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El porvenir cubano

Rogelio Fabio Hurtado, Primavera Digital

Marianao, La Habana, (PD) El título, como nombre de tienda de principios del siglo XX, estaba entonces lleno de aquel ingenuo optimismo con que los nacionales inauguramos la República, reflejado asimismo en un excelente poema de Eliseo Diego.

Reiterarlo, cien años después, sin optimismo alguno, parecería sarcasmo, si no fuese tristeza.

Lirismos aparte, lo cierto es que el porvenir, como el horizonte, es una dimensión innegable de la realidad humana.

Suele darse por supuesto que el futuro tiene que ser mejor, pero la realidad gusta de romper todos esos esquemas. Concretemos nuestro caso.

Han transcurrido ya 20 años desde el desplome del llamado campo socialista y de la supuesta hermana URSS, que provocó de inmediato el inicio del supuesto Periodo Especial. Desde entonces, hemos vivido sujetos a un contrapunto entre la miseria y la esperanza.

El gobierno intentó, primero, resistir infinitamente, con la "Opción Cero", que nos hubiese puesto a comer de una olla común y a vivir sin electricidad, socialistas hasta la muerte.

Tras los primeros semestres, se percataron de que aquello acabaría rematadamente mal y entonces restauraron los mercados libres campesinos y abrieron un mínimo de facilidades para el trabajo por cuenta propia, todo esto con suma mezquindad y a la espera de que, de un momento a otro, las cosas cambiarían para mejor y todas aquellas concesiones al capitalismo pasarían al olvido. El Máximo Líder nunca ocultó su rechazo a la llamada Perestroika soviética, entendida por él como la vil traición de Mijail Gorbachov.

Durante aquellos años, floreció nuestra disidencia, siempre a mínima escala, con más caciques que indios y agendas muy similares, basadas en la defensa de los derechos humanos universales. Todos contábamos con la posibilidad de que el Partido-Estado llegaría a entender nuestras demandas de diálogo. Es bueno aclarar que los oficiales del DSE siempre comenzaban sus conversaciones advirtiéndonos de que sus amados jefes no estaban dispuestos a nada parecido a un diálogo.

En el terreno económico, se realizó una mínima y muy poco diáfana "apertura" a un cierto capital foráneo, condicionado casi siempre por acercamientos cordiales a las más altas autoridades. Así, por ejemplo, aquel español de apellido Barreiro fue presentado en cierta ocasión por el Máximo Líder como un ejemplo a seguir por los funcionarios cubanos.

Esta práctica virtuosa de los pecados capitalistas estuvo presente en los primeros éxitos de los departamentos como MC (Moneda Convertible), que algunos llamaban Marihuana-Cocaína. Sabemos lo mal que acabó esto para los audaces cuadros del MININT y para el general Ochoa, tan victorioso en África y Nicaragua.

Desde entonces, nadie se ha atrevido a dar por terminado aquel Periodo Especial, del mismo modo que tampoco han sido abolidas las leyes contra la muchísima resistencia. La biología ha forzado la introducción muy lenta de ciertos cambios. El derecho a trabajar la tierra y a vender con relativa libertad el fruto del esfuerzo, la supresión de los controles migratorios y el desmantelamiento de los aparatos burocráticos apoderados de las viviendas, parecen ser las más sobresalientes.

Sin embargo, no han repercutido en la disminución del costo de la vida. Han generado un cierto mercado de las viviendas y los automóviles, del que se beneficia casi exclusivamente el sector con acceso a la moneda libremente convertible, es decir, aquellos que nunca rompieron relaciones familiares con los parientes "gusanos". Mientras, el tradicional sector "duro", acostumbrados a obtener todas las ventajas a partir de su filiación política, se queda al margen de la fiesta. Esto genera nuevas conductas sociales, que ya se notan, aunque aún no parecen ser capitalizadas por la presente disidencia.

¿Cuál será entonces el porvenir de Cuba? Hasta el presente, los llamados lineamientos, que tropiezan con la resistencia sorda de la vieja guardia burocrática, tampoco buscan obtener consenso de quienes quieren reformas auténticas, porque les preocupa en demasía la castidad política, atada a viejos dogmas impuestos por el Líder Máximo, el principal de ellos, la vagancia.

Sin embargo luego de la guerra permanente a esos "malditos yanquis" y mientras no abran espacio para el ejercicio de la política por cuenta propia, no creo que el país, ni nosotros, podamos salir adelante.

 

 

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