Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

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Hay cosas que no cambian con los tiempos

Frank Cosme, Primavera Digital

Santos Suárez, La Habana.- Ejercer el periodismo independiente en Primavera Digital me ha permitido ser un observador de primera mano de todas las variantes y formas de pensar reflejadas en el mismo.

Asimismo, conozco los puntos de vista de la prensa oficial. Elemental es también conocer las opiniones que vierten los medios extranjeros, fundamentalmente El Nuevo Herald de Miami, ciudad donde van a parar la mayoría de los errantes cubanos que andan por el mundo.

Es en estas dos orillas de cubanos, aquí con su prensa independiente y la oficial, y allá con su Nuevo Herald, donde surgen el mayor cúmulo de ideas, pensamientos o soluciones sobre la situación que vive nuestro país.

No obstante, por estos días, un prestigioso diario de más al Norte con un editor colombiano, que parece conocer más de Cuba que de Colombia, intenta dictar pautas sobre el tema cubano, pretendiendo influenciar con 5 editoriales seguidos.

En ambos lados del charco, a mi modo de ver, existe un común denominador que no reconoce cuáles han sido los orígenes de los antiguos y modernos problemas por los que atraviesa nuestro país, muchos de los cuales se han repetido y se repiten, todo por causa de la “desmemoria histórica” y por dejarse llevar por corrientes y tendencias alejadas de la realidad.

Estos antiguos-modernos problemas son:

1-La posición estratégica de Cuba.

2-La repetición cada cierto tiempo de los mismos hechos

3- Confundir ciertos valores que no cambian con los tiempos

4- Mal concepto de la palabra nacionalismo.

Aunque estos temas ya los había tocado en anteriores artículos en estos últimos 6 años, por si acaso haré un resumen de los mismos, ya que parece que este semanario Primavera no es digital, sino virtual y todos los que laboramos en el pertenecemos a otra dimensión.

El propio Nuevo Herald es una paradoja, pues conformado mayoritariamente por cubanos, no reconoce a Primavera Digital.

Así que este artículo va dirigido para aquellos lectores, también de otra dimensión, que virtualmente nos leen según el índice Alexa, y que al parecer tampoco existe.

Muy conocido es el primer punto por los que han leído nuestra historia. Ambicionada siempre por su estratégica posición, a estas alturas deberíamos ya saber todos los cubanos que desde su descubrimiento, Cuba ha sido fuente de beligerancia e intriga entre los países opulentos.

España fue capaz de cambiar toda la península de la Florida por la sola ciudad de La Habana cuando los ingleses la conquistaron en 1762.

En la guerra de 1895, empleó hasta el último español y la última peseta.

España, Gran Bretaña, EU, Rusia, China y ahora también el país más grande del continente virado al revés metido en este saco. ¿Por qué esa obsesión con este país y no con otra de las islas de las Antillas?

Cuba ha sido una factoría para estos países. ¿Acaso este elemento no ha sido siempre fuente de discordias y revoluciones cuando los gobiernos cubanos, en vez de defender los intereses de los naturales del país, han defendido los de los extranjeros? ¿No ocurre ahora lo mismo?

La repetición de hechos en nuestra historia es el segundo punto. Podríamos enumerar unos cuantos.

El entretenimiento a la población no es patrimonio del socialismo. Cuando Carlos Marx era un párvulo de 5 años ya los colonialistas españoles habían inventado las Cortes Españolas. Delegados de todo el continente americano llegaban a estas en Madrid, exponían los problemas de sus respectivas colonias, muy solemnemente recogían estos en actas, las engavetaban y esperaban a que se enfriara el asunto dándole largas.

La táctica era sencilla. El delegado se desahogaba con magistrales discursos, y daba soluciones las una y mil veces que tomaba la palabra….hasta que se cansaba.

Félix Varela, que según algunos sostienen fue quien nos enseñó a pensar, llegó a estas cortes en Madrid con la idea autonomista y tuvo que huir de España hacia Gibraltar con una condena a muerte y el convencimiento de que la independencia era la única solución para Cuba. Las Cortes españolas eran un fraude, escribiría después en el periódico El Habanero.

He leído en este mismo semanario como varios miembros de la oposición democrática proponen utilizar los mecanismos institucionales que amparan las leyes cubanas. Proponen presentarse ante las asambleas de rendición de cuentas del Poder Popular.

