Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

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El señor Capote y la prensa independiente cubana

Por algo será que el exagente de la Seguridad del Estado y sus similares le dedican tanta atención

Roberto Jesús Quiñones Haces, en Cubanet

GUANTÁNAMO, Cuba.- El periódico Granma, en sus ediciones correspondientes a este viernes 23 y el sábado 24 de septiembre, publicó sendos artículos del señor Raúl Antonio Capote, exagente de la Seguridad del Estado, donde este arremete contra la prensa independiente cubana y el libre acceso a Internet que, como sabemos, es un derecho reconocido por la ONU pero está restringido en regímenes totalitarios como el cubano.

La presencia de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) en la cotidianidad se ha convertido -aún en las sociedades menos avanzadas tecnológicamente- en un fenómeno trascendente cuyos impactos está aún por definir. Uno de ellos está relacionado con el empoderamiento ciudadano, puesto que el acceso a la información y la posibilidad de participar en los debates que propician las redes amplían la libertad personal, sobre todo para quienes vivimos bajo regímenes totalitarios. También está por ver cuánto pueden aportar las TIC a la participación efectiva de los ciudadanos en el control del gobierno y en la toma de decisiones con una rapidez y transparencia nunca antes posible.

De ahí que resulta comprensible que dichos regímenes teman a la democratización de las TIC. En el caso de Cuba los intelectuales defensores del castrismo proclaman el derecho a la diversidad y la necesidad de un debate público sobre todos nuestros problemas, pero eso es de labios hacia afuera, porque en la práctica sus medios son discriminatorios y jamás han permitido que en sus debates se expongan las ideas de los cubanos que defienden otro proyecto de país diferente al suyo.

Según el señor Capote, “la llamada Prensa Independiente, formada, entrenada y pagada desde Estados Unidos, a través de la SINA en La Habana, no logró nunca ser creíble; desprestigiada y disminuida entró en una crisis sin salida y dejó de ser útil”.

Es evidente que el señor Capote confunde sus deseos con la realidad. Si estuviera en lo cierto no habría dedicado a esa prensa once de los quince párrafos de la primera parte de su artículo, sobre todo para denostarla. Por algo será que él, y otros como él, le dedican tanta atención. Porque si esa prensa fuera inefectiva, mentirosa, mercenaria, etc., etc. -como él afirma-, es obvio que un pueblo tan maduro políticamente como el cubano -según dicen nuestros dirigentes- no le prestaría ninguna atención ni se dejaría confundir por ella. Sin embargo, es el gobierno el que impide que la prensa independiente circule libremente en Cuba y es él quien bloquea sus páginas en Internet. ¿Por qué esas medidas ante una prensa derrotada, señor Capote? ¿Cuál es del miedo?

Por supuesto que en la abundante lista de acusaciones no podía faltar el término mercenario. Como no tengo el derecho de hablar por mis colegas voy a referirme a mi experiencia personal en CubaNet, donde trabajo desde hace cuatro años y unos meses. Soy periodista independiente por decisión personal y porque a pesar de que el gobierno cubano asegura públicamente que “nadie será abandonado a su suerte”, después que salí de la cárcel en el 2003 jamás me ha permitido ejercer la carrera de abogado. Esos mismos dirigentes, que se llenan la boca para afirmar que Cuba es el campeón de los derechos humanos, me han discriminado y humillado a su antojo y me han negado el derecho al trabajo y hasta el de participar en la vida cultural de mi país como escritor. Por eso, para ganarme la vida honradamente me convertí en periodista independiente con todos los riesgos que esa labor tiene en una dictadura.

En CubaNet jamás me han indicado sobre lo que tengo que escribir, algo que, como sabe el señor Capote, es bien distinto en los medios oficialistas controlados por el departamento ideológico del partido. Tampoco eso me ha ocurrido con la dirección de Primavera Digital, un medio con el que colaboro ocasionalmente sin cobrar un centavo. Digo más: quien entre a las páginas de esos medios comprobará que en ellos escriben personas con posiciones ideológicas que van desde la derecha hacia la izquierda y hasta alguno que desea que Cuba vuelva a depender de España. Así de rica es la diversidad humana, así de saludable es la libertad cuando deja a los ciudadanos el derecho de formar su propio juicio sin necesidad de que los mandantes les indiquen qué leer y qué no.

A los periodistas oficialistas no sólo les indican los temas sobre los que deben escribir sino que si se equivocan ya saben lo que les espera. El último caso ocurrió con un joven de Holguín, pero la lista es muy larga. Todos ustedes, señor Capote, son pagados por el partido para que defiendan su programa y los más disciplinados y talentosos reciben autos, casas y viajes al extranjero pagados por el castrismo. ¿Qué nombre le ponemos a eso, señor Capote?

Más allá de estas habituales rabietas intelectuales hay una realidad inevitable: Nadie, ningún gobierno, individuo o partido, por poderoso que sea, puede impedir el triunfo de la verdad y de la libertad en la conciencia de los individuos, mucho menos cuando están favorecidos por la tecnología.

Parafraseando al gran poeta cubano Eliseo Diego, solamente le digo al señor Capote que le dejo el tiempo, ése que muchos como él no desean que llegue, pero que algún día se instalará definitivamente en Cuba “con todos y para el bien de todos”.