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Indemnizar o no

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Mucho se escribe, luego de las reaperturas de las embajadas en Washington y La Habana, sobre las posibilidades reales de que sean complacidas las exigencias del gobierno castrista para la plena normalización de las relaciones con los Estados Unidos. Exigencias estas que más bien lo que han hecho es subir la parada de un modo tal que lo más probable es que las relaciones no pasen del status quo ahora conseguido. En definitiva, eso pudiera ser lo más conveniente, no solo para la soberbia del régimen, sino para su propia supervivencia, habida cuenta de su incapacidad para desenvolverse en condiciones de normalidad (por algo 56 años después de la toma del poder siguen hablando de “revolución”).

En buena parte de lo que se escribe sobre el tema, hay mucha especulación, manipulación interesada, tontería, wishful thinking, pensamiento mágico, y hasta algún que otro análisis interesante.

No sabría en cuál de esas categorías ubicar el comentario de Ruslán Olivares “Estados Unidos-Cuba, ¿quién debe a quién?”, aparecido el pasado 21 de julio en el blog elcolimador.cubava.cu.

Para empezar, se trata de un blog, si no oficialista, “dentro de la revolución”. De esos que hay que leer para saber por dónde van los tiros, aunque sean de salva o para despistar.

Ruslán Olivares, con la manga al codo, le entra al engorroso tema de si debe el Estado cubano pagar indemnizaciones por las propiedades norteamericanas confiscadas o si es Estados Unidos el que debe indemnizar a Cuba por los daños ocasionados por el embargo (el bloqueo, como él lo llama).

Olivares se esfuerza por ser objetivo, pero no puede. No va más allá de algunas verdades dictadas por el sentido común y la pulla, al final del comentario, cuando a propósito de la conveniencia del borrón y cuenta nueva en cuanto a las indemnizaciones, alude a “la gran parte de la burocracia cubana y sus descendientes que han usufructuado los bienes confiscados por décadas y sobre los que se sienten cada vez más dueños”.

¿Burocracia? ¿Por qué en aras de la precisión no utilizó Olivares términos como elite, nomenclatura, máxima dirigencia?

Coincido con Ruslán Olivares en que “hacer borrón y cuenta nueva y colocar el contador en cero” es lo más sensato que podrían hacer las partes en cuanto a las indemnizaciones.

El régimen castrista no debe exagerar en su pose de guapo del barrio, como si de veras se creyera el cuento de que “el imperialismo yanqui” tuvo que rendirse ante la fuerza de las ideas de la revolución -llamémosla así hasta tanto se acabe de convertir en otra cosa-, que a duras penas logra tenerse en pie y que pide agua (e inversiones y turistas) hasta por señas.

No obstante, los reclamos norteamericanos por las propiedades confiscadas le darían argumentos al régimen para meter en su vieja trinchera de necios a los que en palabras de Olivares temen “que vengan del Norte a sacarlos de las casas y ponerles los bultos en la calle”.

Sería bien triste y deprimente el espectáculo de los menesterosos habituales, atrincherados junto a los pocos privilegiados, para defender los hoteles, las fábricas y las mansiones de “esta gente”.

Por demás, las reclamaciones norteamericanas no tienen apenas posibilidades de éxito. En Cuba no hay mucho que recuperar, y sí que reconstruir, luego de más de medio siglo de terremoto castrista.

Con tanta ruina y atraso, no hay de dónde sacar dinero para pagar lo que se debe en concepto de indemnizaciones. Porque ni soñar en que la elite, para poder pagar las compensaciones a los confiscados, vaya a quedarse sin un centavo y estropear el futuro de millonarios de sus descendientes. Y ni remotamente estaría en condiciones de pagar las indemnizaciones un eventual gobierno democrático, que ni con catalejo se ve venir a corto plazo, y que de llegar, no podría arriesgarse a hacer naufragar la gobernabilidad con la imposición de medidas antipopulares para exprimir centavo a centavo los millones que habría que pagar.

Sobre esto, dice Olivares: “Ni siquiera un gobierno soñado, encabezado por sus mercenarios de la oposición (por más que quisiera éste) estaría en condiciones de asumir tamaña deuda”.

Con el aferramiento al muy gastado epíteto “mercenario” para referirse a los opositores al régimen, Olivares, que tenía la camisa arremangada, termina por quitársela y mostrar su costillar.

Para Olivares, la oposición pro-democrática es ajena al pueblo cubano. Es como si la CIA y la USAID hubiesen traído de Júpiter a los disidentes y los hubiesen soltado en Cuba, con escafandras y todo.

Olivera asegura que “la oposición cubana, atada umbilicalmente a Miami, apoya la posición de que Cuba debe indemnizar a los propietarios estadounidenses (además de a los cubano-americanos)”. Y luego dispara: “Cualquier cubano con dedos de frente y un mínimo de sentido común comprende que el país no se encuentra en condiciones de pagar ningún tipo de indemnización a Estados Unidos y que cualquiera que apoye semejante posición, por mucho que se trate de vender como cubano y como patriota, está asumiendo una posición antinacional. Pero así es nuestra oposición, antinacional y por completo divorciada de la realidad y el sentido común”.

Será para justificar su cobarde inacción, pero los que menos saben de la oposición cubana son los que más vehemente opinan en contra de ella.

Evidentemente, Olivares sabe de la oposición solo lo que cuentan Granma, Mesa Redonda y Cuba Debate.

¿De dónde saca Olivares que la oposición como un todo, cual monolito, es partidaria del pago de las indemnizaciones? Gran parte de la oposición, la mejor pensante, está más que advertida, convencida de la imposibilidad material de hacerlo.

Olivares, que se da el lujo de calificar como se le antoje a la oposición, parece ignorar que esta no logra unirse y ponerse de acuerdo ni siquiera a la hora de firmar un documento para exigir, por ejemplo, la liberación de los presos políticos. ¡Qué va a ser unánime en pagar deudas que fueron contraídas cuando la inmensa mayoría de los opositores gateaban o todavía no estaban nacidos ni siquiera sus padres!

¿Será que Olivares, luego de tantas décadas de dictadura, no es capaz de concebir que haya matices u otra cosa que no sea la unanimidad ante las órdenes del Jefe y el Partido Único?

Y eso de antinacional, ¡qué feo suena! En justicia, el calificativo le vendría mejor a los que una vez juraron amor eterno al imperio soviético y hoy se desgañitan como fleteras llamando al capital extranjero, incluso a los yanquis, para venderles el país en pedacitos, mientras egoístamente se dan la gran vida, olvidados de la miseria de este pueblo. Esa casta dominante sí es antinacional y está “divorciada por completo de la realidad y el sentido común”. Solo hay que oírles hablar.

Olivares, si repara en ello, lo disimula. Lástima, porque, lo repito, en su comentario dice varias cosas sensatas. Y sensatez, en medio de tantos cándidos que esperan milagros y testarudos que no quieren dar su brazo a torcer, es lo que menos hay por estos días.