La idea en sí no es mala, se trata de usar los resquicios que proporciona la ley para utilizarlos como un canal de aprendizaje democrático. Utilizando uno de ellos previsto en la constitución, Oswaldo Payá Sardiñas presentó el Proyecto Varela. Bajo otros de estos acápites vigentes, diversas organizaciones de la sociedad civil han solicitado reconocimiento al Ministerio de Justicia.

Pero hay una pregunta que cae por su peso; ¿bajo qué organización social o partido se presentarían ante estas asambleas? El presentarse solos, sin un respaldo de alguna organización independiente de la sociedad civil, no reconocidas hasta ahora por el Ministerio de Justicia, y cuando solo en estas rendiciones de cuentas han hablado representantes del Partido Comunista y simpatizantes del gobierno, podría ocasionar suspicacia en los pocos que en estos momentos participan de estas asambleas.

Sería interesante ver a estos opositores lograr lo que no pudieron muchos delegados desde que comenzaron estas asambleas hace casi 40 años. Estos acogieron con entusiasmo, al igual que la población, de que ahora sí se iba a resolver el problema del pan, los baches, la basura, los salideros de albañales, las tuberías rotas de agua potable en las calles y otros etc. Hoy a duras penas se reúnen en estas asambleas. Nadie quiere ser hoy delegado. Este mecanismo institucional está desgastado. Eso lo percibe cualquiera con sentido común, del bando que sea.

Pero reitero, la idea no es mala, solo que sería factible cuando el gobierno desempolve de las gavetas esos proyectos y peticiones en la Asamblea Nacional y el Ministerio de Justicia, porque hasta ahora esto no es un mecanismo institucional sino de entretenimiento, tal como las Cortes españolas del siglo XIX.

Los valores que no cambian con el tiempo son el tercer punto. Se podrían poner como ejemplo Los diez Mandamientos. Cuando Dios le entregó estos a Moisés en el Monte Sinaí, ¿estaba pensando en esa generación o en toda la humanidad por venir?

Aunque para muchos esto sea una historia de ciencia-ficción, si se analizan fríamente los valores por los cuales abogan los Mandamientos, salta a la vista que fueron escritos para una humanidad que fue, es y será la misma. Entre otras cosas se pide honrar al padre y la madre, no matar, no levantar falsos testimonios ni mentir, no robar, no codiciar los bienes ajenos, etc.

Así que por resultado de esta regla se derivan el respeto al derecho ajeno, la honestidad, el amor a sus progenitores, la integridad, la lealtad, etc. Reconocer que existen valores que no cambiarán nunca con el tiempo es un primer paso en medio de todas estas modas y tendencias actuales alejadas de esta realidad.

No es ser intransigente -que ya la intransigencia la han hecho sonar como mala palabra-, una postura ante valores pisoteados, ante todo lo que vaya contra el sentido común, las indisciplinas sociales etc. El antónimo, ser tolerante, que sí suena bonito, es la que más se usa. Ambas, llevadas al extremo, traen más problemas que soluciones. ¿Dónde está el límite para ambas?

La fórmula “Tu verdad no, la mía tampoco, busquemos juntos la verdad”, propuesta por el polaco Karol Wojtyla no acaba de prender en los cubanos. Es mucho el desgaste en discusiones que no conducen a nada.

Otro polaco, Lech Walesa, decía, cuando dos polacos se reúnen, salen tres partidos políticos.

Como se ve, esto no es privativo solo de los cubanos, es una peculiaridad de toda la humanidad. Algo que recuerdo haber objetado en varias ocasiones, cada vez que sale alguien que afirma que somos los únicos en el mundo que adolecemos de este defecto.

El quid de este tema es que los polacos lograron entenderse. Hasta los comunistas fueron más nacionalistas -otra mala palabra que veremos en el siguiente punto- que comunistas. Entendieron que su nacionalidad estaba por arriba de cualquier ideología.

Incluso nosotros nos hemos entendido, aunque sea por una vez en nuestra historia. Esto ocurrió cuando la última guerra de independencia.

José Martí, conocido por el sobrenombre “el Apóstol”, logró unificar a todos en la idea básica, la independencia. Pero no le fue fácil, incluso la historia registra como La Ruptura las diferencias aparentemente irreconciliables entre Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo.

