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El regreso de Alan Gross: ¿vivo o muerto?

Jorge Olivera Castillo, en Primavera Digital

Habana Vieja, La Habana.- El subcontratista norteamericano Alan Gross piensa que en el 2015 obtendrá la libertad. Así lo ha hecho saber desde la celda que ocupa en la sala para reclusos del Hospital Carlos J Finlay, donde extingue su sanción de 15 años por distribuir sofisticados equipos de comunicación a la pequeña comunidad judía en Cuba.

No sé si serán premoniciones débilmente fundamentadas, algún arreglo que se teje entre bambalinas por ambos gobiernos o si estima que podría salir del próximo año, pero en un sarcófago; pues a juzgar por las fotografías que circulan en internet, su estado físico no es el mejor.

El asunto parece no tener fin. Las condiciones impuestas por la parte cubana impiden avanzar hacia una solución.

Hay evidencias suficientes de que el intercambio del estadounidense por los tres espías cubanos que aun guardan prisión en Estados Unidos desde 1998, tras ser cogidos in fraganti, no va a ningún lado.

Ni la Casa Blanca ni ningún legislador republicano o demócrata, aprueba este tipo de transacción que pretende poner en la misma balanza a una persona que entró por el aeropuerto José Martí sin contratiempos. No lo hizo con una identidad falsa ni con dispositivos para recabar información sensible, hechos que desmienten tanto a sus acusadores como al tribunal que se aprestaron a acusarlo por un delito de espionaje.

En cambio, la Red Avispa a la que pertenecían los cinco cubanos promocionados como héroes en todos los medios oficiales, sí cumplían misiones de inteligencia. Nombres falsos, equipos de escucha utilizados para esos propósitos, planes de infiltración en bases militares, códigos secretos para comunicarse con La Habana, fueron parte de las pruebas presentadas en el juicio. Valga recordar que dos de ellos ya extinguieron sus respectivas sanciones. Tras recobrar la libertad, las autoridades judiciales procedieron a la deportación.

Prever en qué momento llegará el desenlace de este escabroso tema, es imposible. De no haber rectificación en la demanda de la parte cubana del todo o nada, el asunto seguirá en un punto muerto.

¿Por qué no plantear soluciones menos exigentes? Las posiciones de las autoridades cubanas, más allá de la lógica y la mesura, lo que buscan es la humillación del adversario.

Está claro que los elementos usados para incriminar a Gross como espía son poco serios.

He escuchado opiniones de algunos cubanos de a pie en torno a una propuesta de intercambio de Gross por uno de los tres agentes cubanos. Es cierto que no cumpliría todas las expectativas, pero al menos aumentaría las posibilidades de que el subcontratista de Maryland pudiera reunirse con su familia y recuperar su salud.

Desde el punto de vista humanitario, está muy bien la iniciativa. No así respecto a las consecuencias políticas para una nación clave en el tablero mundial.

Por otra parte y sin intenciones malsanas, me pregunto: ¿no sabía Gross los peligros que enfrentaba en un país gobernado por una élite militar capaz de cometer las peores arbitrariedades?

¿En qué papel quedaría la administración Obama si aceptase los términos fijados para el inicio de una negociación?

Pese a las presiones de la dictadura por forzar un acuerdo, según sus intereses, el margen para que éste se concrete es mínimo.

Entre los avatares del confinamiento, Alan Gross presagia que estará de vuelta a su país en 2015. Ojalá que no sea para recibir las honras fúnebres.

 

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