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En la muerte de un príncipe

Para nuestra querida amiga Silvia Sarasúa

Rogelio Fabio Hurtado, en Primavera Digital

Marianao, La Habana.- La pasada semana falleció en la ciudad de Miami Jorge Valls Arango, a los 82 años de una vida fecunda y apasionada, que a todos sus amigos hubiésemos querido eterna.

Había fundado en 1955 en la combativa Universidad de La Habana, el Directorio Revolucionario, brazo armado de la FEU, junto a sus amigos José Antonio, Fructuoso y Juan Pedro entre otros jóvenes patriotas, para combatir al régimen de Fulgencio Batista, Jorge lo hizo, hasta verse forzado a un primer exilio en México.

 

Al triunfo de la lucha insurreccional, retorna a Cuba pero no se trepa al carro de la victoria. Su anterior trato personal con el líder, a quien uno de sus biógrafos afirma haberle presentado a la bellísima Naty Revueltas, lo llevó a mantenerse un tanto al margen, pese a sus merecimientos y méritos revolucionarios, uno de los cuales fue haber colaborado con la Doctora Melba Hernández en el cotejo de las citas martianas incluidas en La Historia Me Absolverá.

Jorge había participado, junto a Faustino Pérez y Armando Hart, en el fallido intento de tomar el Campamento Militar de Columbia, encabezado por el Profesor Rafael García Bárcenas, un demócrata intachable, a quien siempre admiró sin reservas. Sus dos amigos, antes mencionados, se integraron al Movimiento 26 de Julio, Jorge no. Idealista y profundamente libertario, el tufo a fascismo que destilaba el término Movimiento le repugnaba.

En 1964, la viuda de Fructuoso y otras figuras del Directorio, consigue finalmente que el estudiante Marcos Rodríguez sea llevado a Juicio, acusado de ser el delator ante el coronel Esteban Ventura, del apartamento de la calle Humbold donde se escondían los dirigentes del Directorio que habían sobrevivido al heroico asalto al Palacio Presidencial, un mes antes.

Ventura y su cuadrilla se presentaron allí y mataron a los cuatro: Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó Serviá, Joe Westbrook Rosales y José Machado. En el Informe policial entregado a la prensa, se declaraba como fugitivo al ahora acusado de delator.

Jorge Valls era amigo de Marcos y estaba convencido de su inocencia. Aunque se asegura que intentaron disuadirlo, Jorge se presentó en el Juicio. Fue el único testigo del Dr. Grillo Longoria, abogado defensor de Rodríguez.

El proceso mereció amplia difusión, tanto por la prensa como por la radio. Recuerdo haber escuchado la tronante voz de Jorge cuando el Presidente del Tribunal le tomaba el habitual Juramento: -“¡Ante Dios lo juro!”, repitió en tres ocasiones a la reiterada petición del funcionario judicial de que jurase ante los hombres.

No olviden que en 1964 toda mención a Dios estaba rigurosamente prohibida. Finalmente, Jorge agregó “y ante los hombres”, y comenzó su alegato en defensa de su amigo. Acción que, para muchos, determinó que pocas semanas más tarde fuese detenido y rápidamente condenado nada menos que a 20 años de cárcel. Testimonio que recogió en su Libro 20 años y 40 días, condena que cumplió sin claudicación de ningún género.

Alcancé a conocerlo personalmente durante mi primera visita a Miami, en 1996. Disfruté de su sabiduría y de su lucidez en las tertulias semanales que tenían lugar debajo de la mata de mango, en el patio de amigo el Dr. Roberto Simeón. Luego no dejé de verlo en mis siguientes visitas. Alguna noche de Gallery Night presencié una de las rapsódicas presentaciones que obsequiaba generosamente a las muestras de los pintores.

Jorge Valls Arango fue un ser prodigioso. Uno parecía estar en presencia de un elocuente maestro peripatético. Poseía la virtud de entregarnos su erudición con amenidad, y uno no se cansaba de escucharlo, fuese cual fuese el tema que trataba.

Creo que uno de los traumas más graves que hemos padecido, ha sido que hombres de la nobilísima estirpe de Jorge Valls se hayan visto obligados a sufrir cautiverio durante los mejores años de sus vidas, y a vivir marginados por el régimen el resto de sus preciosas vidas.

Como quería Unamuno, Jorge Valls Arango vivió de manera tal que ha conseguido que su muerte sea una injusticia.