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Escasos productos agrícolas tras regulación gubernamental de precios

“No existe correspondencia entre lo que el Estado exige al hombre del campo en Cuba con lo que le retribuye”

Alberto Méndez Castelló, en Cubanet

LAS TUNAS, Cuba.- El listado de precios oficiales para los productos agrícolas entró en el primer día de este mes, y ya es visible un deprimido abasto de productos del campo en la ciudad.

Los carretilleros, (vendedores ambulantes particulares) ya desde el lunes no se veían por las calles con su otrora muy variada oferta de mercancía rural, y los muy escasos que aún se mantenían operando, no contaban con los productos que hasta este domingo estuvieron vendiendo.

La población acude a abastecerse a los mercados estatales agropecuarios, formando colas de mujeres, hombres y niños; pero en estos abastos gubernamentales históricamente es visible la carencia de productos de alta demanda como tomates, ajíes, cebollas o el llamado plátano vianda o macho.

Autoridades del Partido Comunista de Cuba (PCC) y del ministerio de la Agricultura, afirman que garantizarán a la población el suministro de productos agropecuarios mediante la estatal empresa de Acopio, “pero ya eso lo han dicho otras veces y nunca lo han cumplido,” comentó un médico haciendo cola para comprar boniatos y calabazas, las opciones de “La Plaza de la Revolución” nombrado así este comercio por encontrarse aledaño a la plaza política homónima.

 “El problema es que una cosa es querer y otra poder”, dijo un agricultor entrevistado por este corresponsal. Según el campesino, “con mil amores” él sembraría para vender a la población sus cosechas a los precios fijados por el Estado. “Pero si yo hiciera eso mi familia y yo no tendríamos con qué calzarnos ni con qué vestirnos ni con qué comprar lo que no producimos en la tierra,” aseguró.

El vicepresidente del consejo de Estado José Ramón Machado Ventura, también segundo secretario del PCC, dijo en declaraciones a la televisión nacional que un producto agrícola cuyo costo fuera de unos 40 centavos la libra, no podía ser comercializado a más de un peso.

 “Y los campesinos sí podríamos vender nuestras cosechas a precios razonables según los costos de producción si el Estado hiciera lo mismo. Pero es el Estado el primero que infla los precios. Imagínese que un campesino tiene que vender cien libras de yuca para comprar un litro de aceite de soya”, dijo el agricultor, preguntando: “¿Usted cree que es justo tener que producir cien libras de yuca para poder comprar un litro de aceite de soya…? ¿Usted cree que es justo que con lo que el Estado paga por una vaca no alcanza para comprarse un par de zapatos en las tiendas del Estado…?”.

Preguntado por CubaNet, a condición de anonimato un jurista dijo respecto a las interrogantes del campesino: “Incuestionablemente, no existe correspondencia entre lo que el Estado exige al hombre del campo en Cuba con lo que le retribuye. Desde hace muchos años, no sólo en Cuba, sino en la mayor parte del mundo, otras labores son mejor retribuidas que las faenas rurales, y en consecuencia, los gobiernos civilizados prestaron atención a estos factores y en la medida de sus posibilidades subsidiaron producciones agropecuarias. Esto lo hizo Estados Unidos, pero el mismo Fidel Castro lo criticó. Bien, ahora nosotros estamos llorándole al gobierno de Estados Unidos para que autorice a sus agricultores a vendernos comida”.