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Hasta morirse es difícil en Cuba

Tania de la Torre, en Primavera Digital

Granma, Manzanillo.- Aunque es casi una historia cruel, este trabajo, en el que no hay exageración para nada, refleja cómo viven muchas personas en nuestro país en estos momentos.

Se publicó recientemente por la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios sobre la pobreza extrema de Edis Torres. La situación caótica de su vivienda se vio agravada por un ciclón. La humedad provocada por las goteras y las filtraciones afectaron su delicado estado de salud. Padecía de cáncer de piel y diabetes, por lo que tuvo que ser hospitalizada en varias ocasiones.

El último ingreso tuvo un final muy triste. Fue hospitalizada en la sala 2E del Hospital Clínico Quirúrgico Docente “Celia Sánchez Manduley”, en el municipio Manzanillo, de la provincia Granma.

Refiere su hija Iraida que un mes después le dieron el alta. Tenía sudoración y la presión arterial baja. En el hospital no había un glucómetro y tampoco tenían balón para suministrarle oxígeno.

Los familiares no estuvieron de acuerdo con el alta y querían que por los síntomas que presentaba, fuera trasladada de la Sala de Dermatología a la de Medicina Interna, pero no les hicieron caso y mandaron a la enferma para la casa.

Para llevársela, hubo que solicitar una camilla en el cuerpo de guardia pues las sillas de rueda de la sala estaban rotas.

A la salida del Hospital tuvieron que alquilar un carro particular. Edis falleció a bordo del mismo, casi llegando a su domicilio en la calle Casal número 111.

Pero ahí no terminaron las angustias de la familia.

El entierro estaba programado para las 10:00 am, pero por falta de carro fúnebre lo tuvieron que posponer para las 4:00 pm.

Las flores de las coronas estaban marchitas. Los familiares protestaron, en el momento de trasladar el cadáver al cementerio, pues tenían que entregarle al chofer del carro el cristal del ataúd, según había orientado Servicio de Comunales. Finalmente el chofer accedió a que esto no se llevara a cabo.

Al otro día, sus hijos consiguieron un pedazo de cristal y lo llevaron a la fábrica de ataúdes situada en el ala derecha del Molino Arrocero, con el fin de que lo adaptaran para cambiar el del féretro. Allí pudieron conocer que no habían sancionado al chofer que desobedeció la orden de quitarle el cristal al sarcófago, por ser nuevo en la empresa; ya que la orientación es muy estricta.

No obstante, se pudo advertir que los cristales de los ataúdes los utilizan para hacer cuadros para las oficinas de las empresas.

En la fábrica de ataúdes constataron otros desastres. Cuando llueve, por estar cerca de una cañada, se moja la madera y los trabajadores dejan de producir, pues los cables se humedecen y pueden electrocutarse. Hay escasez de puntillas de una pulgada y tienen que utilizar las de 3 pulgadas. También hay déficit de la tela gris que se utiliza de forro. En fin, las caja en vez de ser mortuorias, son “monstruorias”.

La Empresa de Servicios Comunales no se ha preocupado por mejorar la situación de este establecimiento.

Con esta cadena de negligencias tienen que lidiar los cubanos, aun después de muertos. Y mientras más hacia el interior de la isla, es peor.