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El gobierno regresa al monopolio

Los aviones de pasajeros ya no vendrán cargados de mercancías. Se limita el envío de paquetes.

Osmar Laffita Rojas, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- A partir de hoy, entran en vigor las resoluciones  206, 207 y 208 de la Aduana General de la República y la 300 del Ministerio de Finanzas y Precios. Su único propósito es limitar que los viajeros traigan productos desde el exterior para obligar a los cubanos a comprar en las desabastecidas y caras tiendas controladas por los militares. La normative afecta también a  los envíos de paquetes desde el exterior.

El Grupo de Administración Empresarial (GAESA) perteneciente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que dirige, controla y administra todo el comercio mayorista en dólares en Cuba, no podía permitir que su negocio sucumbiera ante la imparable competencia que le hacían los pequeños negocios privados dedicados a la venta de productos importados.

Apertura y cierre

La flexibilización de la actividad privada en Cuba empezó a materializarse con las resoluciones No. 32 de 7 octubre de 2010 y la 33 de 6 de septiembre de 2011 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social respectivamente (MTSS).

La resolución  32 autorizó  el desempeño de 83 actividades. Luego, la 33 las amplió a 181. En ambas resoluciones  aparecía la actividad de modista o sastre. Los que poseían dicha licencia  la emplearon para justificar la venta de confecciones textiles, calzado y miscelánea importada.

Este negocio floreció en todas las ciudades y pueblos de Cuba. En los portales de las casas,  en áreas públicas y locales arrendados por las autoridades municipales que fueron remodelados y convertidos en boutiques y pequeñas tiendas, se vendían la más diversa gama de productos comprados en Miami, Quito, Panamá, La Paz y México

Las regulaciones aduaneras permitían la importación no comercial de hasta 100 libras de mercancía. Esto dio lugar al trasiego  hacia Cuba de artículos de gran demanda entre la población. Principalmente  los jóvenes dejaron de acudir a las Tiendas de Recuperación de Divisas (TRD), porque  en ellas no encontraban ropa a la moda.  En cambio, si la encontraban en los pequeños negocios privados.

En muchos de estos establecimientos privados, los clientes encargaban  el producto que necesitaban y el dueño les garantizaba que en una semana  podían venir a recogerlo. Esto ocurría con la ropa, el calzado,  herrajes, teléfonos móviles, cosméticos y bisutería en general. Un año después de la entrada en vigencia de la Resolución No. 33, más de 90 mil personas, entre dueños y trabajadores contratados, estaban involucradas en la venta de productos importados.

Adiós a las mulas

Las personas que  se ocupaban de traer esa mercancía eran cubanos que se desempeñaban como “mulas”. Luego se incorporaron a este lucrativo negocio, los “cubañoles” (cubanos con nacionalidad española recién adquirida). Se les contrataba para realizar compras en el exterior. Esta labor algunos la realizaban hasta dos y  tres veces en el mes.

La Terminal 2 del Aeropuerto Internacional “José Martí”, de La Habana, más que una terminal de pasajeros parecía una transitoria de carga por los altos volúmenes de mercancías que declaraban los pasajeros procedentes principalmente de Estados Unidos. Los aviones de pasajeros que venían de Miami, se convirtieron en aviones mercantes.

La oferta de los miles de pequeños negocios particulares que existían en toda Cuba, provocó la estrepitosa caída en las ventas de las TRD y el crecimiento de los inventarios en sus almacenes. El gobierno no podía permitirlo.

El negocio privado

La actividad privada no es prioridad del gobierno cubano. El 26 de septiembre de 2013 entró en vigor la Resolución No. 42, que amplió a 201 las actividades que se podían ejercer, pero dejó  claro que a aquellos con licencia de modista o sastre, se les prohibía la comercialización de ropas de fabricación industrial o importada.

Como los inventarios en poder de los dueños de los pequeños negocios dedicados a la venta de productos importados eran bastante voluminosos,  el gobierno les concedió un periodo de gracia para que pudieran vender hasta el 31 de diciembre de 2013. De esa fecha en adelante se prohibió este negocio.

Con esta acción legal  contra los pequeños empresarios privados y los que laboraban como trabajadores contratados, quedo  claro que al gobierno  le importaba un comino que miles de personas quedaran sin empleo.

Las visitadoras a domicilio

Todo parecía indicar que la venta de artículos importados había llegado a su fin. Pero el negocio continuó, aunque de manera encubierta. Surgió la figura de las visitadoras, que vendían a domicilio, los encargos de sus clientes.

La Terminal 2 del aeropuerto de La Habana, continuó como centro de recepción de carga y los aviones mercantes realizaban ente 10 y 12 vuelos diarios de Miami y Tampa con destino a Cuba.

En el 2013, el valor de las mercancías importadas, principalmente de Estados Unidos, ascendió a 3,506 millones de dólares.

Como las tiendas del estado siguen sin poder competir con los vendedores privados, el gobierno decidió cortar por lo sano y para  complacer una vez más a los militares del GAESA, puso en vigor las resoluciones  206, 207 y 208 de la Aduana General de la República y la 300 del Ministerio de Finanzas y Precios.

Como el gobierno es incapaz de competir recurre nuevamente al monopolio, lo único que siempre ha sabido hacer. Los aviones de pasajeros con destino a Cuba ya no vendrán  cargados de mercancías.

 

 

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