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El parlamento cubano es una reunión ampliada del poder ejecutivo

Osmar Laffita Rojas, Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- Todos los que leyeron detenidamente los resúmenes informativos dados a conocer por la prensa oficial los días 13, 14 y 16 de julio de lo acontecido en los debates de las 10 comisiones permanentes de la Asamblea Nacional, en el V Periodo de Sesiones de la VIII Legislatura, se pudieron percatar una vez más de que dicho parlamento dista años luz de constituir un verdadero poder legislativo.

No se puede afirmar que el parlamento cubano cumpla con las normas vigentes de los poderes legislativos, dado que solo por el 50% de sus integrantes fueron elegidos por el pueblo: el otro 50% forma parte del poder legislativo, gracias al dedazo de la Comisión Nacional de Candidaturas, dirigida y controlada por el Partido Comunista.

El parlamento cubano no expresa la voluntad de sus electores. En muy contadas ocasiones los diputados se ocupan de elaborar y sancionar leyes. Mucho menos el poder legislativito interviene en la conformación, integración y funcionamiento de otras instituciones del Estado, tareas que asume e Buro Político del Partido Comunista y los Consejos de Estado y de Ministros.

En Cuba no se puede hablar de la real existencia de poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

Esto de la separación de poderes es algo que se remonta al siglo XVIII. Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu, uno de los filósofos y ensayistas más relevantes de la Ilustración, sobresalió por su articulada teoría de la separación de poderes. Por su vigencia, es parte obligada de la mayoría de las constituciones del mundo.

En Cuba no existe un parlamento como lo concibió Montesquieu.

De acuerdo a la arquitectura de la actual Constitución cubana, puesta en vigencia en 1976 y reformada en 1992, se puede decir que más que una república, en el sentido lato del término, lo que ha existido en Cuba por más de medio siglo es una sui géneris forma de gobierno que se puede catalogar como despotismo revolucionario.

Dos gobernantes ha habido en Cuba durante estas cincos décadas: Fidel Castro que se mantuvo en el poder de manera ininterrumpida por espacio de 47 años, sin haber sido electo en elecciones libres y democráticas, y que por razones de enfermedad le traspasó el bastón de mando a su hermano, el general Raúl Castro, que de manera formal es presidente de Cuba desde el año 2008. Uno y otro, con sus particulares métodos de gobernar de manera absoluta, disimulados bajo un demagógico discurso paternalmente benévolo, nunca han tenido al parlamento como un verdadero poder legislativo.

Los poderes legislativo, ejecutivo y judicial están maniatado por el artículo número 5 de la Constitución que señala: “El Partido Comunista de Cuba, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos hacia los altos fines de la construcción del socialismo”.

Los periodos ordinarios de sesiones del parlamento cubano duran tres días. En ese tiempo, los integrantes de las 10 comisiones permanentes se reúnen en locales habilitados de manera provisional para escuchar los informes de los altos cargos del gobierno, que por lo general no rinden cuenta de sus actividades. No se puede hablar de debates, porque los diputados están bastante limitados en las preguntas.

Son tantos los problemas acumulados que resulta imposible analizarlo todos en tan poco tiempo.

Si alguien piensa que está representado en ese virtual parlamento, al leer lo que informa sobre sus reuniones la prensa oficial, no necesita ser un experto en asuntos constitucionales, para percatarse de las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular son una prolongación de las reuniones del Consejo de Ministros.

Los medios oficiales nunca dan a conocer los acuerdos a que se arribaron. Las reuniones son reflejadas de manera bastante podada por los medios oficiales. Destacan los informes de los ministerios del área económica, cargados de cifras y datos. Por lo general, la población no asimila estos informes, ni se interesa porque en ellos no se traduce su bienestar material y espiritual, sino todo lo contrario.

Los periodos de sesiones de la Asamblea Nacional concluyen siempre con el discurso del Presidente de la República, algo que se contrapone a la naturaleza de un parlamento, cuya función es ejercer de contrapartida del Poder Ejecutivo.

Aunque resulte asombroso, en Cuba, tanto el jefe de Estado y de Gobierno como sus ministros son diputados del parlamento. Es decir, son juez y parte. Su presencia en la Asamblea Nacional debiera ser para rendir cuenta de sus funciones, pero esto no se cumple, aunque esté recogido en la Constitución. Y mucho menos están en igualdad de condiciones con el resto de los diputados. Esto es una muestra de la aberración constitucional en que está atrapado el poder legislativo cubano.