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Hacer o esperar

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- En los tiempos en que la programación de Radio Martí (RM) rompía todos los ratings de radio audiencia, se produjo el boom de los Yasmani.

Muchos (demasiados) niños nacidos por aquellos tiempos, fueron bautizados así, por la novela que radió RM. Un sicólogo llamado Roberto Ávalos, lamentablemente fallecido, puso de moda por acá aquello de hacer o dejar que las cosas pasen, desde su espacio radiofónico, muy seguido en aquel entonces en Cuba.

Decía Ávalos que los perdedores dejan que las cosas pasen y los ganadores hacen que las cosas pasen. Producto de las condiciones creadas en Cuba a partir de los amarres totalitarios impuestos por el grupo gobernante cubano, se creó y consolidó una oposición, que en la práctica devino en un frente muy plural y desarticulado. Esta oposición más que hacer que pasen cosas en Cuba, se acomodó a esperar.

Con el tiempo, se convirtió en una clase política que reprodujo en el todo y hasta en las partes, la mecánica del sistema que supuestamente debía cambiar. En vez de generar alternativas para acceder al poder político, se convirtieron en el grupo satanizado, promotor de reformas tibias y críticas dirigidas a aspectos éticos y abstractos, sobre doctrinas y temas distanciados de las aspiraciones reales de la población.

Prácticamente se concentraron en sobrevivir y esperar tiempos mejores de los que pocos esperan la llegada. Pero en la actualidad algo cambió. La sociedad cubana en pleno rechaza al sistema y al régimen cubano. La sociedad civil ha generado diversos movimientos que en sus demandas de cambio van desde la libertad sexual, hasta las demandas dirigidas contra el racismo presente en la sociedad cubana. Entre otros, aparecieron bloggers, Damas de Blanco y la prensa independiente se hizo nacional, y creció para convertirse en una expresión autóctona con voz propia desde la Isla.

En medio de estas nuevas condiciones y este nuevo escenario, nació la Asociación Jurídica Cubana. Esta asociación asumió el desafío y comenzó una laboriosa actividad encaminada a dar a conocer las leyes y colocar el laberinto legal que constituye la legalidad tramposa promovida por la dictadura cubana, en terreno fértil para el cuestionamiento y la exigencia ciudadana creciente y dirigida al rescate de los derechos conculcados de todos.

La asociación Jurídica Cubana (AJC) a partir de una labor de divulgación y enseñanza difícil y llena de escollos, logró que los opositores y parte del entramado de la sociedad civil, asumieran un nuevo discurso contestatario. Este discurso va dirigido a la exigencia del respeto de la legalidad y los derechos; nunca fue visto algo semejante en Cuba. El nuevo discurso fue esgrimido frente a la omnisciente, omnipotente y omnipresente policía de Seguridad del Estado. Esto que nunca pasó antes en Cuba, nos retrotrae a aquel sicólogo que promovía que se hiciera que las cosas pasen, en vez de esperar a que estas, simplemente se decanten por inercia o por cansancio.

AJC comenzó, desde los resquicios de una legalidad tramposa o desde el lado flaco de una ley perversa a exigir el respeto de los derechos ciudadanos. Su demanda para ser legalizada coloca al régimen cubano en una posición muy incómoda. Si AJC no fuera legalizada, quedará demostrado ante el mundo el carácter discriminador y excluyente de la dictadura militar totalitaria de izquierda impuesta en Cuba. Estará expuesta como un régimen violador del derecho y de sus propias leyes.

Entonces, parte el alma que sea desde la clase política opositora histórica y congelada desde hace ya demasiado tiempo en el escenario político cubano, desde donde surjan críticas a la actividad y la labor de AJC. Esperemos que el despertar de la sociedad civil desde nuevas organizaciones y nuevos frentes de lucha cívica, no sea objeto de críticas en un futuro, como lo ha sido AJC.

Cuba anda necesitada de personas que hagan que las cosas pasen. La espera con los brazos cruzados es asunto de perdedores.