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El salto del mosquito

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba, agosto, www.cubanet.org - Edigio es un campesino oriundo de Pinar del Río, aunque reside en Bauta, pueblo del oeste habanero. Cultivó la tierra desde que abrió los ojos al mundo, porque lo aprendió de su padre y de su abuelo. Hoy, con 75 años, ya jubilado, recuerda como algo muy importante en su vida un viaje que realizó a Viet Nam, en 1978, cuando formó parte de una delegación campesina, perteneciente a las grandes arroceras de su provincia natal.

Hacía muy poco que había concluido la intervención estadounidense en ese país del sureste asiático. Edigio vio, asombrado, cómo aquellos pequeños hombres ya se disponían a desarrollar la agricultura sobre los campos minados y cómo, para vergüenza nuestra, hasta nos enviaron arroz.

 “Allá supe -dice Edigio- que los vietnamitas practicaron la agricultura desde mucho antes de Cristo. Pero no creo que esta fuera la única razón para que ese país haya podido dar el Salto del Tigre, respecto a su economía. Lo más importante fue que tras el derrumbamiento del comunismo soviético, en 1991, Viet Nam aceleró el proceso de reformas económicas. También influye mucho que Estados Unidos haya hecho importantes inversiones con el gobierno de Hanoi. En este sentido, Cuba se ha quedado atrás. No hizo como Viet Nam, que se levantó sobre sus ruinas, pasó la hoja y se olvidó de rencores y odios inútiles”.

A Eligio le gustaría volver a visitar la ciudad de Ho Chi Minh. “Los vietnamitas no mencionan para nada el pasado –puntualiza-, ni insisten tanto con el socialismo. Se enfrascaron en hacer avanzar al país y lo están logrando, mientras que Fidel y Raúl sólo han podido dar el salto del mosquito”.

En cuanto a cómo ve los pretendidos cambios del gobierno de Raúl Castro, este avispado campesino afirma: “Mal, muy mal. Es que Cuba comenzó mal y lo que mal comienza, mal termina. Es un proverbio que los comunistas olvidamos”.

¿Usted es comunista todavía?, le pregunto. Ante lo que Edigio responde con sinceridad: “Un poco, sí. Es como un sentimiento romántico, como la novia de los quince que no se olvida. Una tontería tal vez. El corazón humano tiene sus misterios. Pero si le dije que todo comenzó mal, es cierto. Ahora todos nos damos cuenta. Yo no sé si a Fidel le ocurre lo mismo. Acabamos con el comercio en el que participaba todo el pueblo, un comercio floreciente y ahora queremos comenzar de nuevo con unos miles, improvisados, que de comercio no saben nada, porque pasó mucho tiempo y el pueblo se olvidó no sólo de producir de forma individual, sino de vender sus productos.

-¿Qué hacer entonces, Edigio?

-Ni me lo pregunte. ¿Ve cómo estoy vestido, que parezco un mendigo? Así está Cuba y así seguirá si no ocurre un milagro.

-¿Cuál milagro?

-Que los viejos se retiren y le den el mando a los jóvenes, esos que no pueden decidir, porque no los dejan.

-¿Cree usted que verá realizarse tal milagro?

-¿Antes de mis ochenta años? Por supuesto. Sólo faltan cinco. Siempre he sido un guajiro optimista.

 

 

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