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El síndrome de la ironía

Rogelio Travieso, en Primavera Digital

Cerro, La Habana.- El pasado jueves 17 de marzo, en la Sala de Prensa del Hotel Tryp Habana Libre, ante periodistas nacionales y extranjeros, el canciller cubano Bruno Rodríguez, expresó: “En nuestra relación con Estados Unidos no está, de ninguna manera, en la mesa de negociaciones, la realización de cambios internos en Cuba, que son y serán de la exclusiva soberanía de nuestro pueblo”.

¿Soberanía, de qué pueblo? ¿Serán acaso el pueblo, los hermanos Castro, los generales y coroneles de entera confianza; algunos miembros del Buró Político y el Comité Central del Partido Comunista y otros que puedan ser escogidos para integrar la Asamblea Nacional? ¿Será una dinastía, tipo Corea del Norte, de los hijos de papá y otros familiares, encabezada tal vez, por el coronel Alejandro Castro Espín, el general Rodríguez Callejas, Fidel Castro Díaz-Balart, Antonio Castro Soto del Valle, Mariela Castro Espín, etc.? Tipo Corea del Norte.

El pueblo de a pie, ni es soberano, ni cuenta para nada, pues el artículo # 5 de la Constitución enuncia que la soberanía le corresponde al Partido Comunista.

En Cuba el pueblo no elige a sus gobernantes. La Ley Electoral es un engendro de truco, donde el ciudadano, solo tiene posibilidades de proponer y votar por alguien sin poder de recursos en el barrio, así como cada 5 años a los que la Comisión Electoral Nacional, que cumple el mandato del PCC, decide quienes sean de los poco más de 600 propuestos a elegir para la Asamblea Nacional del Poder Popular.

El 6 de marzo de 2001, Todos Unidos, una agrupación opositora no reconocida pero tolerada a medias, con su principal gestor al frente, el lamentablemente fallecido Oswaldo Payá Sardiñas, se dio a la tarea de lograr dar cumplimiento al artículo de iniciativa de las leyes 88g de la Constitución cubana. Trabajando con muchos riesgos, lograron cumplir con lo propuesto en el Proyecto Varela.

Una representación del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela, todos cubanos de a pie, el 10 de mayo de 2002 presentaron a la Asamblea Nacional 11,020 firmas, cifra superior a la que según requisito exige el citado artículo de la Constitución, solicitando que se convocara a un referendo nacional para aprobar o no lo que pedía el Proyecto Varela.

¿Qué pedía este Proyecto? Libertad de expresión, de prensa y de asociación, amnistía para los presos políticos, libertad económica, una nueva ley electoral y elecciones libres.

En la sede de la Asamblea Nacional se entregaron 11,020 firmas a favor del referendo.

La mayoría de los gestores del Proyecto Varela fueron presos y cumplieron condenas en la llamada Primavera Negra del año 2003. Oswaldo Paya, años después, tendría un trágico final

La Constitución cubana es una camisa de fuerza. De sus 137 artículos se pueden desechar 135 más el Preámbulo, de nada sirven. Con solo dejar dos es suficiente: el número 5 y el 62. Este último advierte que todo lo que vaya en contra del socialismo es punible.

Como respuesta al Proyecto Varela, el régimen, basado en el artículo 88d, convocó a un plebiscito para aprobar el antidialéctico “socialismo irrevocable”. Después vino la represión, los encarcelamientos y el destierro.

Es desquiciante escuchar a qué llama el régimen “sociedad civil”: las llamadas organizaciones de masas, todas oficialistas.

Recordemos que por ejemplo, el Secretario General de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) es además miembro del Comité Central del partido único, el PCC.

Los CDR también son parte de esa sociedad civil.

El periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista, el pasado sábado 19 de marzo publicó una declaración de los CDR que asegura agrupar en su seno, “de forma voluntaria, a más de 8 millones de compatriotas, el 91% de los ciudadanos mayores de 14 años”.

No dice que muchos de ellos están en las prisiones o son de los centenares que todos los días van a la embajada de Estados Unidos u otros países a solicitar visas para irse de este suplicio.

Esos mismos CDR hasta hace pocos años contribuían a que el oficialismo decomisara las pertenencias de los vecinos a los que les llegaba la llamada Carta Blanca, el permiso para poder marcharse del país. Son los mismos CDR que gritaban hasta hace poco: ¡Cuba sí, Yanquis No!, y ahora porque se lo ordenaron, hipócritamente, le da la bienvenida al Presidente de los Estados Unidos.

Suceden muchas cosas irónicas.

Hace unos días fue condecorado con la Orden José Martí, el presidente Nicolás Maduro, cuando hace apenas tres meses la mayoría de los venezolanos (2,5 millones) emitieron un voto de castigo contra él y el chavismo y a favor de la oposición.

¿Es preciso celebrar el concierto de los Rolling Stones el 25 de marzo, siendo Viernes Santo?

Lo que apreciamos hoy en Cuba se corresponde con el Síndrome de la Ironía.