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El mejor espectáculo de la Isla de los Castro

Abel Prieto, asesor de Raúl Castro, anunció que para la delegación oficialista Panamá sería un campo de batalla, y así fue: integrada por miembros de la policía política y organizaciones represivas

Augusto Cesar San Martín, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- La representación gubernamental de la sociedad civil cubana que viajo a la VII Cumbre de las Américas en Panamá, estuvo a tono con la arenga del general Raúl Castro en su discurso inaugural.

A su salida de Cuba, Abel Prieto, asesor del general, anuncio que para la delegación oficialista Panamá sería un campo de batalla, y así fue.

En el intento por boicotear el dialogo en los foros alternativos de la cumbre, la delegación oficialista cubana grito ofensas y golpeo a los participantes sin medir nacionalidades.

“Cuando salimos fuera del hotel a dar la declaración a la prensa, la parte oficialista comenzó a ofender”, narra Odelín Alfonso, ejecutivo de la Asociación Pro Libertad de Prensa (APLP), participante del “fórum de gobernabilidad”.

“Cómo es el guión, nos dijeron horrores… varias personas recibieron golpes bajos para que las cámaras, como estaban en una posición arriba, no tomaran testimonio. También recibieron golpes funcionarios del gobierno de Panamá. Nos enteramos que una periodista también”, añadió Odelín.

Los clásicos actos de repudio organizados por el gobierno, contra los opositores dentro de la isla, fueron escenificados en vivo y en directo para la comunidad del hemisferio.

La intolerancia y represión practicada por los oficialistas cubanos fue la mejor respuesta al discurso del general en la cumbre, quien afirmo que no podía forzar el consentimiento del pueblo con su régimen de gobierno.

Dentro de la Isla

La justificación mostrada a los cubanos de la impostura oficial cubana, fue la presencia de miembros de la sociedad civil, al margen del gobierno, y la no acreditación de una veintena de integrantes de la desentonada banda gubernamental.

Camilo Ernesto Olivera, periodista independiente, invitado a la cumbre por el Observatorio de Derechos Humanos, en representación de Estado de SATS, declaró a Cubanet.

“Nos pasó a muchos, no pudimos adquirir credencial… Sucedió con Cuesta Morúa y Lilian Ruiz que les llego días después. Yo no pude adquirirla y nunca pensé en acciones camorristas”.

Antes de que los medios de la Isla describieran en La Habana la injusticia contra la delegación cubana, el gobierno preparó su plan de boicot en las oficinas de la policía política. Llevaban impreso, con la mala calidad de los diarios cubanos, panfletos ofensivos contra los miembros de la sociedad civil independiente cubana. Y donde no mencionaban de donde sale el dinero que sufraga los gastos de la banda camorrista.

A esta desgastada estrategia la antecedió, el acondicionamiento de la opinión pública interna, sobre el significado de sociedad civil, al estilo gubernamental.

Todo el esfuerzo se desmoronó con la fanfarronería de la delegación oficialista. Mostraron en vivo, la monstruosidad del sistema y no convencieron a la opinión interna del porqué tanta algarabía.

Utilizar la violencia y obstaculizar el diálogo, no fue el mejor argumento presentado en los medios cubanos que se quedaron con las imágenes fuera de los salones.

José Antonio Fornaris, director de la APLP, participante en el fórum de gobernabilidad considera coincide con las opiniones recogidas dentro de la isla.

“Si no podemos confraternizar, al menos pudiéramos tolerarnos”.

La delegación de Abel Prieto, integrada por miembros de la policía política, organizaciones represivas y funcionarios de alto nivel, ofreció su mejor espectáculo.

Un guión que mostró la esencia represiva del régimen y que incluyo, para los incrédulos, un discurso presidencial.