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Esclavos de bata blanca

En el siglo XIX, las dotaciones, en tiempo muerto, se alquilaban a otros señores. Y entregaban a los esclavos menudencias

Miriam Celaya, en Cubanet

LA HABANA, Cuba, febrero -La reciente “deserción” de la doctora cubana Ramona Matos Rodríguez, quien cubría servicios en Brasil en el marco del acuerdo firmado entre ese país y Cuba, en virtud del programa “Más Médicos para Brasil”, vuelve a traer a debate el controvertido tema de la explotación de los profesionales de la salud de la Isla por parte del régimen, en función de su desesperada carrera por la obtención de divisas.

Los reclamos de la doctora Matos se basan en el engaño del que, según declara, fue víctima, ya que ignoraba que el acuerdo intergubernamental establecía un pago mensual en reales equivalente a alrededor de 4 mil dólares por cada médico, de los cuales los cubanos solo cobrarían mil mensuales, es decir, aproximadamente el 25% del monto total del contrato original.

Además de esto, el gobierno cubano habría incurrido en la violación del propio contrato firmado por los médicos en Cuba antes de su partida a Brasil, ya que en la práctica éstos reciben poco más de 300 dólares cada mes mientras les son retenidos 600 por el banco cubano, a los que solo acceden a través de una tarjeta magnética a su regreso a la Isla, pasados los tres años de su “misión”.

Una maña de larga data

El sistema de subcontratación de médicos cubanos en otros países se ha convertido en una de las más importantes fuentes de ingresos en divisas para el gobierno de la Isla, además de un instrumento de manipulación política con fines electoreros por parte de algunos gobiernos populistas. En este sentido, la cúpula verde olivo se comporta como los antiguos hacendados esclavistas de la sacarocracia del siglo XIX, cuyas dotaciones en tiempo muerto eran alquiladas a otros señores para disímiles tareas, entregando a los esclavos algunas monedillas u otras menudencias.

Sin embargo, la manipulación de estos servicios por el régimen no es realmente novedosa ni se limita a los médicos. Otros esclavos cubanos son igualmente subcontratados con beneficios leoninos para el régimen, aunque el trasiego de galenos ha sido el más conspicuo y jugoso. Se inició en la década de los ya lejanos 60’ con el envío de los primeros médicos a Argelia, y se mantuvo de manera más o menos regular en otros destinos del Tercer Mundo -en especial en países de África- como parte de los compromisos contraídos por el régimen con Moscú.

Se trataba básicamente de programas que respondían a intereses políticos del Kremlin, de los cuales Cuba era satélite, aunque para entonces los médicos eran movilizados en números reducidos y no se afectaba la atención de la salud de la población cubana.

A partir de los años 90’ el alquiler de médicos se multiplicó ante la urgencia de encontrar fuentes alternativas de ingresos que permitieran paliar la crisis desatada tras la desaparición del “campo socialista”, y desde entonces dicha práctica se ha mantenido en ritmo creciente, deteriorándose aceleradamente la atención de salud al interior de Cuba. Los ingresos derivados de esos contratos no se revierten en el mejoramiento de la infraestructura y equipamiento tecnológico ni en otros renglones imprescindibles para ofrecer a los cubanos un servicio eficiente y de calidad.

Tras la “solidaridad”, los hechos

Según una fuente oficiosa con reserva obligada, es cierto que muchos médicos cubanos desconocen cuánto van a ganar en los países en los que cubren servicios. “Una cosa es el ‘contrato’ que firmamos en Cuba, generalmente en una reunión masiva donde nos leen la cartilla ideológico-política, y nos entregan los papeles que hay que firmar apurados, sin haberlos leído bien y sin que nos den copia de eso; y otra muy distinta es lo que te vas a encontrar en el lugar de destino porque muchas veces la realidad es más difícil de lo que imaginaste y te ves en situación de destinar dineros propios para subsistir o al menos mejorar esas condiciones”.

La extrema violencia es otro de los peligros que enfrentan los galenos en muchos de los países de destino y de la que no los protege el contrato, en el que no se contemplan pagos por indemnizaciones.

Un número indeterminado de médicos han sido asesinados, mientras otros han sufrido asaltos, agresiones y violaciones sexuales.

El desconocimiento por parte de los médicos, tanto de la cifra exacta del pago que recibe el gobierno cubano como del que recibirán ellos mismos, es otra triquiñuela del régimen para explotar al máximo una fuerza calificada que cuando se inscribe en las misiones solo persigue mejorar sus condiciones de vida familiar.

Así, la motivación de los galenos no es precisamente humanitaria, sino práctica: obtener beneficios materiales y financieros o cubrir necesidades de primer orden -tales como adquirir o reparar una vivienda, por ejemplo- que no pueden satisfacer con sus salarios de Cuba. “De lo contrario no habría miles de nosotros dispuestos a sacrificarse lejos de la familia y corriendo tantos riesgos”, apunta la fuente. También están los que ven en las misiones una vía para emigrar.

