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El imparable crecimiento de las remesas

Osmar Laffita, Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- Los 301 lineamientos económicos aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista son de una atípica economía de servicio, ya que los ingresos que fijan el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) provienen del sector de los servicios y no de la producción y exportación de bienes.

En el quinquenio que acaba de terminar se produjo un estancamiento y caída en la producción de azúcar, la que no rebaso las 1,5 millones de toneladas por zafra azucarera.

La situación de la producción agrícola ha sido realmente desastrosa: durante el quinquenio 2009-2013 incumplió anualmente en 12 renglones, entre los que sobresalen la leche, el arroz, los frijoles y cítricos.

El gobierno se vio obligado a destinar 1,800 millones de dólares cada uno de estos años para la importación de alimentos por los incumplimientos reportados en la producción nacional.

A lo anterior se suma que en el trienio 2011-2013 se produjo una crítica contracción en la producción y exportación de níquel, motivada por la indetenible caída del precio de la libra de este mineral en el mercado internacional. Hasta ese momento, el níquel era la principal fuente de entrada de divisa al país.

El cierre definitivo de la planta procesadora de níquel de Nicaro, ubicada al norte de la provincia de Holguín, dejó sin empleo a 6 000 trabajadores.

Los otros sectores productores de bienes como la industria biotecnológica y farmacéutica, el tabaco, el ron y los licores, los pescados y mariscos, en su conjunto, su exportación no rebasó el pasado año los 1600 millones de dólares.

Lo que evitó que el gobierno cubano se declarara en quiebra oficial el pasado año debido a la baja entrada de divisas debido a la estrepitosa caída de sus tradicionales exportaciones de productos primarios, como el azúcar y el níquel, fue gracias a la recaudación generada por el turismo, la importación de servicios especializados, principalmente a Venezuela, y el envío de remesas procedentes principalmente de los Estados Unidos.

Estas remesas, que no son registradas en las estadísticas oficiales, en su conjunto representaron en el año 2013 una suma cercana a los 13 000 millones de dólares.

El monto de dinero recaudado el pasado año, solo por concepto de envío de remesas, se elevó a 2,777 millones de dólares, según estudios realizados por The Havana Consulting Group, con sede en Miami. De esa cifra, 2 497 millones de dólares procedían de los Estados Unidos.

Esa elevada suma de dinero pone de manifiesto el incuestionable protagonismo económico que representan las remesas en la historia económica reciente de Cuba.

A pesar que el gobierno cubano lo oculta, hoy las remesas actúan como un mecanismo de financiamiento seguro del surgimiento, consolidación y expansión del prometedor sector de las pequeñas empresas privadas.

Las remesas, al mismo tiempo, contribuyen a la estabilidad financiera de cientos de miles de familias que se han liberado de los misérrimos 20 dólares que la mayoría de los cubanos ganan de salario mensual. Gracias al dinero que les envían sus familiares en el exterior, tienen la oportunidad comprar lo que necesitan en las TRD y mejorar sus niveles de vida.

El flujo de remesas, en estos momentos, aunque el gobierno no lo reconozca públicamente, constituye un importante factor de sostenibilidad de la economía cubana. Por ello, al gobierno no le quedará otro camino que reevaluar su discurso y admitir que las remesas contribuyen de manera decisiva al proceso modernizador que de manera impetuosa se registra en las pequeñas empresas privadas que operan fundamentalmente en el sector de los servicios.

En estos momentos, las remesas han pasado a ser uno de los principales sostenes de la atípica, deformada y corrupta economía de servicio vigente hoy en Cuba.

 

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