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¿Ellos habrían sido como nosotros?

Roberto Jesús Quiñones Haces

GUANTÁNAMO, Cuba, octubre, www.cubanet.org -Hoy se conmemoran 145 años del inicio de nuestra primera guerra de independencia. El 10 de octubre de 1968, al celebrarse el centenario de ese hecho histórico, Fidel Castro pronunció un discurso donde expuso su idea de que en las mismas condiciones  vividas por quienes se levantaron en armas contra el gobierno de España, los revolucionarios presentes en ese acto sido como aquéllos insignes patriotas, y viceversa. La frase fue: “Ellos, hoy, habrían sido como nosotros; nosotros, entonces, habríamos sido como ellos”.

Fidel no era en 1968 ese anciano de andar vacilante, torso doblado y voz casi ininteligible que nos mostró la televisión el pasado tres de febrero al celebrarse las votaciones para diputados a la Asamblea Nacional, sino un hombre de 42 años, vigoroso y soñador que se mofaba del embargo.  Sin miramientos de ninguna índole había impuesto su visión de lo que tenía que ser el gobierno que obtuvo por la fuerza de las armas y, haciéndole culto a su apellido, convirtió a Cuba en su campamento. La frase mencionada, a fuerza de ser reiterada, se aceptó como cierta y los medios, nuestros profesores y los dirigentes, se encargaron de propalar la tesis.

Sin embargo, cualquier persona medianamente informada sabe que dicha frase sólo fue otra especulación dentro de la extensísima oratoria del comandante. Bastaría revisar los nombres de los fusilados durante los primeros años de su revolución- que también se fue a bolina-, para advertir entre ellos a muchos revolucionarios que lucharon junto a Fidel en contra de la dictadura de Batista y nunca simpatizaron con la ideología comunista, aupada  por los astutos miembros del P.S.P., que muy pronto  y sin aportar casi nada, penetraron todas las estructuras del naciente gobierno revolucionario y  fueron logrando que los jóvenes rebeldes traicionaran el Programa del Moncada y  los Pactos de México y La Sierra y comenzaran a embriagarse con “ las mieles del poder” (1).

Frank País, José A. Echevarría y Camilo Cienfuegos no fueron comunistas. De no haber sido  asesinados los dos primeros o muerto en misteriosas circunstancias el último, preguntarse si no habrían terminado  también frente a un paredón de fusilamiento o purgando una larguísima condena, como ocurrió con el comandante Hubert Matos y cientos de oficiales y combatientes del ejército rebelde resulta totalmente  válido. Y si tal cuestionamiento resulta válido para el caso de estos tres jóvenes, mucho más lo es cuando evocamos las vidas de patriotas como José Martí, Ignacio Agramonte o el propio Carlos Manuel de Céspedes y las contrastamos con la frase del comandante. Uno de los argumentos preferidos por los ideólogos del castrismo para justificar la mencionada tesis es que aquéllos hombres -de los que he tomado sólo tres ejemplos cimeros- no tuvieron tiempo para conocer el marxismo y, por tanto, no pudieron manifestarse en su contra.

Nada más lejos de la verdad. Las opiniones que Agramonte y Martí vertieron sobre las ideas de Carlos Marx no dejan lugar a las dudas. En el caso del Padre de la Patria, basta leer el documento histórico conocido como “Acta de El Rosario. Acuerdo del Levantamiento”, para percatarnos de su hondísima vocación democrática y lo afianzadas que estaban en él las ideas liberales, así como su decidido rechazo a todo tipo de autoritarismo. En dicho documento, los patriotas que se levantaron en armas en contra de España declararon: “Al Dios de nuestras conciencias apelamos, y al fallo de las naciones civilizadas. Aspiramos a la soberanía popular y al sufragio universal. Queremos disfrutar de la libertad para cuyo uso creó Dios al hombre. Profesamos sinceramente el dogma de la fraternidad, de la tolerancia, y de la justicia, y considerando iguales a todos los hombres, a ninguno excluimos de sus beneficios; ni aún a los españoles, si están dispuestos a vivir en paz con nosotros. Queremos, que el pueblo intervenga en la formación de las leyes, y en reparto e inversión de las contribuciones. Queremos abolir la esclavitud indemnizando a los que resulten perjudicados. Queremos libertad de reunión, libertad de imprenta y libertad de conciencia; y pedimos religioso respeto a los derechos inalienables del hombre, base de la independencia y la grandeza de los pueblos. Queremos sacudir para siempre el yugo de España y constituirnos en nación libre e independiente” (2).

Ignacio Agramonte dijo frases lapidarias en contra del totalitarismo, entre ellas ésta que leí recientemente en el número 5 de “Vocablo”, publicación de la Asociación Pro Libertad de Prensa: “El gobierno que con una centralización absoluta destruya ese franco desarrollo de la acción individual y detenga la sociedad en su desenvolvimiento progresivo, no se funda en la justicia y en la razón, sino tan solo en la fuerza; y el Estado que tal fundamento tenga, podrá en un momento de energía anunciarse al mundo como estable e imperecedero, pero tarde o temprano, cuando los hombres conociendo sus derechos violados se propongan reivindicarlos, irá el estruendo del cañón a anunciarle que cesó su letal dominación”. No en balde no se encuentran biografías de este prócer en ninguna librería y es sumamente difícil hallarlas en las bibliotecas. ¡Qué decir entonces de lo que escribió nuestro Apóstol! Tanta ha sido la afrenta que sus Obras Completas han llegado a venderse eliminando los tomos donde constan esos pensamientos y críticas al marxismo y al socialismo.

No existe tampoco una sola prueba que permita afirmar que hombres como Camilo Cienfuegos, numerosos guerrilleros que lucharon en Oriente o los integrantes del II Frente del Escambray tuvieran ideales comunistas al alzarse en contra de Batista ni aún el primero de enero de 1959. Ante estas abrumadoras evidencias podemos afirmar sin temor a equivocarnos: ¡No, los mambises nunca habrían sido como dijo Fidel Castro en 1968!

Notas:

 (1) Frase usada por Fidel Castro en una de sus reflexiones al referirse a la defenestración de Carlos Lage  Dávila y Felipe Pérez Roque.

 (2) Este documento es conocido como “Acta de El Rosario”, Acuerdo del Levantamiento y aparece en la p.103 del libro “Carlos Manuel de Céspedes”, escrito por Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo y publicado por la Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982.

 

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