“Ningún profesor de la escuela de medicina de los años 80’ nos aclaró que el juramento hipocrático incluía abandonar las prioridades de los pacientes cubanos, pero igual es difícil hablar de ética en las condiciones actuales”, filosofa.

En cuanto al dinero, no todas las misiones pagan lo mismo. Por ejemplo, en Haití es la equivalencia a 200 dólares mensuales, de los cuales es necesario erogar 50 cada mes por una comida de poca calidad, más 30 anuales por la conexión a Internet. Se acumulan 2 mil en el banco cubano al finalizar un año completo de trabajo, que se cobran en CUC. Las condiciones de vida dependen del punto en que el médico se encuentra prestando esos servicios: en Puerto Príncipe suele ser en una casa colectiva, mientras en otros puntos al interior es en tiendas de campaña. Hay muchos riesgos de contagio de enfermedades como el dengue o afecciones respiratorias, etc. A la vez, hay que extremar las medidas higiénico-sanitarias a nivel personal para no contraer el cólera.

En Angola el pago es variable, pero en promedio suma unos 600 dólares al mes, mientras en Sudáfrica es de 900 a 1000 dólares. Venezuela ha sido el destino mayor y permanente, pero si bien años atrás resultaba atractivo para los cubanos debido a las facilidades que se les ofrecía para la importación de efectos electrodomésticos, desde hace un tiempo se han implantado restricciones a las importaciones porque al régimen de La Habana le resulta más provechoso optimizar la extracción de las divisas de estos “esclavos-misioneros” a través de sus propias las redes comerciales, a precios exorbitantes.

No todos los esclavos clasifican para alquiler. Ante la pregunta sobre los requisitos que debe cumplir un médico para ser seleccionado para una misión, la fuente consultada asegura que hay un proceso de selección, pero nadie conoce con exactitud los criterios ni los procedimientos que se siguen. “Hay una decantación previa.

Por ejemplo, no necesariamente hay que ser del Partido ni destacarte como ‘comecandela’, pero ante cualquier sospecha de que puedas ser un posible emigrante porque tengas familiares cercanos fuera de Cuba, te niegan la misión. Conozco muchos casos así, pero nunca te dicen por lo claro los motivos de la negación. Son cosas que se filtran. Sin embargo, no siempre hacen bien la investigación y de vez en vez se les escapa alguien. No sé exactamente quién se encarga de hacer las ‘verificaciones’, porque no son las autoridades médicas, pero sí las hacen y los métodos parecen ser los de la Seguridad (del Estado)”.

Indignación sin indignados

Otro especialista, en este caso un docente, detalla otros aspectos de los que apenas se ha ocupado la prensa y que constituyen un serio problema de fondo: la repercusión de las misiones médicas ha dado lugar a la carencia de galenos en los consultorios de atención a la población cubana, por lo que en este momento se está produciendo un proceso muy complicado que consiste en sacar a los médicos “no imprescindibles” de los hospitales en los que ocupan plazas fijas y ofrecerles dos opciones: salir a cumplir una misión en el extranjero o trabajar en un consultorio como médico de la familia.

Esto ha desatado un descontento general de muchos galenos que, si bien estudiaron como Médicos Generales Integrales con carácter obligatorio, en la actualidad tienen diversas especialidades, incluyendo la cirugía, gracias al adiestramiento obtenido en cursos de preparación para el cumplimiento de programas masivos de colaboración -como la Operación Milagro y otros-, lo que les permitió ascender en su calificación.

Abandonar las especialidades alcanzadas para encargarse de consultas de servicio primario constituye un retroceso tan significativo como profesionales que algunos médicos comentan informalmente que prefieren quedarse en casa y dedicarse a consultar de manera privada que aceptar dichas condiciones. Por otra parte, un sector significativo de galenos que han cumplido servicios en otros países actualmente no se siente dispuesto a repetir la experiencia, argumentando que es mayor el sacrificio y los riesgos que los beneficios obtenidos.

 “Es un proceso de indignación, pero sin indignados”, me dice una doctora amiga en referencia a que todos los médicos protestan entre sí por el trato que reciben por parte de las autoridades cubanas, que los trata como esclavos o como medios básicos, pero que no se animan a organizarse para reclamar sus derechos.

Mientras, muchos gobiernos “democráticos” se prestan a complicidades violatorias de los más elementales derechos laborales de estos y otros especialistas cubanos, y hay instituciones y funcionarios internacionales complacidos con los programas de cooperación de los Castro y con los índices de salud fríamente reflejados en las estadísticas oficiales de la dictadura. Ciertamente, si hay algo tan vasto y profundo como la orfandad de los cubanos, es la impunidad de su gobierno.

 

 

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