Se reunieron de nuevo. Más fríamente y siguiendo la lógica pesaron los pro y los contra en una balanza y en consecuencia los pro pesaron más, y juntos echaron a funcionar la idea de la independencia. Dejaron otros problemas menos básicos para más adelante y se concentraron en el principal: la independencia.

El mal concepto de la palabra nacionalismo es el cuarto punto. Para mí tiene una significación simple: es el afecto de los nacidos en una nación por ella. El apego y simpatía por costumbres simples que realizan diariamente, su música, su historia, etc.

Si nos guiamos por los sinónimos, entonces comprendemos el error en que caen algunos con este concepto. Son sinónimos del nacionalismo, el patriotismo, el civismo. Pero también la patriotería, la xenofobia. Y esto tiene más que ver con el Chovinismo.

Dado estas ideas, algunos corrigen en sus escritos que no son nacionalistas sino patriotas, otros lo incluyen en todas las doctrinas que terminan en ismos atacándolas con argumentos y finalizando con una disertación de que hay que desaparecerlas.

Si seguimos este argumento, habría que inventar otro idioma, pues el sufijo ismo no solo se usa para indicar doctrinas políticas o religiosas, también se usa en deportes (atletismo, alpinismo) en términos médicos (astigmatismo, daltonismo) y hasta en escuelas de pintura (impresionismo, paisajismo).

Así que para aclararme sobre este concepto del Nacionalismo busqué en el Larousse y el Diccionario de la Real Academia española (DRAE), para ver qué decían, y el primer sentido de esta palabra coincide plenamente con lo que pensaba. Pero hay otros, y esos han surgido posteriormente en medio de esa guerra de ideas que sostienen hace décadas izquierdistas y derechistas.

Repetidos hasta el cansancio en medios de prensa, libros y propaganda han desfigurado este primer y sencillo significado de la palabra Nacionalismo. Para descifrar aún más este falsificado concepto con esta palabra, consulté también el Diccionario Crítico de Ciencias Sociales de la Universidad Complutense de Madrid. Este vuelve a poner en primer término ese sencillo concepto, pero agrega: “en ocasiones también se vincula al proceso de descolonización de las naciones, la historia también lo usa para referirse al período histórico de formación de las mismas, y también se vincula al fascismo”.

Y aquí encontramos por fin la clave del error en que caen algunos demócratas que confunden fascismo con nacionalismo.

Fascismo es la palabra más utilizada para desacreditar a todo aquel al que la extrema izquierda ve como contrario.

Ya no es “en ocasiones” que se vincula el Fascismo con el Nacionalismo como dice el Diccionario Crítico: es siempre. Es otro de los tantos mitos modernos echados a rodar por la izquierda.

Siempre que se habla de la Alemania Hitleriana se emplea la palabra nazi y se omite deliberadamente que es la abreviatura del Partido Nacional-Socialista Obrero alemán.

De todas maneras, hay que agradecerles no haber emparentado el Nacionalismo con el Socialismo. El Fascismo, doctrina surgida en Italia de la mente del socialista Benito Mussolini, era un socialismo dirigido a crear un hombre nuevo en el ámbito nacional. De ahí su amplia difusión en Italia y su posterior alianza con Alemania.

Mientras en Italia y Alemania estos socialistas-fascistas se basaron en una falsa biología para crear este hombre del futuro, los socialistas-leninistas de Rusia se basaban en una falsa sociología también para crear otro hombre nuevo. Ambos se consideraban científicos, desaparecieron de la historia y dejaron tras de sí millones de muertos para crear este hombre nuevo.

Hasta ahora han logrado estos socialistas reciclados, surgidos tras la caída del Muro de Berlín ocultar y camuflagear estos hechos de los cuales existen más que suficientes evidencias en fotos y testimonios. Han tenido suerte también en torcer el significado de las palabras. Hasta un día, pues tarde o temprano, ese día llegará.

Hay que estar alertas. La historia nos enseña, solo hay que repasarla de vez en cuando. Esto también nos evitará caer en estas trampas semánticas que llevan décadas originando confusión, y también haciéndonos caer en los mismos errores que hemos caído, no solo los cubanos, sino toda la humanidad.