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El pastor contra los lobos

Ibis Pascual

CORRALILLO, Cuba, febrero, www.cubanet.org -La violencia política y la presencia de las fuerzas represivas en el panorama cubano empañaron el pasado mes, una vez más, la obra cristiana del pastor evangelista Rolando Ramón Felipe, quien, en homenaje al Día de Reyes, intentó organizar para los niños una pequeña fiesta en el parque del poblado del central azucarero José René Riquelme, municipio de Quemado de Güines, provincia de Villa Clara.

Después de trabajar durante más de tres meses dentro de toda la agrupación cristiana y no cristiana de su comunidad, Ramón Felipe había logrado recaudar los fondos necesarios para aquella pequeña actividad que quería dar como sorpresa a los niños en su día. Reunió juguetes, confituras, piñatas. También convocó a varios artistas cristianos y no cristianos de algunas localidades cercanas para que animaran la fiesta.

Sin embargo, en el corazón mismo del poblado azucarero, y delante de una enorme cantidad de público que se reunió allí para ver a los payasos, los juegos y los niños disfrazados, recibió la primera advertencia de quienes, con odio y quizás con envidia, comenzarían a acosarlo dentro de la propia actividad cristiana.

Cuando se percataron de que el pastor continuaba con sus niños y su fiesta, sin hacer ni un ápice de caso a la agresiva advertencia de que “recogiera los bártulos y se perdiera de allí con todas aquellas payasadas…”, apareció entonces la policía con su aparatoso equipamiento para meter miedo.

Los colores, olores, sabores y sonidos que tanta viveza, alegría y colorido estaban aportando a la comunidad allí reunida y a la gran cantidad de niños que habían acudido, fueron escapándose del lugar, como si aquello se hubiera convertido de pronto en un campo listo para la batalla. Los niños, al ver a los agentes de la Seguridad del Estado con sus caras roñosas, se fueron retirando de la mano de sus madres.

La presencia de las fuerzas gubernamentales no fue recibida con vítores, sino con miedo, espanto. Y también con el acostumbrado comadreo entre los pobladores, sobre la forma inhumana en que terminaron llevándose al pastor Ramón Felipe, a paso forzado, para el cuartucho de la unidad de la PNR, para que mostrara –si es que lo tenía- la autorización del gobierno para realizar aquella fiesta, que era de Dios y no del gobierno.

La compañía de artistas y observadores no abandonaron al pastor, como lógicamente hicieron algunos niños con sus madres, sino que salieron, como no esperaban los pejes gordos, a paso cerrado y en forma de una procesión, detrás de Ramón Felipe, en un apoyo solidario, e identificándose totalmente con su causa cristiana y festiva.

Según el cotilleo del público, los represores le gritaban al pastor que él no era ningún líder, y que ellos sí sabían lo que él se traía entre manos, pues ya estaban cansados de verlo montando esas “escenitas cristianas” cada vez que le convenía hacerlos quedar mal.

La música y la algarabía cesaron. Y en muy corto espacio de tiempo el parque pasó a ser un campo de desolación dentro del pueblo. Mucho más cuando Juana Esther Rodríguez, madre de uno de los niños que actuaba, tuvo que salir urgente para el Cuerpo de Guardia del policlínico con su hijo, aún disfrazado de Melchor, porque en la carrera de huida atemorizada que hizo se cayó y hubo que coserle una herida en la rodilla.

Más de tres horas mantuvieron encerrado al pastor, acosándolo a preguntas, chantajes y amenazas. Ahora Ramón Felipe ha redactado un manuscrito dirigido al gobierno de La Habana, planteando la queja y el ultraje social y psicológico al que fue expuesto como representante de su iglesia, delante de los niños y familiares que lo acompañaban ese día en la celebración. Veremos qué le responden desde el gobierno, si es que le responden.

 

 

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