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El ojo del amo que engordó al caballo

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Casi de forma simultánea a que por obra y gracia del presidente de los Estados Unidos, Barak Obama y del general presidente designado y heredero Raúl Castro, -al menos en Cuba- los otrora imperialistas yanquis pasaran a ser “compañeros del Norte”, se produjo la visita a Cuba de un representante del zarévich Putin, neo zar de la única Rusia.

El caso es que durante más de treinta años, la antigua Unión Soviética apoyó de forma incondicional a su virrey caribeño, Fidel Castro. Este apoyo, por solo citar un ejemplo, mantuvo un suministro de petróleo que nunca faltó y en su momento, este fue ciertamente un esfuerzo logístico comparable e incluso superior al realizado por los hoy compañeros del Norte cuando la crisis berlinesa.

En aquellos momentos, el ojo del amo engordó al caballo y ese apoyo selló fuertemente los amarres totalitarios de aquella dictadura del proletariado que hoy subsisten. Estos resultaron modernizados como sustento de la misma dictadura militar totalitaria, recompuesta para la ocasión como nacional, socialista y revolucionaria.

Como fue mejorada y actualizada, ahora es sufrida además de por el proletariado, por todo el pueblo cubano. Esta ampliación es definida como democratización dentro del metalenguaje oficial. Mejoró para peor, como sucede casi siempre por acá.

En momentos en que el oso despierto brama furioso por la eventual pérdida de Ucrania y por los efectos combinados de la disminución de los precios del crudo y las sanciones impuestas por los compañeros del Norte y las señorías europeas, el zarévich Putin, se niega a poner sus bardas en remojo y amenaza.

Quizás allá en el Kremlin no gustó mucho que la aviación estratégica rusa no haya podido repostar en el portaaviones caribeño que sostuvieron durante tanto tiempo. Sobre este particular, el líder histórico de nuestro desastre nacional fue meridianamente claro: la deuda cubana fue y es con la Unión Soviética y no con la Rusia imperial y putinesca del presente. No les resultó suficiente que el autobús venezolano corto de recursos y conducido por Maduro, -orden habanera mediante- les haya facilitado una islita para repostar. Quieren más, solo que no hay.

Si en su momento, el ojo del amo engordó al caballo, hoy son otros los tiempos. En Cuba, nada debe perturbar el sueño tranquilo de los compañeros del Norte.

A falta de algo mejor, al oso habrá que contentarlo con miel de purga, con melao, y dormirlo con declaraciones empapadas de aguardiente. Por esta vez y al menos en eso, ganaron los compañeros del Norte. Resígnate, Putin: ¡perdiste!

Otra reacción nada sorpresiva fue la de Israel. La única democracia próspera y funcional del Medio Oriente reaccionó como era de esperar que reaccionara. Sucede que a pesar de la distancia y que desde 1973 no existen relaciones diplomáticas entre el régimen militar cubano y el estado de Israel, por allá -Israel- parecen saber y lo han demostrado, qué tipo de régimen sufre el pueblo cubano.

Israel optó por no apoyar a la administración de Barak Obama en sus últimas y festinadas decisiones. Por allá tienen que lidiar a diario con terroristas y asesinas bandas armadas, tan populistas y revolucionarias como la banda armada que no permite vivir en Cuba. Entonces y por saber de qué se trata, tomaron la decisión correcta.

En momentos en que los mismos ilustrados oligofrénicos, europeos, -cultos como son- apoyan a los terroristas asesinos de Hamas y consideran que Jerusalén no es judía y quizás hasta Jesús tampoco, pues qué más da que hoy aplaudan las decisiones tomadas contra el pueblo de Cuba y sus anhelos de libertad por el presidente estadounidense Barak Obama.

La única democracia funcional del Medio Oriente, una que no proclama desde su base fundacional la destrucción de pueblo o nación alguna, se pronuncia en contra de los “compañeros del Norte” y la decisión tomada por su presidente, Barak Obama. Esto establece un contraste que enaltece. ¡Shalom, amigos!