Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

Elecciones, ¿para qué?

Ana Torricella, en Primavera Digital

Lawton, La Habana.- En 1959, al Comandante en jefe cuando alguien le habló de elecciones, se dice que este exclamó: “¡Elecciones para qué!” y que esta salida tan suya, se convirtió en una consigna de aquel momento. Cada vez que se convoca a elecciones en Cuba, los que votan para elegir delegados municipales del Poder Popular lo hacen bajo la compulsión acostumbrada. Votan, -quiéranlo o no- para que todo siga igual y con “la misma gente”. En fin, “esta gente”, como se dice entre cubanos para referirse al régimen militar.

A la mayoría no le importa la votación. Sus más caros y preciados intereses son la comida y el dinero necesario para adquirirla.

Tengo vecinos que viven en una miseria de espanto. Entre ellos hay una joven, muy bella. Esta consiguió casarse con un español y se mudó para Valencia. Hace unos años, vino de visita a Cuba, compró regalos y trajo euros. Pero la familia no usó ese dinero para comprar muebles ni arreglar la desvencijada vivienda: lo usó para comprar un aire acondicionado y un equipo de música. En la actualidad, mitigan el hambre con música atronadora, que escuchan en atmósfera climatizada mientras beben ron o cualquier alcohol barato.

A menudo sacan las bocinas para el portal. Para que se sienta la música en todo el barrio. Las sacan cuando es el cumpleaños de alguno de ellos, el Día de las Madres, el fin de año o cualquier día que hay algo que celebrar. Y también cuando hay alguna fiesta de la revolución o eso que llaman elecciones.

Hace un tiempo recuerdo que, antes del anochecer, sacaron las bocinas y pusieron música. Si a eso se podía llamar música. Fueron los primeros en votar. Comentaron: “Para salir rápido de esa mierda”. Votaron por cualquiera. Les daba lo mismo. Terminaron el día con reguetón y alcohol barato.

Mis vecinos -en voz baja- hablan horrores de “esta gente”. Dicen no deberles agradecimiento alguno. Solo que no se señalan y dejan de votar. Exigen cada vez que las necesitan, las certificaciones de recomendación que otorga el CDR a “los que cumplen con las tareas de la revolución”.

La compulsión, la extorsión y el chantaje, son los mecanismos para disponer de membresía masiva en los CDR, la FMC, la CTC y el resto de las organizaciones oficialistas que él régimen presenta como “sociedad civil”. La represión, está siempre presente. Esto completa el cuadro de la unanimidad necesaria.

Este es el panorama de todas las circunscripciones abiertas a los comicios convocados para delegados de las asambleas municipales a lo largo de toda Cuba.

Las biografías de los candidatos, aparecen con los errores ortográficos de costumbre, a la vista de todos. A nadie o a casi nadie les interesara leerlas. Con un poco de más discreción, en la actualidad, los PC (personas de confianza del partido único) indicarán por quien se debe votar.

Según las cifras oficiales iniciales, votan más del 85% de los electores inscritos. Luego rectificarán y aumentarán o no un poco para acercarse a un decoroso 90%. Suponemos que el verdadero porciento de abstención siempre haya sido bastante más elevado. Por suerte ya el gobierno no se atreve a hablar de más del 95 % de participación, como hacía hasta hace unos años.

Un 13 a un 15% de abstención puede resultar normal en otros países. En Cuba esto es bastante significativo. Aquí solo se abstienen de ir a votar los que están abiertamente en contra del régimen.

No responder a la convocatoria a la votación implica represalias que no todos están dispuestos a asumir. Quien trabaja para el único y posible patrón, el estado omnipresente, omnipotente y omnisciente, puede perder este empleo. Quien fuere cuentapropista perderá su licencia. Quien viva en el limbo de la tolerada ilegalidad, como los listeros de bolita o los vendedores y revendedores de lo sustraído en almacenes del estado, tendrá que enfrentar a la policía.

En tales términos, lo mejor es ir temprano a votar y no buscarse problemas. “¡Todo va a seguir igual!”, es el consenso general. Nadie quiere buscarse problemas, no acudir a las urnas es ciertamente encontrar grandes problemas y muy serios.

Una vecina Katy, -nombre supuesto- cuando supo que no fui a votar y le aclaré -otra vez- que no quiero irme de Cuba, dice: “¡Ustedes, los disidentes y los periodistas independientes, se van a quedar solitos con los factores! ¡Hay que irse, no hay más ná!”

Es una desoladora verdad. Especialmente si se trata de jóvenes. Como Katy. Ninguno o casi ningún joven tiene planes para el futuro en Cuba. Todos aspiran a irse. A cualquier sitio. En avión o en balsa, con pasaporte o sin él. No quieren compartir el aire con “esta gente”, que no deja vivir. Mucho menos traer hijos a este infierno. Entonces, Cuba languidece, envejece y se muere de aburrido inmovilismo.

En Cuba, se vota para que todo siga igual. Esto, no solo quiere decir mal, dice peor. Entonces, la alternativa salvadora a todo esto es una nueva Ley Electoral. El Foro por los Derechos y Libertades con sus pronunciamientos asume de forma articulada y coherente esta necesidad. ¡Apoyemos la demanda ciudadana que promueve para una nueva Ley Electoral!