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Irresponsabilidad sin padre

José Antonio Fornaris, Primavera Digital

Unos minutos después de las doce de la noche del día 5 de marzo, la programación habitual de Cuba Visión (Canal 6) fue interrumpida para dar a conocer una breve nota del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR). El periódico Juventud Rebelde la reprodujo el domingo en la mañana. La nota decía lo siguiente:

“Aproximadamente a las 20:00 del sábado 5 de marzo se produjo una explosión en un depósito de municiones, en el municipio Boyeros, provincia La Habana. No se reportaron heridos ni fallecidos. Al producirse el hecho fue activado el Consejo de Defensa Municipal. A las 22:45 horas, fuerzas conjuntas de las FAR y el MININT dieron por controlada la situación. La comisión creada al efecto investiga las cusas del accidente.”

Nada más se ha dicho al respecto. De los miles de periodistas que cobran salarios (que salen del erario público) en los medios oficialistas, ninguno ha pronunciado o escrito media palabra sobre ese tema.

Pero detrás de las cinco líneas y media dadas a conocer por el MINFAR hubo un drama humano de altas proporciones.

Esa noche miles de residentes de las barriadas Los Cocos, lugar donde está situado el mencionado depósito de municiones, y El Rincón, tuvieron que ser evacuados de urgencia debido al grave peligro que estaban corriendo.

La persona que llegó a hacerse cargo de la situación, cerca de las nueve de la noche, fue el general Leopoldo Cintra Frías. Y de acuerdo con alguien que asegura haber presenciado la escena, este general tuvo que gritar palabras obscenas a las fuerzas policiales porque al parecer no actuaban con la prontitud requerida en la evacuación de los vecinos. Y les dijo además: “Sáquenlos aunque sea en jaulas, pero sáquenlos ya”.

Es de suponer que los policías no tenían una idea clara de con qué lidiaban. Lo más probable -no tenían por qué sospecharlo- es que no imaginaran el desastre que podría ocurrir si el fuego que se había desatado en ese “depósito de municiones” no era controlado con prontitud. De ahí, tal vez, era su presunta lentitud en actuar.

Esta misma fuente aseguró que el gobernante Raúl Castro se presentó en el lugar algo después de las once de esa propia noche. La presencia de Castro en ese sitio da una idea de la envergadura que pudo tener el accidente.

Otros detalles dan cuenta de que parte de las actividades normales del Aeropuerto Internacional “José Martí”, fueron suspendidas. Hay un corredor aéreo que pasa por encima de esos asentamientos urbanos.

Por su parte, un ex recluta afirma que ahí hay extensos túneles llenos de armas y explosivos. Algunos rumores destacan que, después de todo, la suerte fue que nuevos y modernos armamentos que habían acabado de llegar aun no estaban activados.

A la par se han escuchado comentarios en el sentido de que resulta totalmente absurdo gastar dinero en armas, cuando lo razonable sería comprar comida para la población.

El revuelo ha sido grande. ¿Quién va a cargar con la responsabilidad de ese accidente, aunque no se haga pública? Ya se escucha, a vuelo de pájaro, un apellido: el coronel Galán. Se dice que él es el jefe de la unidad accidentada.

Pero no es necesario ser muy perspicaz para darse cuenta que el asunto en este caso no es de “responsabilidad”, sino de irresponsabilidad y hay que buscar a su padre. No puede existir nada coherente que explique la existencia de depósitos de municiones dentro de una zona urbana residencial.

En esta ocasión, los miles que quizás hubieran muerto o perdido todas sus propiedades, incluidas su casas, tuvieron suerte. Si hay una próxima vez, --ningún depósito de municiones es siempre seguro- tal vez la suerte no esté de su parte.