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¿Habrá reforma migratoria o no?

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana, (PD) La primera vez que salió a la luz pública que algo se cocinaba en términos de reformas migratorias fue cuando se produjo el promocionado debate entre el joven Eliecer Ávila y el presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón de Quesada. Desde esos instantes, se dio el salto cualitativo y los dos temas que en la actualidad capitalizan la atención en la Isla en sectores, intelectuales, empresariales, etc., son el migratorio y el acceso a Internet.

Los temas apasionan a la clase media profesional. Esos que pisan con elegancia, pretensión y aplomo el umbral de la miseria. Que sufren por ser aventajados en solvencia económica por cualquier policía, carnicero o chofer de almendrón, pero que aun así, conservan en parte el orgullo. Los conceptuados en ciertos medios como "clases vivas", aunque agonicen en la más revolucionaria y absoluta miseria.

En la actualidad, los rumores apuntan a que, al menos sobre internet, las expectativas son nulas o escasas. El gobierno, según muchos, cobrará el servicio a precios prohibitivos y exigirá una conexión telefónica que en la actualidad no está al alcance de todos. Esto la coloca más allá del sueño compartido.

La reforma migratoria marca otras perspectivas. Será una oportunidad para que quienes están afuera regresen cargaditos de dólares o euros que actualicen el modelo económico. El rumor se aleja de la perspectiva de vivir algún día sin tarjeta blanca o permiso de salida Cuba adentro. Será una reforma clientelar que permita rellenar las arcas del estado y nada más. Lo que percibe el rumor, es una reforma a medias con dos categorías de cubanos: los que residen fuera y los que malviven dentro. Los primeros podrán regresar a gastar "si muestran una buena conducta". En relación a los segundos, alguna traba se impondrá.

Lo cierto es que el aliento conspirativo presente en cada decisión de gobierno en Cuba, marca la pauta de costumbre. El gobierno algo hará para continuar en el ejercicio inmodesto de poder que nos priva del derecho a entrar y salir sin permiso de un país que es nuestro, quiero decir, del ciudadano. Decir del ciudadano es afirmar que para la sociedad civil dispuesta a exigir sus derechos, no resultará aceptable una dicotomía que lo divida en dos acepciones diferentes: por una parte el derecho del ausente a regresar y por otra, el no derecho de los residentes a salir cuando así lo determinen.

En conversaciones con abogados independientes a quienes he consultado, estos me han dicho que no existe nada en la legislación vigente en Cuba que sustente a la tarjeta blanca. Esta es el resultado del voluntarismo del capitán general de la llamada revolución cubana, Fidel Castro.

Wilfredo Vallín, que al redactar este trabajo asesora a Yoani Sánchez en una demanda, nada menos que contra el histórico general Colomé Ibarra (Furry), afirmó que no existe nada legal que sustente los permisos de salida o la llamada tarjeta blanca. Sería una forma del "me da la gana", o estilo de gobierno afirmado en Cuba desde hace más de cinco décadas.

Por el momento y a pesar de las declaraciones y espectáculos del presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, nadie sabe si por fin habrá reforma migratoria o todo se diluirá en la performance o tour de force entre el recurso de alzada interpuesto por la bloguera estrella Yoani Sánchez contra el general de tres estrellas y ocho décadas Colomé Ibarra. Quizás se despeje el camino para el regreso de los Fanjul, Saladrigas, Chita y otros, pero no creo que se zafe el nudo que acogota al pueblo y a la sociedad cubana a partir de la voluntad totalitaria de irrespetar los derechos consagrados internacionalmente, como lo es, el derecho a entrar y salir del país sin permisos.

 

 

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