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Esclavos disfrazados de libertos

Funcionarios asistieron al Foro Empresarial en Panamá en calidad de “cuentapropistas cubanos”

Ernesto Pérez Chang, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Según fue anunciado por la prensa internacional, el Foro Empresarial de la Cumbre de las Américas, organizado por el gobierno de Panamá y el Banco Interamericano de Desarrollo, ha reunido desde el día 8 hasta el 10 de abril a “líderes del sector, con el propósito de analizar oportunidades para el comercio y las inversiones, en pos del desarrollo social y económico del continente”.

Por su parte, la prensa oficial de la isla se ha hecho eco del entusiasmo de la Cámara de Comercio de Cuba por los 18 “cuentapropistas” cubanos que fueron rigurosamente seleccionados para asistir a los debates con el fin de exponer sus experiencias y cantar las bondades del actual “modelo económico” que, inspirado en el capitalismo “despiadado” que tanto fue criticado y condenado por el Partido Comunista durante medio siglo, paradójicamente deberá contribuir a la “definitiva construcción del socialismo”.

La llamada “delegación de empresarios cubanos”, contrario a lo que algunos pudieran pensar, no ha sido conformada por aquellas personas que el pueblo sí identifica con los verdaderos “cuentapropistas (es decir, vendedores ambulantes, bicitaxistas, mensajeros de pan, carretilleros y un largo etcétera) sino con aquellos funcionarios estatales “de nuevo tipo” que el gobierno ha disfrazado de “particulares”, para dar una visión de apertura en medio del ambiente de presiones y trampas en que desenvuelven sus vidas aquellos que han decidido desvincularse del Estado para ganar el sustento, como lo demuestran las constantes denuncias de atropellos y extorsiones que sufren los “particulares”.

Ninguno de los 18 empresarios “afortunados” ha declarado a la prensa sus verdaderos orígenes ni sus vínculos con instituciones estatales del gobierno, tampoco el grado de lealtad al régimen que los convirtió en “elegibles” para integrar una “representación oficial cubana de la sociedad civil” donde, sospechosamente, nadie discrepa de nadie y donde los máximos jefes de las delegaciones son altos funcionarios del gobierno.

Uno de los “cuentapropistas” enviado al foro es Martín José Betancourt, presidente de una cooperativa de los “taxis ruteros”, una empresa “experimental” diseñada por el Ministerio del Transporte para, de manera disimulada, ir eliminando los subsidios al transporte público pero a la vez, establecer una competencia desleal con los choferes de los llamados “almendrones”, quienes deben desarrollar sus labores en medio del más crudo desamparo y traspasando constantemente las fronteras del delito.

Según fuentes que han preferido el anonimato, Martín José Betancourt es un exfuncionario del gobierno con varias misiones de trabajo en el exterior y que disfruta de algunos beneficios por sus años de servicio en ministerios estatales. Tanto su “trayectoria” de lealtad como la facilidad para ajustarse a los guiones oficiales lo han hecho merecedor de asistir a una Cumbre donde los verdaderos cuentapropistas no se sienten representados.

Las declaraciones de fidelidad al régimen de los demás miembros de la delegación, así como sus vínculos incondicionales con el Partido Comunista, se pueden verificar en la prensa oficial cubana en donde le han dedicado amplios espacios para promover esa cruel moraleja que determina la prosperidad de algunos pocos “cuentapropistas” y las penurias de la mayoría: “Pórtate sumiso y te dejaremos tranquilo”.

En verdad, la mayoría de los trabajadores por cuenta propia que uno ve en las calles de Cuba ni siquiera saben que en Panamá se debatirá sobre oportunidades de negocios e inversiones en la región, muchos menos se reconocen como “pequeños empresarios” sino solo como “luchadores del día a día”, como se define a sí mismo un anciano vendedor de maní al que, como a millones de cubanos, no le alcanza la pensión de jubilado ni los años de “sacrificio por la revolución” le permitieron ahorrar ni un centavo para legar a sus nietos.

 “La revolución no nos ha dado nada, al contrario, nos ha quitado todo, hasta la juventud la perdimos creyendo en esta cosa que cada día va más para atrás. Antes nos decían que había que sacrificarse por el futuro, ahora resulta que somos una carga social”, nos dice una anciana que sobrevive con aquello que le resta cuando termina de pagar impuestos y deudas al Estado. Dentro de poco cumplirá 72 años y, según nos confiesa, “aunque amanezca muriéndome tengo que salir a caminar las calles para sobrevivir”.

Para un santiaguero sin estatus legal en La Habana y que debe sobrevivir como vendedor clandestino de escobas y cepillos artesanales, las relaciones del gobierno con los cuentapropistas deberían comenzar con el respeto al derecho de libre circulación de los ciudadanos:

“No hay manera de que yo pueda prosperar si el propio gobierno me impide legalizarme. Yo no le estoy robando a nadie, yo trabajo duro pero si me agarra la policía o los inspectores, la paso bien mal. Me decomisan todo y me deportan. Yo quisiera poder hacer las cosas como deben ser pero cada día te la ponen más difícil”.

El premio por la lealtad y el castigo por la desobediencia o por la indiferencia política, han caracterizado las relaciones del gobierno cubano con aquellas figuras económicas “raras” que, por individuales, minimizan el control estricto del Estado. Ni siquiera las empresas extranjeras escapan a esa condición “sine qua non” de acatamiento que rige todas las estructuras sociales en Cuba. Nadie sabe cuáles serán los “avances” que en cuestiones de desarrollo e inversiones logren los 18 cuentapropistas “oficiales” enviados a Panamá, pero en cambio, sí se puede augurar que si alguno decidiera salirse del guion aprobado de antemano por sus verdaderos “patrones”, terminará maldiciendo ese “nuevo modelo económico” donde al esclavo, solo para los días de carnaval, se le disfraza de liberto.