Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

¿El presidente que traerá la democracia a Cuba?

Una buena parte de los opositores cubanos están jubilosos por la victoria electoral de Donald Trump

Luis Cino Álvarez, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Muy poco faltó hoy para que me insultaran: me atreví a decir delante de un grupo de opositores que me sentía disgustado y muy preocupado por el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas.

Si no la mayoría, una buena parte de los opositores cubanos están jubilosos por la victoria de Trump. Más que todo, porque consideran que significa el fin de la política de Obama hacia Cuba. Están convencidos de que Hillary Clinton, de haber ganado la presidencia, habría sido la continuadora de esa política. Es decir, la de ir en pos de unas relaciones más normales con Cuba, haciendo para ello concesiones al régimen castrista, sin muchas exigencias a cambio, para irlo reblandeciendo de a poco, con miras a conseguir, a mediano o largo plazo, una gradual transición a la democracia.

La oposición, que sigue tan hostigada como antes, no espera resultados de esa política. Por el contrario, considera que ha ensoberbecido al régimen. Y se siente abandonada, traicionada, por el gobierno norteamericano. O más específicamente, por Obama. Y por extensión, por los demócratas. Incluida Hillary Clinton, faltara más.

Ahora los aborrecen. Dice una amiga que Obama parece un jefe de sector de la PNR (Policía Nacional Revolucionaria), y a la pobre Hillary le ve cara de jefa de vigilancia de un CDR (Comité de Defensa de la Revolución) de Miramar…

En los últimos meses he escuchado a muchos opositores, convertidos a la ultra-derecha gracias al castrismo, soltar largas tiradas, hablando pestes no solo de Obama, sino del Partido Demócrata, al que se refieren cual si fuera una filial del Komintern en sus buenos tiempos.

Ahora todas sus esperanzas están puestas en los republicanos. Y en particular, en Donald Trump.

De veras, me cuesta entender esta pasión por los republicanos. Dicen que es porque los demócratas nunca han conseguido anotarse un tanto en contra del castrismo. Y me pregunto cuál acierto habrán tenido los republicanos. ¿Aquel plan de invasión que como una papa caliente le dejó Eisenhower a Kennedy? Tal vez se refieran a Reagan, cuando con aquellos vuelos de reconocimiento de los SR-71, asustó tanto a los castristas que los puso a cavar túneles y refugios, a planificar la evacuación de las ciudades y a estudiarse las tácticas del Vietcong, a ver qué les servía para aquello que llamaron -pomposos como son- “la guerra de todo el pueblo”.

A propósito, nunca logré entender por qué, empezando por Kennedy y durante décadas, en Cuba, cada vez que había un cambio de presidente en los Estados Unidos, fuese demócrata o republicano, movilizaban al ejército y a la milicia y se dedicaban durante semanas a cavar trincheras. ¿De veras creerían que ese era el momento que escogerían los yanquis para la invasión?

Ya anunciaron para la próxima semana la realización de los ejercicios militares Bastión 2016. ¿Será porque ganó las elecciones Trump, que es republicano, por muy atípico que sea? ¿O es que “esta gente”, como los llama mi gente, no pierden la costumbre de jugar a los soldaditos y mostrar músculos, por muy enclenques y cagalitrosos que estén?

Más que con Obama que los descolocaba, los castristas están mejor preparados para lidiar con Trump. En última instancia, si Trump les aprieta las clavijas, eso les servirá de justificación para sentirse amenazados y hacer lo que mejor saben: atrincherarse y reprimir.

Donald Trump no será el presidente norteamericano que consiga el final del régimen castrista. Si acaso le toca presenciarlo, será por carambola, no porque él se vaya a empeñar a fondo en conseguirlo. ¿Por qué iba a hacerlo? Con tantos problemas como tiene por delante, Cuba no debe interesarle demasiado. Solo ha hablado de ella cuando ha ido a Miami, a buscar votos.

Ah, pero los cubanos nos creemos el ombligo del mundo. Y a algunos no se les quita la manía de esperar que aparezca, como la princesa que besó al sapo, un presidente norteamericano que traiga a Cuba la democracia.

Por mucho que me esfuerzo, no se me ocurre cómo podría hacerlo. ¿Volviendo a votar a favor del embargo el próximo año en la ONU (Organización de Naciones Unidas)?

Trump ha dicho que revocará las órdenes ejecutivas de Obama hacia Cuba, lo cual tal vez agrade a los castristas, como hallaron tan injerencista la última…

También ha dicho que buscará un mejor trato con el gobierno cubano, pero como es un hombre de negocios, y ya hace años tentó las posibilidades de invertir en Cuba, no se sabe exactamente a qué se refiere…

De cualquier modo, a Trump que se dice y se desdice a cada rato, no se le puede hacer mucho caso. Y menos a lo que dijo durante la campaña electoral. Ahora ya es el presidente electo. Es tiempo de moderarse. De pensar dos veces antes de decir algo. Por lo pronto, no estuvo mal su discurso de la madrugada del 9 de noviembre, cuando ya se sabía vencedor. Parecía otro. ¿El real Trump?