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Jerigonzas

José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -Cantinflas pudo morir de envidia en La Habana, si antes un milagro lo hubiese resucitado para las gloriosas jornadas del sexto congreso del partido comunista cubano.

El motivo no era nuevo para nosotros, porque ya sabemos que la jerigonza constituye algo así como el alma de la revolución, en tanto el cuerpo es su cuerpo armado.

De hecho, su única fábrica con sobrecumplimientos sostenidos en 50 años es la de frases hechas, todas con empaque de jerigonza, para no equivocarse en el intento de decirnos lo contrario de aquello que creímos entender que nos decían.

Sin embargo, lo del sexto congreso del PCC ha sido una exageración. Hasta en su caso.

Como botón de muestra, basta con citar algunas píldoras del discurso pronunciado por Raúl Castro en la inauguración, sin duda un buen compendio (bueno por divertido) para ilustrar en síntesis la historia de la jerigonza revolucionaria.

Ya en el arranque sentenció: “Hay que despojar al Partido de las funciones que no le corresponden”. Lo que traducido a lengua significa que estaba de más la realización del congreso, cuyo objetivo es que el partido hiciera lo mismo que ha hecho durante décadas, apropiarse de funciones que no le corresponden. Y que encima de no corresponderles, tampoco sabe asumir, según la siguiente jerigonza:

 “Lo que aprobemos en este Congreso no puede sufrir la misma suerte, ni lo permitiremos, que los acuerdos de los anteriores: casi todo olvidado sin haberse cumplido. Se me cae la cara de vergüenza de tener que confesarlo públicamente en este Congreso”.

Parece que al estar tan ocupado buscando la cara que se le cayó, Castro II no tuvo tiempo de enredar debidamente la jerigonza. Y es así como reconoce haber permitido que los cinco congresos anteriores fueran una pérdida de tiempo. Lo que traducido a lengua significa que además fueron una estafa al pueblo.

Otra jerigonza: “Las reformas que se realicen en el marco de la actualización del modelo político nunca permitirán una concentración de la propiedad que vaya en contra de la esencia del socialismo”. Donde Raúl Castro dijo “concentración” se supone que haya querido decir “distribución” o “disgregación”, pues la concentración de propiedad, contraria al socialismo, existe en Cuba, nunca dejó de existir. Sólo que en los últimos 50 años se redujo el número de sus dueños, en proporción exclusiva al número de los caciques que gobiernan.

Otra jerigonza de la misma fuente: “En el socialismo jamás habrá espacio para las terapias de choque”. Decir esto en medio de un traumático proceso destinado a despedir a medio millón de empleados estatales, es algo que debiéramos entender como una declaración oficial de renuncia al sistema socialista.

Y otra jerigonza: “Los datos recopilados (por el PCC) constituyen un formidable instrumento de trabajo para la dirección del gobierno y el Partido a todos los niveles, así como una suerte de referéndum popular de la profundidad, alcance y ritmo de los cambios que debemos producir”. Más claro ni la cerveza de pipa. Nos dijo que aquí no hay referéndum popular que valga, que para referéndum lo que ellos dicten.

Lástima que el espacio (ni quizá la paciencia de los lectores) no permitan un mayor detenimiento en esta nueva antología de la jerigonza revolucionaria. Por lo pronto, no sería justo concluir sin la mención de otras dos, las últimas, pues resulta un despropósito cualquier colección de jerigonzas que no contenga al menos dos de Fidel Castro.

Al referirse en una de sus Reflexiones a los delegados jóvenes al sexto congreso del PCC, Castro I escribió: “No me importaba tanto lo que decían, como la forma en que lo decían. Estaban tan preparados y era tan rico su vocabulario, que yo casi no los entendía”. Ni siquiera hace falta traducirlo. Pues aunque dice enrevesadamente lo que él pensó y no lo que quería decir, deja expuesto el trasfondo con tal contradicción que es casi una jerigonza subliminal.

Y ni hablar de la segunda, la cual, por cierto, se ha convertido en una especie de bandera para los salvadores del socialismo en Cuba: “La nueva generación (reflexionó Castro I) está llamada a rectificar y cambiar sin vacilación todo lo que debe ser rectificado y cambiado”. Claro, le quedó por decir quién determina y cómo lo que debe ser rectificado y cambiado. De manera que en este caso su jerigonza pertenece al tipo de las que concentran todo el contenido en lo que callan.