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El reverso de las leyes, reflejo fiel de la realidad cubana

Nelson Rodríguez Chartrand, en Primavera Digital

San Agustín, La Lisa.- Quien no haya vivido en Cuba y desee conocer en su verdadera dimensión la realidad de la sociedad cubana, les propongo un método muy sencillo, pero muy eficaz, ideal para conocerla: escudriñar el reverso de sus propias leyes, en especial el reverso de la Constitución.

Por ejemplo, si usted analiza el artículo 1 en relación con el inciso c) del artículo 9 de la Constitución cubana, tan sólo para poner un ejemplo, de seguro se hará la idea de que se encuentra ante una sociedad justa, paradisíaca. Y es lógico que así sea, si se leen cosas como estas: “… El Estado cubano está organizado con todos y para el bien de todos,… para el disfrute de la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”. Así dice el artículo 1 de nuestra Carta Magna.

El inciso c) del artículo 9 asegura que “el Estado trabaja por lograr que no haya familia que no tenga una vivienda confortable.”

Veamos ahora la realidad de la sociedad cubana, reflejada en el reverso de estos dos preceptos.

En la avenida 39 A, No. 8203 entre 82 y 84, en el municipio capitalino Marianao, vive desde hace 60 años Evelio González Armenteros, de 67 años.

Jubilado, con una pensión de 200 pesos mensuales, suficiente para vivir una mísera vida, le ha sido imposible reparar su vivienda.

Ya antes de morir sus padres, la casa se encontraba en estado deplorable. Hoy está inhabitable, con más del 50% sin techos ni paredes.

“Es mejor vivir debajo de un puente”, dice Evelio González.

Hace alrededor de un año creyó que la suerte había tocado a su puerta. Una persona con medios para construir, le propuso permutar, ofreciéndole un apartamento confortable. Sin pensarlo dos veces, accedió. Pensó que al fin vería realizados mis sueños: vivir sus últimos años con dignidad. Lejos estaba de imaginar Evelio la odisea que le aguardaba.

La vivienda era propiedad de sus padres, los que testaron a favor de Evelio y de su hermano. Al fallecer su hermano, Evelio quedó como en único heredero.

Evelio acudió ante un notario para legalizar su vivienda primero, y adjudicársela después. Para ello, por orientaciones del letrado, tuvo que agenciarse de su certificación de nacimiento, las certificaciones de defunción de sus padres y su hermano, certificados de actos de última voluntad, certificación de matrimonio de sus padres, y dictamen técnico de la vivienda, soportando los sinsabores que esto implica en una sociedad asfixiada por la burocracia y la corrupción.

Y aquí viene lo insólito: después de tener en su poder todos los documentos requeridos, la Dirección Municipal de Vivienda de Marianao emitió un documento firmado por el técnico Hidalgo Proenza, por el cual no se le permite a Evelio adquirir el título de propiedad de su vivienda, por el sólo hecho de que la misma se encuentra en mal estado técnico.

A pesar de su frustración, Evelio procedió entonces a solicitar un subsidio al gobierno, para acometer alguna acción constructiva y mejorar el estado de su vivienda, para poder de esta manera adquirir la propiedad de la misma, que por derecho propio, le pertenece según las leyes.

¿Y saben cuál fue la respuesta? Le fue denegado el subsidio, esta vez, por no ostentar la titularidad de su vivienda.

Así mismo, señores.

Evelio González se encuentra en un laberinto sin salida. Por un lado le niegan la titularidad del inmueble por encontrarse en mal estado técnico, razón por la cual no puede realizar la permuta. Y por otro, no puede mejorar las condiciones de su vivienda porque le niegan un subsidio a pesar de su insolvencia económica, y precisamente, por no ostentar la titularidad formal de algo que por derecho propio le pertenece.

Así las cosas, el viejo Evelio se encuentra hoy abandonado a su suerte, condenado a morir entre ruinas.

¿Acaso esta historia completamente real y actual no constituye el reverso de los artículos 1 y 29 (c) de la Constitución cubana?