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¿Es algo nuevo la sequía en Cuba?

Frank Cosme, en Primavera Digital

Santos Suárez, la Habana.- Antes del año 1959 no se daba el énfasis que actualmente se le da a las noticias económicas.

Con el advenimiento de la revolución, los medios informativos siempre han tenido una noticia que repiten hasta el aburrimiento. Ahora le tocó a la sequía.

Ya cesó la cantaleta del nuevo curso escolar y la garantía de la educación, libros, uniformes para todos y fiestas hasta con orquestas.

Tal parece que antes de 1959 no había colegios, hospitales y desarrollo económico, pues no se daba información con la vehemencia que ahora se hace en estos temas.

Así, podemos decir que hemos sido expertos en planes azucareros, cafetaleros, ganaderos, etc.

¿Quién no recuerda la propaganda de estos planes ganaderos con sus famosos técnicos inseminadores trasladándose de una vaquería a otra en motos MZ, las vacas con aire acondicionado y los terneros en pastilla?

Casi al unísono, se escuchaba el ruido en los medios por “la construcción de presas y embalses en previsión a los períodos de seca”.

Hablamos de una etapa que abarca tres décadas, desde los años 70 hasta los 90, en que se construyeron la mayoría de estos embalses o presas, entre ellas las tres más grandes del país.

La Yaya, en Guantánamo, comenzó a funcionar en 1973, con 160 millones de metros cúbicos embalsados. Jimagüayú, en Camagüey, construida en 1974, almacenaba 200 millones. Zaza, en Sancti Spíritus, la más grande del país, construida en 1975, tenía 1020 millones de m3 y El Porvenir, en Camagüey, de 1975, con 172 millones de m3.

Hay 22 presas más, la mayoría en Villa Clara y las provincias orientales, que según la enciclopedia Ecured contabilizan un total de casi 1765 millones de metros cúbicos. Eso, solo en las que aparecen los datos, pues hay muchas de las que no dan la capacidad de embalse.

Poca información da Ecured sobre las presas de las provincias occidentales. Solo aparece la presa San Juan y Martínez, dedicada al riego, sobre todo del tabaco, con casi 17 millones de m3 embalsados.

De las de las provincias de La Habana, Mayabeque y Artemisa, indican que “las numerosas presas y micropresas de este territorio tienen una capacidad de embalse de 452 millones de m3”.

Todas las presas cubanas están dedicadas al riego en la agricultura, la ganadería y el suministro de agua a la población.

Muchas presas tienen una floreciente industria pesquera, según el Noticiero de TV.

La presa El Porvenir, en Esmeralda, Camagüey, no solo es para el riego y la ganadería, sino que abastece del 40% del pescado en ese territorio. También es una de las presas en que se permite la pesca recreativa.

No ha sido un invento de la revolución cubana este sistema de embalses. Desde las antiguas civilizaciones el hombre ha represado el agua para enfrentar las sequías que cíclicamente azotan a la humanidad.

Algunos aquí se preguntan si antes del 1959 nunca hubo sequías, porque no había esa carestía constante de vegetales, hortalizas, frutas, carne y leche que hemos padecido durante más de medio siglo (recordar que todavía existe en Cuba una libreta de racionamiento).

En aquellos ya lejanos tiempos, hubo sequías y también embalses y presas, a las que nadie les daba importancia. Los cubanos, en aquel entonces, no eran economistas de noticiero como ahora.

Trece presas existían antes de 1959. La de Pontezuela, en Camagüey, era la mayor, con 7.5 millones de m3. Pero ya ni los viejos recuerdan esto, a no ser los camagüeyanos que fueran agricultores o ganaderos.

En la Isla de Turiguanó, en Morón, antiguo territorio de Camagüey, ahora provincia de Ciego de Ávila, existía una cría extensiva de ganado Santa Gertrudis. En los alrededores se encuentra la Laguna de la Leche, la mayor reserva de agua dulce natural de Cuba con 100 millones de m3, según Ecured, que omite deliberadamente esta historia de Turiguanó, y solo informa que hoy es un parque eólico.

El río Hanabanilla, que tenía una de las bellezas naturales más conocidas de Cuba, la cascada “El Salto del Hanabanilla”, también estaba represado, y en conjunto con el río Negro y el Guanayara, suministraban el agua a Cienfuegos y el riego a la agricultura.

El Salto del Hanabanilla desapareció tras el intento de establecer una hidroeléctrica con tecnología de la desaparecida Checoslovaquia. Esta historia también está omitida de esa “excelente enciclopedia” que es Ecured.

El tema de la sequía genera muchas especulaciones, pues conocido es que será un argumento para justificar la ineficacia del sistema, como lo han sido el bloqueo norteamericano o los ciclones.

Los propios medios informativos oficiales se encargan de contradecirse cuando afirman que más del 70% del agua se pierde por lo que conocemos aquí como salideros históricos. La justificación es que el sistema de acueductos es muy antiguo.

¿Qué diríamos de ciudades como Londres, París o Barcelona, mucho más antiguas que La Habana?

Hace 17 años que se fundó una corporación con la empresa “Aguas de Barcelona”, que se encarga de suministrar el agua en La Habana.

¿En 17 años no se ha podido resolver este clásico problema de los salideros? Dejo margen al lector para que piense lo que quiera.

En cuanto a los planes de construir 13 campos de golf más para el año 2020, si realmente hay una crisis dado que las presas y embalses han bajado de nivel, será mejor que los deportistas fueran a jugar golfito al parque del Almendares porque se sabe la cantidad de agua que se necesita para regar esas grandes extensiones de césped, solo para que los forasteros vengan a darle a una pelotica con un palito.