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En la ruta de Gadafi, Assad y Ahmadineyad

 Odelín Alfonso Torna, Primavera Digitgal

Arroyo Naranjo, La Habana.- No es por preservar "las conquistas de la revolución" que se reprime a la oposición interna. Hace mucho que los cánticos del socialismo y su falso igualitarismo se apagaron en los viejos megáfonos. Tal vez nunca tuvo sonido propio y no lo sabíamos.

Arrestos, golpizas, falsos procesos judiciales y todo un instrumental de coacciones bien diseñadas, se vierten hoy sobre la sociedad civil prodemocrática.

En realidad, reprimen porque dos ancianos hijos de una misma madre -no así del mismo padre, según dicen las malas lenguas-, necesitan sostener el poder y la fortuna ganada durante 54 años, todo para bien de sus descendientes y amigos del clan.

Fidel Castro es el sátrapa que corrió las cercas de Biran hasta La Habana, fusiló por escarmiento y hasta cierto punto reprimió con violencia. En cuanto a Raúl Castro, actual presidente, se proyecta como el clásico gobernante sin carisma, antipopular, ignominioso y nada protocolar.

El incremento de la violencia por parte de la policía política y las turbas progubernamentales está plasmado en el último párrafo de una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores, publicada en el periódico Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista, el pasado 2 de noviembre: "El Ministerio de Relaciones Exteriores ratifica que Cuba no cederá terreno a la injerencia y que utilizará todos los mecanismos legales a su alcance para defender la soberanía conquistada y hacer valer el respeto al pueblo cubano y a las leyes del país".

La pasada semana, una abogada y su esposo, periodistas además de las revistas digitales Primavera de Cuba y Cubanet, Yaremis Flores y Veizant Boloy, palparon el verdadero rostro de una tiranía que los educó en el respeto al derecho legal y constitucional. Ambos fueron arrestados por la policía política el 7 de noviembre. Esto trajo consigo también una serie de arrestos y brutales golpizas a opositores que exigieron pacíficamente la excarcelación del matrimonio de abogados y otros activistas detenidos.

Yaremis Flores, junto a la jurista Laritza Diversent y un grupo de abogados independientes, dirigen el Centro de Información Legal Cubalex, una oficina habilitada para remitir las violaciones al Alto Comisionado de Derechos Humanos en Ginebra. Ubicada en El Calvario, a 15 kilómetros del centro de La Habana, esta oficina procesa los casos de arrestos y maltratos físicos, previamente confirmados.

Pero el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, receptor de las denuncias de golpizas y arrestos arbitrarios no acaba de clavarle el banderín a la bestia. Incluso, para orgullo de la cátedra de dictadores, el Consejo de Derechos Humanos reserva una silla permanente para Cuba. Como si se anticipara a la sofocación sangrienta de un posible estallido social en Cuba, al gobierno de Raúl se le ocurre demandar reformas en el Consejo de Seguridad de la ONU.

A Yaremis Flores se le acusa de difundir noticias falsas relacionadas con las supuestas muertes de reclusos en una prisión de Santiago de Cuba, a raíz del paso del huracán Sandy, en la madrugada del 25 de noviembre.

¿Puede un gobierno que censura, miente e impide el derecho a la información, acusar a alguien? ¿Acaso el gobierno cubano ha ratificado el Pacto de los Derechos Políticos y Civiles y el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, firmados el 28 de febrero de 2008?

Obviamente, Raúl Castro está en la misma ruta de Gaddafi, Assad y Ahmadineyad, lo que implica anular el respeto de todo ciudadano a discrepar del gobierno. Y como las cosas andan patas arriba con Irán y Siria, Cuba teme que el Consejo de Seguridad de la ONU advierta al Consejo de Derechos Humanos sobre la situación en isla.

 

 

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