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Excusas, promesas, falacias…

Son los calificativos más suaves que profieren los cubanos al salir de una reunión con su delegado en el Poder Popular. Sienten que se les engaña y se les hace perder el tiempo.

Jorge Olivera Castillo, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Una vez más los vecinos de cada barrio del país tienen la oportunidad de pedir la solución a sus problemas al Delegado del Poder Popular en la Asamblea de Rendición de Cuentas.

En estos eventos que se organizan en toda la isla siempre hay poco que celebrar. La mayor parte de los asuntos que afectan a las comunidades siguen a la espera de respuestas concretas.

Los problemas con el abasto de agua, las tupiciones en los conductos de aguas albañales de edificios y cuarterías, cuyo contenido se acumula en las calles de manera permanente, las irregularidades en la recogida de la basura así como las quejas por el pésimo servicio del médico de la familia, conforman algunos de los planteamientos heredados de reuniones anteriores.

El Delegado se presenta, como de costumbre, apertrechado de justificaciones y consignas.

 “Yo voy para no señalarme. Tú sabes que hay que guardar la forma. En el fondo sé que es un descaro, una manera de perder el tiempo”, alegó Manuel, vecino de 67 años de edad, al día siguiente de haber participado en la Asamblea de Rendición de Cuenta de su circunscripción.

Excusas, promesas y sinvergüencería. Con esas tres palabras te explico lo que pienso de todo este proceso, agregó quien reside hace más de cuatro décadas en el municipio capitalino de la Habana Vieja.

Las quejas sobre el desempeño de los elegidos para encarar este tipo de responsabilidades corren de boca en boca, pero sin que se conviertan, salvo raras excepciones, en motivos para la destitución del cargo.

Denunciar los robos y las ventas ilícitas de materiales asignados para solventar los problemas de las vecindades es a menudo un riesgo.

Los “ladrones” saben cómo borrar las pruebas de sus fechorías. Para conseguir sus propósitos cuentan con el carnet de militantes del Partido, relaciones de alto nivel y en general, un ambiente marcado por el tráfico de influencias y la corrupción en todas sus facetas.

En teoría, el pueblo tiene la potestad de elegir a un ciudadano en representación de sus intereses.

Sin embargo, la vida demuestra que no es así. Solo se trata de un ardid. Un montaje de corte populista cuyo objetivo es la legitimación de los poderes del Estado.

La catarsis es una forma de alivio ante el tradicional aplazamiento de las soluciones. Al menos esa posibilidad está garantizada en esos eventos que sesionan al aire libre y que cualquiera podría confundir, al verlos por primera vez, como un ejemplo de democracia participativa.

Recuerdo las esperanzas del vecindario cuando comenzaron a realizarse las asambleas en cada barrio. El tiempo se ha encargado de develar las aristas de otro engaño.

Por suerte no se criminalizan los bostezos ni las duermevelas durante las monsergas de los funcionarios y las peticiones de los más necesitados.

 

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