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Isabel Dos Santos, la princesa

Osmar Laffita, en Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- El VII Congreso Ordinario del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) se desarrolló del 16 al 20 de agosto y tuvo por sede el Centro de Conferencias de Belas, en Luanda. Asistieron 2,620 delegados en representación de la militancia de las 18 provincias e invitados extranjeros.

En el discurso de apertura del conclave pronunciado por el presidente José Eduardo Dos Santos, reconoció que, “…el país está en un momento crucial, que las condiciones económicas y financieras imponen grandes desafíos”.

El presidente de Angola dijo a los delegados que quien acepte los estatutos y programa del MPLA puede integrar la organización, pero aclaró que a todos aquellos que aspiren a cargos de dirección se les someterá a “un riguroso criterio de selección”.

En el Congreso se aprobó una llamada Moción Estratégica que según se dijo, servirá de guía al MPLA para poder vencer en las elecciones generales del próximo año.

El despótico Dos Santos ha gobernado Angola con mano de hierro desde 1979. Su gobierno ha estado marcado por una galopante corrupción, gracias a la cual se han enriquecido figuras del gobierno y el ejército. Dos Santos ha sido el principal beneficiado de esa orgía.

En su libro The looting machine, el periodista Tom Burguis explica que gran parte del dinero de Sonangol, el ente estatal petrolero -Angola, luego de Nigeria, es el mayor productor de crudo del continente africano- fue desviado a Futungo, el elegante barrio de pudientes donde se levanta la lujosísima y ultra protegida residencia del presidente Dos Santos.

Se ha podido conocer, gracias al libro de Burguis, que cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI) examinó las cuentas nacionales de Angola en el año 2011 pudo detectar que entre 2007 y 2010 al menos 32,000 millones de dólares habían desaparecido. El rastro de la mayoría de ese dinero se esfumó de los libros de cuentas de Sonangol.

Ese dinero fue malversado por los capitostes del MPLA. La mayor parte está resguardada por los descendientes del presidente Dos Santos, entre los que sobresale su hija Isabel Dos Santos, apodada la princesa. Su fortuna, de acuerdo a la revista Forbes, está calculada en 3,400 millones de dólares, lo que la ubica como séptima personalidad más rica de África y la primera de Angola, un país donde, paradójicamente, dos tercios de la población vive con menos de dos dólares al día.

Ese dinero en poder de la Princesa no proviene de sus responsabilidades como emprendedora e inversora: se lo debe a la brutal dictadura de su papito, que durante los 37 años que lleva en el poder ha saqueado, para el beneficio personal suyo y de su familia, los recursos naturales más valiosos del país, como el petróleo y los diamantes.

José Ramón Balaguer, miembro del Secretariado del Partido Comunista de Cuba, quien encabezó la pequeña delegación cubana al VII Congreso del MPLA, dijo a los presentes que “Cuba y Angola han desarrollado una ejemplar relación de hermandad y cooperación basada en el respeto mutuo”.

Todo apunta a que basado en ese “respeto mutuo” el pueblo cubano no tiene derecho a conocer sobre Isabel Dos Santos.

Isabel Dos Santos nació en 1973 en Bakú, en el entonces Azerbaiyán soviético, donde su padre estudiaba ingeniería. En Londres estudió en el prestigioso King’s College, donde estudió ingeniería mecánica y eléctrica. En 1992 regresó a Angola, luego que su padre firmó el acuerdo de paz con Jonas Savimbi, jefe de la UNITA que puso fin a largos años de una cruenta guerra que costó millares de vidas, entre ellas las de miles de jóvenes cubanos.

Con apenas 24 años, Isabel Dos Santos abrió en Luanda un lujoso restaurante.

En 1999, el presidente Dos Santos creó el monopolio estatal de comunicaciones Unitel, donde le otorgó una participación importante a su hija. Hoy la Princesa posee el 25% de las acciones de UNITEL, lo que le ha reportado ingresos personales de 2 mil millones de dólares.

Su buen papito, por obra y gracia de su poder omnímodo, convirtió a su primogénita en la reina de los diamantes, de los cuales Angola es el cuarto productor mundial. En 1999 el presidente Dos Santos creó la sociedad de venta de diamantes y puso en marcha la empresa Ascorp, en la que Isabel tenía una importante participación. A mediados del año 2000 le transfirió sus acciones a su madre, cuando la industria de los “diamantes de sangre” llamó la atención internacional.

Pero la mayor riqueza de Isabel Dos Santos proviene del petróleo. La empresa Sonangol es extremadamente rentable e Isabel tiene una gran participación en ella: sus acciones tienen un valor de $1,000 millones. El pasado junio su padre nombró a Isabel como la nueva presidenta del consejo de administración de la petrolera estatal. Dicho nombramiento ha sido tomado como un ejemplo más de corrupción y de nepotismo, y es considerado por muchos observadores como el primer paso para nombrarla como la sucesora de su padre, que anunció que dejaría el cargo el próximo año.