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Indignados cubanos

Lucas Garve, Primavera Digital

Mantilla, La Habana.- Todos los días escucho en la radio cubana informaciones acerca de los movimientos de protesta de los denominados “Indignados”, sobre todo de los Estados Unidos.

La última visita que hice a una amiga mía de 80 años transcurrió en escuchar sus quejas sobre la carestía actual de la vida en Cuba. Esa señora fue sicóloga y hoy está jubilada. Con lo que recibe de pensión de jubilación no le alcanza para vivir.

Cuando salí de su casa, caminé unas siete cuadras para llegar a la calzada de Infanta y coger un almendrón (taxi privado colectivo) para regresar a donde vivo. Después de un cuarto de hora, paró un viejo carro marca Oldsmobile. El conductor, como casi todos los choferes, hizo gala de su locuacidad. El tema, el mismo de mi amiga: los altos precios y la necesidad de comprar lo básico para vivir en las shoppings o a precios desmedidos en relación con el artículo. Pero la “descarga” tenía como eje la falta de consideración del gobierno de todos y afirmaba que este problema es la causa principal de la motivación que la mayoría de los cubanos, sobre todo jóvenes, tiene por emigrar.

Al bajarme en el lugar donde terminó el trayecto, tuve que esperar por un ómnibus que me dejara en Mantilla, donde vivo. Un joven comentaba con un acompañante sobre la opción de buscar un nuevo trabajo u otra ocupación que le permitiera ganar un mejor salario porque su trabajo de albañil en una empresa perteneciente al Estado no alcanzaba para casi nada.

Preguntaba a su amigo y a él mismo cómo haría para comprar unos zapatos si los más baratos cuestan $300 o $ 400 pesos y los que él prefería valen el doble, así como las ropas a su gusto joven.

Después que abordé la guagua, llena como es habitual, alcancé a escuchar las quejas que una señora transmitía a su vecina de asiento sobre el maltrato en el policlínico cuando acudió a ver a un médico porque tenía fiebre alta hacía varios días y el doctor ni la auscultó, sólo le ordenó tomar píldoras antipiréticas y unos cocimientos de hierbas. Exclamó la señora: ¡Cómo si estuviéramos en el siglo XIX todavía!

Descendí en la parada que me correspondía y me decidí pasar por la panadería a buscar la cuota de pan diaria - traía conmigo la libreta de abastecimiento. Cuando entré en la panadería, una cliente trasladaba su opinión negativa acerca de la calidad de elaboración del pan, de la acidez que tiene la miga diez o doce horas después de sacado del horno, del moho que lo cubre a las 24 horas de estar al aire libre, etc.

Ya en la proximidad de la casa, podía oír la voz de mi vecina más cercana que se quejaba porque no había agua. Vale aclarar que el agua corriente solamente la distribuyen cada cuatro días. Lo que significa que al anochecer del quinto día de haber venido agua corriente, no la pondrían, ¿y entonces cuándo? ¿Mañana o pasado o tendremos que esperar cuatro días más? En fin, que hay que echar mano a los cubos para sacar agua almacenada en los tanques que para ese propósito tenemos.

Por eso es lógico que haya personas que se cansan de aguantar tanto fastidio y entonces se paran en una esquina y a voz en cuello exclaman lo que la mayoría se transmite de tú a tú. Así ocurrió en la esquina de la Plaza de Cuatro Caminos y en noviembre pasado en una calle junto al Parque de la Fraternidad. En ambos casos fueron mujeres las que se lanzaron a gritar en contra de la miseria y la pobreza en que vive la mayoría de la población.

Estos indignados cubanos son arrestados de inmediato por la policía con gran despliegue policial y los lanzan en prisión por tiempo indefinido sin juicio ni causa.

Pero en Cuba, donde los medios son propiedad estatal, mientras difunden informaciones sobre los indignados en cualquier otro país del mundo, callan lo que ocurre en la isla.