.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

Herencia maldita

Jorge Olivera Castillo, Primavera Digital

Habana Vieja, La Habana.- Si algo está claro en la compleja realidad nacional, es que el castrismo no va desaparecer en los próximos meses. Mientras a Fidel y Raúl Castro les quede un hálito de vida o puedan mantener a raya los achaques de la senilidad, es iluso pensar en cambios trascendentales en la isla.

Incluso la muerte del primero no garantiza que el sistema vaya a entrar en un rápido proceso de descomposición.

No se debe perder de vista que el actual General-Presidente, ha colocado a sus más leales seguidores en los puestos más sensibles de la política, la economía y el ejército.

Los que presagian estallidos sociales, amotinamientos de algún sector de las fuerzas armadas o un colapso económico como partes de una concatenación de hechos motivados por múltiples factores internos y externos, olvidan la capacidad de manipulación y control demostrada por la nomenclatura frente a las crisis.

La situación actual no es peor que la acontecida en los primeros años de la década de los 90 del pasado siglo. Al perder los subsidios de la ex Unión Soviética y el resto del campo socialista, a raíz de la desarticulación de dicho bloque de países europeos, era lógico pensar que Cuba dejaría de ser una dictadura de corte totalitario. Indicar lo contrario resultaba casi una idiotez.

Sin embargo, el tiempo se encargó de despejar las incógnitas. Una mezcla de azar y perspicacia se impuso por encima de las opiniones más respetadas. El "socialismo" en Cuba logró adaptarse a las circunstancias sin perder su esencia represiva.

Hoy, no obstante la futilidad de las aperturas económicas adoptadas como recurso emergente de supervivencia, el régimen logra consolidar posiciones con el fin de obtener garantías para su futuro político. Lo único importante es su inalterable filosofía de gobernar a sus antojos, sin adversarios y con instituciones creadas a su imagen y semejanza.

La reciente visita del papa se convierte en un acontecimiento del cual los principales dividendos fueron a parar a las alforjas de los jerarcas del poder.

Al margen de los incidentes llevados a cabo por la policía política y sus secuaces contra opositores pacíficos, Damas de Blanco, activistas de derechos humanos, periodistas independientes y blogueros, el periplo del sumo pontífice se tradujo en cuotas de legitimidad para el gobierno encabezado por Raúl Castro.

Cada señalamiento crítico a causa de las sistemáticas y flagrantes violaciones a los derechos elementales del ciudadano termina diluyéndose en elogios y homenajes, abiertos o sutiles, protagonizados por personalidades de gran relieve internacional.

No se explica el notable rol del gobierno cubano en diversos foros de carácter mundial como el Consejo de Derechos Humanos y la Organización de las Naciones Unidas, por mencionar apenas dos de una larga lista, y observar los hechos documentados por Amnistía Internacional y Human Right Watch sobre la situación en las cárceles, el alto número de prisioneros por habitante y las medidas coercitivas que enfrentan regularmente quienes se atreven a ejercer sus derechos fundamentales por encima de las prohibiciones vigentes.

Aún no puedo encontrar en mi memoria algo positivo, para el cubano de a pie, derivado de la visita del máximo representante del Vaticano.

Su estancia provocó que la policía política suspendiera el servicio telefónico a cientos de personas que se oponen a las normas impuestas por el partido comunista, hace más de medio siglo. Respecto a las detenciones en comisarías y arrestos domiciliarios, se calcula que superaron las doscientas.

Tras su partida ha retornado una calma que aunque relativa es más soportable. Al menos ya puedo comunicarme vía telefónica.

No importa el monitoreo de los sabuesos de la policía política encargados de estas cuestiones. Esa es apenas una de las arbitrariedades de las cuales no podemos desembarazarnos.

El ocaso del castrismo puede durar lo inimaginable. Estar más cerca del final de una época es una apreciación cargada de imprecisiones.

Nadie sabe cuánto tiempo le queda a un sistema que en el 2012 debería figurar como una pieza de museo.

Una premonición que cada vez toma mayor relieve a instancias de los acontecimientos internos, es que para desgracia de los cubanos, las huellas del castrismo sobrevivirán a sus envejecidos gestores.

¡Menuda herencia nos legarán los mandarines criollos!

 

Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN