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 El prejuicio de ser “carmelita”

Juan Antonio Madrazo Luna, Primavera Digital

 El Vedado, La Habana.- Escuela y familia son dos de las instituciones más importantes que actúan como mecanismo de reproducción cultural de la conducta ciudadana. La escuela en muchos lugares del mundo ocupa un destacado lugar en cuanto a amplificar la pedagogía de la antidiscriminación y el respeto al otro, tanto en su diferencia como en su diversidad.

La sociedad cubana aun se encuentra rígidamente marcada por la saliva amarga del racismo y los latigazos de los prejuicios. El contexto educativo cubano no escapa a esta realidad. Durante 52 años se ha estado aplazando desde diversas disciplinas y en nombre de una invisible unidad nacional, el debate publico sobre las tensiones de nuestra singular diversidad epidérmica. A la revolución en su búsqueda del hombre nuevo le fue imposible ahogar tanto al racismo como a los elementos que se desprenden de él. La plataforma política de "igualdad" no ha impedido que los grupos diferentes sean estigmatizados como feos, sucios o malos.

No existe estrategia desde la política educacional para evitar la discriminación en las escuelas. La pedagogía cubana aun no dibuja la cultura del otro, no se manifiesta como campo de diagnóstico ni dialoga con la problemática racial desde los enclaves políticos, culturales y antropológicos.

Educación, formación y superación son ecuaciones claves para enfrentar prejuicios y discriminaciones que hoy nos azotan. En el contexto nuestro es una trinchera frágil pues no se ha programado como estrategia el desarrollo de una pedagogía antirracista.

Prejuicios, discriminación y racismo son palabras reprimidas y ahogadas al interior del sistema educativo. No están los maestros capacitados para intervenir ante cualquier manifestación de racismo en el aula. Tampoco están preparados en igualdad de género. No cuentan con estrategia de respuestas.

No hay conciencia alguna sobre este fenómeno y en nuestro ambiente escolar se desarrolla el pensamiento racista desde el círculo infantil hasta la enseñanza superior.

Los prejuicios están vivos en las relaciones horizontales entre alumnos, en las relaciones verticales entre alumnos y profesores. Los mismos son visibles y el profesor no interviene pues no está preparado para enfrentar tal situación. El personal docente no solo no dispone de las herramientas, tampoco está entrenado para solucionar conflictos, para comunicarse con las dinámicas de las desigualdades, pues existen desigualdades raciales comunitarias en la cual la escuela no cuenta con instrumentos para enfrentarla.

Son notables las diferencias entre La Isla del Polvo, el reparto Zamora, Indaya, El Moro, Novoa y el reparto Kohly, Nuevo Vedado y Alturas de Almendares.

El cuerpo carga con marcas sociales pesadas y hay niños que descubren que ser diferente puede ser muy difícil. Son muchos los niños y niñas que verbalizan claramente expresiones como: "Yo no quiero ser negro", "No soy negro, soy carmelita", "mi padre dice que soy trigueño". Muchos niños llegan a sentirse bichos raros y es que están conscientes de las diferencias físicas entre unos y otros.

La fortaleza de la autoestima y el aprendizaje de las conductas son otros elementos ausentes en el sistema cuadricular de la enseñanza, que a la vez provoca crisis de identidad, tanto en niños como en adolescentes.

Los libros de textos y los medios audiovisuales son ambientes de apoyo en los cuales se encuentran anclados los prejuicios. Los niño/niñas negro-mestizos no se ven representados en las ilustraciones de los libros, en las historietas, en las series dramatizadas televisivas para niños y jóvenes.

Los medios de comunicación, los planes de estudios escolares y los libros de textos pudieran jugar un papel importante, pues a través de ellos se pudiera dar a conocer y respetar las distintas civilizaciones. Es hora de que el sistema educativo cubano abra las puertas a otras opciones. Descolonizar la enseñanza es una tarea de urgencia para el futuro inmediato. La educación escolar debe jugar un papel importante en atacar las bases logísticas del racismo y los prejuicios, debe servir para rechazar las conductas racistas, discriminatorias e intolerantes.

Dinamitar el silencio es importante para el diagnóstico y la prevención, pues las heridas en el cuerpo identitario son las más difíciles de sanar.

Cuba necesita que se estimulen espacios de presión política y social. Está en nuestras manos inventarnos nuevas maneras de ciudadanía. Como nación, necesitamos desde la pedagogía construir conciencia, dialogar con el conocimiento, cambiar los contenidos y asistir a nuevos índices. La revolución de la ética como opción de empoderamiento y autoestima es la oportunidad para construir nuevas identidades, para promover liberaciones y autonomía en la cuales ningún cubano quede relegado a ser un simple ciudadano cero.

 

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