por quien debe hacerlo, en nombre de principios y no por intereses. No importa que estos sean petroleros o no.