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Inspectores sanguijuelas de un gobierno que viola sus leyes

Los negocios privados -que el Estado autoriza bajo el nombre de cuentapropismo- son una violación constitucional; porque en el socialismo todos los medios de producción están en poder del Estado

Ernesto Aquino, en Cubanet

LA HABANA, Cuba- Los vendedores ambulantes no son nuevos, siempre los hubo, a pesar de las prohibiciones. Pero en los últimos diez años, han sobrepasado los pronósticos. Son muchos, cada vez más, son una epidemia. Hombres y mujeres, de todas las edades, que eligen vender en las calles, como un recurso emergente para paliar sus necesidades económicas.

Lo realmente sorprendente, no es la cantidad de personas incorporadas a esta modalidad de trabajo ambulante, sino el elevado número de carretilleros ilegales que circulan por toda la ciudad.

Orestes, un albañil de 63 años -prefirió reservarse sus apellidos para “evitarse complicaciones”- decidió vender en las calles productos agrícolas, porque “me dediqué a la albañilería durante 30 años. Ya mi rendimiento no era el mismo; además, hay muchos jóvenes incorporados a ese oficio, lo que hace la competencia muy desigual”.

Según explicó Orestes, “recorro todos los días la ciudad vendiendo viandas y frutas; es verdad que paso mis sofocones (sustos), ya que yo no tengo licencia para vender, pero malo que bueno voy sacando mi ganancia diaria”.

El albañil, como tantos carretilleros ilegales, alegan que la licencia no los libra del acoso de los inspectores estatales, quienes por cualquier detalle que les parezca una irregularidad les imponen multas de hasta 1500.00 pesos moneda nacional (70.00 dólares); sin embargo, “por vender sin Licencia la multa es sólo de 100.00 pesos MN” (5.00 dólares).

 “¿Qué le parece, mi amigo?” -agregó- “Es más negocio estar de ilegal que dentro de la ley; porque total, no tienen la más mínima consideración; no les importa que pagues tu Licencia y trates de ganarte la vida honradamente”.

Otro carretillero de 38 años, dedicado a la venta de útiles para el hogar, confeccionados con aluminio, a quien todos llaman “Pipo”, se refirió a los inspectores llamándolos “sanguijuelas”.

 “Oye, esa gente son unos abusadores. No te pueden ver parado en una esquina, ni a media calle o en un portal público, ni siquiera para tomar un descanso -a menos que los “toques” (darles algún dinero). Imagínate, quieren que vendamos la mercancía caminando, como si no fuera suficiente todo lo que tenemos que andar bajo el sol, subiendo y bajando lomas y teniendo que lidiar con las irregularidades y roturas de las calles, que parece que las han bombardeado. Es cierto que somos ambulantes, pero también somos humanos”, -concluyó.

Coincidiendo con los criterios anteriores, Mabel (la china), una robusta joven de 30 años que tiraba de su carretón cargado de frutas y verduras, parecía tener sus cuentas muy bien sacadas:

“Mira brother -me dijo sonriente-, es cierto que la Licencia de Vendedor de productos agrícolas en forma ambulatoria (como también se titula este tipo de Licencia) es una cuota consolidada mínima de 70.00 pesos MN (unos 3 dólares aproximadamente), pero nadie parece reparar en la inversión que tenemos que hacer, ni en lo difícil que resulta vender, ya que la competencia es mucha”.

Mabel se refirió a los que ella calificó como los “ambulantes estacionarios”, quienes “se pasan todo el día vendiendo en un lugar fijo sin que nadie los moleste”, y explicó que “estos personajes son informantes de la policía, a quienes los inspectores no pueden tocar; y claro, como venden en puntos fijos que, además, son los lugares más concurridos, pues obtienen grandes ganancias con mucho menos esfuerzo. ¿Dime algo, brother?”

No fue posible obtener información de los cuentapropistas ambulantes con Licencia para vender. Los pocos entrevistados que aceptaron responder alguna pregunta, alegaban que no querían tener “nada que ver con periodistas independientes”.

La crisis económica que afecta a las familias cubanas, asociada con los bajos salarios y el alza de los precios de los productos de primera necesidad, ha agudizado el problema de la corrupción y las ilegalidades; pero como dijera uno de los entrevistados, que prefirió guardar absoluto anonimato, “ya de por sí, los negocios privados -que el Estado autoriza bajo el nombre de cuentapropismo- son una violación constitucional; porque en el socialismo todos los medios de producción están en poder del Estado, que es el único que “garantiza el sistema económico socialista”, como lo establece -entre otros- el segundo párrafo del Artículo 45, en su Capítulo VII”

 “De manera -concluyó el entrevistado anónimo- que los trabajadores por cuenta propia que ejercen su trabajo al margen de la ley (como los carretilleros y otros) sólo son el reflejo de un sistema de gobierno que corrompe la legalidad violando sus propias leyes.

 

 

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