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En busca del cajero automático

Osmar Laffita, Primavera Digital

Capdevila, La Habana, (PD) Cuba es uno de los países de América Latina que reporta la mayor cantidad de habitantes de la tercera edad.

Junto con Uruguay y Barbados está entre las primeras naciones del continente americano que sus respetivos estados destinan millonarias sumas de dólares para el pago de jubilación y asistencia social.

Una muestra de ello es que en la pasada Asamblea Nacional del Poder Popular celebrada el 23 de diciembre del pasado año en el Dictamen sobre la liquidación del Presupuesto del Estado 2011 dado a conocer a los diputados por Osvaldo Martínez, presidente de la Comisión de Asuntos Económicos del total del dinero aprobado para el año fiscal que termino en diciembre, se destinaron 166 262 000 de dólares para el pago a los pensionados y la asistencia social.

Un monto realmente irrisorio: unos 14 dólares percápita mensuales es lo que reciben como pago los jubilados cubanos. Con tal cantidad de dinero solo pueden cubrir sus necesidades más perentorias de una semana; el resto del mes la mayoría dependen de sus familiares, los que no los tienen, viven a expensas de la caridad pública.

La Constitución cubana en su artículo 1 plantea que "Cuba es un Estado socialista de trabajadores", por tanto se supone que el Estado cubano, apegado a este mandato constitucional, dirija parte de sus esfuerzos hacia aquellos que después de haber trabajado 40 años o más y haber contribuido con su esfuerzo a edificar parte del patrimonio de la nación, al jubilarse disfruten de los beneficios y ventajas que les corresponden. Pero ocurre todo lo contrario.

Sin ninguna exageración, se puede afirmar que en estos momentos los jubilados en Cuba son las personas peor tratadas. Las instituciones estatales no les brindan la protección que ellos merecen.

 

Los primeros cincos días del mes en todas las ciudades y pueblos de Cuba, a las primeras horas de la mañana y a veces desde la madrugada, se ve a miles de jubilados salir de sus hogares para marcar en la larga cola que se hacen en los bancos para cobrar su mísera pensión.

En estos últimos 20 años el número de jubilados ha crecido de manera exponencial: ya sobrepasan el millón y medio. Pero hace más de 30 año que no se construyen bancos nuevos. Los que existen están plagados de un largo inventario de ineficiencias y mal servicio.

Es normal que en estos bancos no siempre estén todas las cajeras. En pleno pago de los jubilados se va la luz. Como la mayoría de estas sucursales no tienen plantas eléctricas de emergencia, entonces hay que esperar no se sabe qué tiempo a que se restablezcan nuevamente el servicio para poder cobrar.

También son normales las interrupciones en las operaciones bancarias que se realizan por medio de las computadoras. Al caerse la señal, se paralizan los pagos hasta que se restablezca.

A todas estas deficiencias hay que agregar que para poder cobrar, los jubilados tienen que esperar muchas horas, expuestos al sol o la lluvia por no tener donde guarecerse.

A principios de la década de los 90 se instalaron 377 cajeros automáticos, todos comprados en el exterior, de segunda mano.  286 fueron destinados a la capital. En estos momentos, gran parte de ellos, por falta de pieza, mala operación o problemas en la recepción de la señal no funcionan. Los existentes se congestionan los primeros cincos días del mes cuando concurren en masa los jubilados al cobro de su pensión.

En respuesta a interrogantes formuladas por los diputados de la Asamblea Nacional al presidente del Banco Central de Cuba (BCC), Ernesto Medina Villaveirán, sobre cómo se solucionará este asunto de la carencia de cajeros automáticos que afecta el servio, y con mayor incidencia, el cobro de los jubilados, este explicó  que los cajeros automáticos cuestan 15 000 dólares, sin contar el valor de las piezas de repuesto, los sistemas de comunicación para conectarlos a la red y el suministro de electricidad. Para asombro de los diputados, Medina Villaveirán planteó que en estos momentos no existen los fondos para hacer una nueva inversión para la compra de cajeros automáticos. Tal respuesta es una muestra más de que el llamado "Estado de los trabajadores" se desentiende de las amarguras, mortificaciones y penalidades que sufren los jubilados cuando llegan los días del cobro de sus pensiones.

 

 

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