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El pueblo en último lugar

Misael Aguilar Hernández, Red Cubana de Comunicadores Comunitarios

Mucho tiempo hace que se encuentra ubicado en el mismo lugar el paradero de las máquinas y camionetas particulares del municipio San Antonio de los Baños y nunca se ha hecho algo por mejorar las condiciones que tiene, a pesar del servicio que brinda a la población, que es muy necesario por la falta de transporte público.

Ubicado por la parte del frente de la ya disfuncional heladería Coppelia de este municipio que pertenece hoy a la provincia de Artemisa, este espacio poco a poco y con el pasar de los años se convirtió en el paradero de las máquinas y camionetas que parten hacia Santiago de las Vegas y también al cine Lido, en la Habana.

Sin embargo, este sitio en el que como es lógico se reúnen muchas personas, tiene condiciones bastante inadecuadas, entre otras cosas no tiene pavimento, y por tanto se acumula allí agua cuando llueve y por supuesto el fango ya que el piso es de tierra y nada más.

Este es el único lugar que existe en el pueblo de donde parte el transporte particular para la capital, y además es donde terminan su viaje de regreso los choferes. También salen de allí las máquinas que van para el municipio de Alquízar, por lo que siempre hay reunidas personas esperando algo que llegue para ir para cualquiera de estos lugares.

Siendo una zona tan concurrida, este paradero, para llamarlo de alguna manera, debería contar con una pavimentación que impidiera la acumulación de agua y el barro resbaladizo que se forma cuando llueve, en el que el público se enfanga los pies y corre el peligro de resbalar y caerse a la hora de subir a algún carro y también al bajarse.

No se debe dejar pasar por alto que todas las personas que van a este lugar con la intención de tomar algún de estas máquinas o camionetas particulares pagan no menos de diez pesos si van hasta Santiago de las Vegas o Alquízar, y no menos de veinte pesos si el viaje es hasta el Lido. Claro, a su vez los choferes o los dueños de estos carros (porque a veces quien lo maneja no es el titular) les pagan un impuesto al Estado por este negocio, lo que implica que es completamente legal; por tanto, debería existir algo de consideración hacia la población y crearle un mínimo de condiciones. El dinero que se destina al fisco tiene que tener alguna repercusión social.

Para el Poder Popular de la localidad no debe ser algo complicado pavimentar el piso del paradero, porque además no es un lugar de grandes dimensiones; pero cuesta mucho trabajo que el régimen le proporcione a la sociedad algún tipo de comodidad e higiene. Como siempre y por desgracia suele suceder en nuestro país, las necesidades de la población están en el último lugar de la lista de prioridades.