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El inexistente estado de bienestar

Osmar Laffita, Primavera Digital

Boyeros, La Habana.- Todo parece indicar que el director del periódico Granma es un mero ejecutor de las ordenes que el imparte el Departamento Ideológico del Partido Comunista.

Una muestra de esa supeditación la tenemos en el gran globo publicado el 10 de mayo titulado "Una mirada al modelo cubano de bienestar". Fue escrito por la Dra. Patricia Ares Muzio, la cual se desempeña como profesora titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

Luego de la lectura del artículo de la Dra. Ares, publicado en el órgano oficial del Partido Comunista, muchos cubanos lo consideran una verdadera ofensa, una escandalosa manipulación, porque deliberadamente oculta el estado calamitoso de mendicidad y de abandono en que se encuentran la mayoría de aquellos ancianos que después dedicarle una parte importante de su vida a la edificación de la nación, hoy están abandonados a su destino por el estado cubano.

La Dra. Ares pasó por alto que los actuales gobernantes, en los años 60 se apropiaron de manera forzosa y sin indemnización de los principales medios de producción, tanto agrícolas como industriales, del transporte y de los servicios. En marzo 1968, durante la llamada Ofensiva Revolucionaria barrieron con lo poco que quedaba de actividad privada en Cuba. Desde ese instante y hasta el presente, los gobernantes han tratado de mantener la falsa imagen de que son ellos los máximos responsable de la garantía del bienestar del pueblo, y quienes garantizan el pleno empleo, así como los servicios sociales tales como la educación, la asistencia médica y hospitalaria, el deporte, la recreación y la cultura, de manera gratuita.

Como se comprenderá, ese igualitarismo populista del "Buen Hermano" no se ha hecho de manera gratuita. Tal proceder fue una especie de "pacto social" no firmado. Una distribución equitativa de los beneficios a toda la población contribuiría a evitar el malestar social y crearía una especie de lealtad y agradecimiento hacia los gobernantes.

El actual sistema de providencia social existente en Cuba, tal como fue configurado y aplicado por los gobernantes cubanos, nada tiene que ver con los estados de bienestar existentes en Europa. Ese modelo benefactor pudo materializarse luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial como consecuencia del alto nivel de desarrollo alcanzado en sociedades capitalistas desarrolladas, como Alemania, Inglaterra, Francia, Noruega, Finlandia, Suecia, Luxemburgo. En Estados Unidos, el alto per cápita alcanzado en su Producto Interno Bruto, les permite asumir funciones como el pago a los desempleados, garantizarle una vejez sin grandes problemas a todos aquellos que llegan a la edad de jubilación.

Sin embargo, el anómalo método empleado por el gobierno cubano para que la mayoría de la población lo haya apoyado durante los más de 50 años que llevan en el poder, a pesar de ser contumaces violadores de todas las libertades y derechos, nada tienen que ver con el estado de bienestar. Por la aplicación de un aberrante modelo de gobierno populista e igualitarista, que sin alcanzar los altos niveles económicos de los países desarrollados, gracias primero a los abundantes subsidios que entregó a raudales la desaparecida Unión Soviética y luego por Venezuela, pudo aplicar una política de gratuidades y subsidios, que se mantuvo con altas y bajas hasta finales de la década de los 80.

Pero en esto momentos, por la acelerada contracción de la producción de bienes, que se traduce en una baja acumulación de dinero en las arcas del Estado, el gobierno del presidente Raúl Castro se ha visto obligado a poner fin a muchas gratuidades y subsidio que el anterior gobierno del Dr. Fidel Castro mantuvo por décadas. Se puede considerar que esto ha sido el tiro de gracia a lo que la Dra. Ares decidió llamar "modelo cubano de bienestar".

La primera afectación de esos recortes se sintió en la canasta básica. Los productos de aseo hay que comprarlos a precio de mercado, ya sea en peso o en dólares. Los frijoles, arroz, azúcar, cárnicos, y el aceite comestible que venden por la libreta de abastecimiento solo alcanza para poco más de una semana; los restante 23 días, con los 20 dólares que gana de salario en el mes un cubano promedio, tiene que inventar para poder mal comer esos días. En las tiendas en CUC los precios son inalcanzables. Algo similar ocurre en los establecimientos en que se ofertan productos del agro y carne de cerdo en peso cubano.

El pleno empleo ha fracasado de manera estrepitosa. En estos momentos, las empresas y organismo estatales tienen reportado 1,2 millones de trabajadores que sobran en sus plantillas y como el Estado no dispone de dinero para tan siquiera pagarle el 60% de su salario -que sería menos de12 dólares mensuales-, la solución que ha encontrado es facilitar la creación de pequeñas empresas privadas en el sector de los servicios como fuente de empleo de estos cientos de miles de trabajadores que ya no tienen oferta de trabajo en las entidades estatales.

La doctora Ares no se refirió a la mayor muestra del estrepitoso fracaso del sistema igualitarista que durante años aplicaron los actuales gobernantes cubanos y que se refleja en toda su crudeza y dramatismo es en los casi dos millones de jubilados, que con la misérrima pensión, que no sobrepasa los 12 dólares mensuales, tiene que asumir con ese dinero al igual que un trabajador normal el pago de su alimentación, la vivienda, la luz, el agua, el uso del transporte público, etc.

En los verdaderos Estados de bienestar -que no es el caso de Cuba-, el Estado asume el pago de la mitad de estos servicios y en algunos caso lo otorgan gratuitamente y la pensión que reciben son tan holgadas que no le provoca ninguna preocupación ni angustia a los jubilados, al extremo de que con ese dinero pueden incluso salir de vacaciones al extranjero

Esa es la explicación de por qué en las plazas, parques, calles, entrada de establecimientos comerciales, centros asistenciales, culturales y deportivos, de toda Cuba- con la excepción de Varadero- es normal contemplar a ancianos y jubilados que venden los más diversos productos. Esto sucede porque con la misérrima pensión que reciben no se pueden dar el lujo de permanecer en sus hogares y descansar como realmente merecen, porque no dispondrían de dinero ni siquiera para poder mal alimentarse. El Estado, sin decirlo, ha dejado de ayudarlos.

 

 

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