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En una cultura peor

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Por estos días que se acaban de cumplir los 50 años  de las tan traídas y llevadas Palabras a los Intelectuales, hay un verdadero barraje de artillería  por parte de la prensa oficialista y la intelectualidad orgánica de la dictadura sobre la significación  histórica  de tales palabras, o al menos, la que ahora pretenden  concederle.

Para empezar, nunca los intelectuales orgánicos se habían preocupado tanto por la exactitud de la cita más recordada del discurso del Máximo Líder en la Biblioteca Nacional la noche del 30 de junio de 1961. Ahora muestran especial interés en aclarar que la frase de marras no terminaba "fuera de la revolución, nada" como erradamente la citan casi todos, sino "contra la revolución, ningún derecho". Eso implicaría, según ellos, que la advertencia a los escritores y artistas no era tan severa: permitía cierto espacio a la creatividad artística. Incluso "un amplísimo campo de trabajo", según el ensayista y poeta Roberto Fernández Retamar. Pero siempre en un "dentro", que por demás, no estaba delimitado con precisión.

Explica Fernández Retamar: "La crítica hecha dentro de la revolución es válida...Cuando un revolucionario critica aspectos de la revolución que considera negativos, no está contra la revolución".

Pero estar "en contra", ¡oh, horror!, era aborrecible, inimaginable. La revolución, asediada por el gobierno norteamericano tenía el derecho a defenderse por todos los medios a su alcance y eso justificaría la abolición de todos los demás derechos que no fueran los de los infalibles dirigentes a permanecer en el poder.

¡Ay del intelectual revolucionario que creyéndose no con el derecho, sino con el deber de criticar aspectos negativos, incurriera en el abominable pecado de debilitar a la revolución antes que fortalecerla!

La diferencia entre el bien y el mal, el dentro y el contra, la decidían y aun la deciden los Jefes y sus jefecillos. Y es sabido que sus designios son inescrutables e inapelables.

Si algo hay que reconocer  es que  las Palabras a los Intelectuales mantienen su plena vigencia: hoy, la cultura cubana, pese a alguna que otra pose contestataria, sigue tan  maniatada y encerrada en la camisa de fuerza con costuras de refuerzo extra que es "dentro de la revolución" como hace medio siglo. Y eso hace que la cultura cubana también vaya de mal a peor.

Pero no es a eso precisamente -¡Stalin los ampare!- a lo que se refieren los intelectuales orgánicos del régimen. Ahora resulta que también en el caso de las órdenes del Comandante a los intelectuales, no fuimos capaces de interpretar a cabalidad lo que quiso decir. Las reglas del juego no eran tan rígidas como creímos.  La censura no fue tal, sino autocensura, brutos y masoquistas que siempre hemos sido a la hora de cumplir las órdenes del Jefe.

Así, el periodista Pedro de la Hoz califica las Palabras a los Intelectuales ("Una vida mejor en el orden cultural", periódico Granma, 30 de junio) como: "una declaración de principios abierta, inclusiva y antidogmática, que conjuró el temor a que desde la institucionalidad revolucionaria se dictaran normas, se impusieran criterios estéticos, se establecieran capillas y se anatematizaran nombres y obras..."

¡Miren eso! ¡Y nosotros que pensábamos que era justamente lo contrario! ¡Haberlo dicho Fidel Castro en un lenguaje más asequible a nosotros, los mortales!

¿Se imaginan, por ejemplo, si nos hubiéramos ahorrado el caso Padilla, el realismo socialista a la cañona y aquella extraña manía que les dio a tantos poetas de abandonar los versos coloquiales y dedicarse a escribir aquellas espantosas novelas policiales que premiaban en concursos literarios auspiciados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias? Eso, si no morían de rabia o de tristeza.

Pero es que no sólo el Máximo Líder hablaba enredado para los torpes oídos de los intelectuales y artistas. ¿Quién adivinaba en 1961 las intenciones de Alfredo Guevara, el zar del ICAIC y amigo personal del Líder, cuando secundado por los estalinistas del PSP arremetía contra el documental PM, Lunes de Revolución y todo lo que resultara independiente? Y he aquí que hoy, con un saco echado sobre los hombros, a lo Bette Davis, similar al que usó en las reuniones de la Biblioteca Nacional, llama a salir del disparate, a desestatizar y desburocratizar y "destruir este aparataje descomunal que ha decomisado la sociedad".

Para colmo, tales palabras de Alfredo Guevara, que hoy parece estar más lúcido que cuando era joven, las reprodujo Cuba Debate. Claro, por estos días sobra espacio en Cuba Debate porque el Compañero Fidel hace varias semanas que no escribe sus reflexiones.

A propósito, para que vean que no hay dogmatismo y para que se acabe el chisme, ¿por qué no se embulla el Compañero Fidel y escribe una reflexión donde aclare definitivamente, en cuestiones del arte, qué rayos significa "dentro" o "contra la revolución"?