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Elecciones libres y sin partido único

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- En 1948 tuvieron lugar en Cuba las últimas elecciones en las que el pueblo cubano eligió directamente a su presidente.

Han pasado sesenta y cinco años de aquel momento y han crecido varias generaciones de cubanos que no tienen idea de que es efectivamente elegir a un presidente que cumpla con un periodo y se marche para dar paso a otro mandatario.

La buena noticia es que un concepto tan elemental y palmariamente sencillo como la elección directa del presidente asciende desde las barbacoas, villas miseria y espacios marginales, como por arte de magia. Desde la entraña popular un consenso se corporiza y este consenso afirma que "esta gente", como llama el pueblo al partido-gobierno en el poder por imposición vitalicia, nunca hará cosa alguna que le beneficie y que ya es hora de salir de ellos.

La mejor entre las noticias es que son jóvenes muy lastimados moral y emocionalmente los portadores principales del nuevo discurso.

Por el momento, el miedo juega con éxito la partida. Pero hasta para el miedo, hoy aparecen fisuras. Quienes más han hecho por acentuarlas han sido las Damas de Blanco con sus gladiolos libertarios. Cada marcha dominical acelera el fin de un miedo sembrado desde hace más de cinco décadas. El centenar y más o menos personas que cada domingo demandan libertad –solo en la capital- y los que se suman cada domingo a lo largo de toda la Isla, erosionan el miedo y lo han convertido de un sentimiento compartido a otro vergonzoso y reprobable. Ya crece entre los hombres un sentimiento de vergüenza por sentir miedo. ¡Esta es una buena noticia!

Otra cosa que se destiñó definitivamente de la 'fe pública' es que alguien crea que los sindicatos oficiales responden o responderán a las aspiraciones reales de sus afiliados. Esto es algo que perdió toda la poca credibilidad que algún día tuvo, si es que la tuvo efectivamente. Los últimos choques con los inversionistas privados –mal llamados cuentapropistas- han marcado una diferencia y el resultado es lamentablemente irreversible. El pueblo de Cuba dejó de creer definitivamente en esta gente y sin decirlo de forma explícita, todos se vuelven irreversiblemente anti castristas.

Difícil es la reconciliación con quien esconde un palo para golpearte y se apresta a participar en el mitin de repudio en tu contra. ¿Cómo perdonar a quien no pide ni concede perdones? ¿Cómo, con nuestra deficiente educación machista, sería posible mirar en condición de igualdad al esbirro que golpea mujeres?

El gobierno militar del actual general-presidente defraudó al imaginario popular cubano. Aunque hayan logrado emputecer a la Isla, no lo lograron con todos los cubanos. Ni siquiera entre los militares, puede decirse que todos están en condición y disposición de golpear mujeres u opositores pacíficos desarmados.

La mejor de todas las noticias es que desde la más profunda entraña popular de la marginalidad y la miseria, el discurso popular aspira a elegir a un presidente y rechaza la exclusión y el privilegio impuestos por 'esta gente'. Lo mejor entre todo lo nuevo es que el sentimiento compartido ya oscila entre salir de Cuba o salir de 'esta gente'.

El doble discurso que alienta desde los medios controlados por el gobierno, manifestaciones fuera de Cuba, ya sea en Madrid, New York o Atenas, alienta dudas y estimula exigencias. Si por allá está bien salir a la calle a protestar, ¿por qué aquí no? La respuesta que flota en el ambiente, duele. Se acaban los paliativos y las medias verdades. El pueblo comenzó a confrontar el miedo y a reconocer nuevas identidades y necesidades. ¡Que para bien sea!

 

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