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El fracaso del Estado paternalista

Osmar Laffita Rojas

LA HABANA, Cuba, 24 de agosto (www.cubanet.org) – El gobierno cubano tenía como soporte de cohesión el igualitarismo, el paternalismo y el voluntarismo. Había un pacto social de los gobernantes con el pueblo. Los primeros entregaban casas, educación, asistencia médica y hospitalaria, canasta básica, seguridad y protección social, todos subsidiados. A cambio recibían el apoyo de una parte apreciable de la población a su modelo de gobierno en el que están ausentes las libertades y los derechos.

En sus cinco años como presidente, el general Raúl Castro ha guardado silencio acerca de los errores en que incurrió su predecesor, Fidel Castro. Consciente de la crisis en que el hermano sumió a la nación, y para evitar que cayera al abismo, Raúl Castro inició desestructuración del modelo paternalista que mantuvo Fidel, gracias a los subsidios de la desaparecida Unión Soviética, y ahora, a la ayuda del gobierno venezolano.

Este igualitarismo afectó negativamente nuestra sociedad, con la falsa política de pleno empleo, que redundó en la casi nula productividad.

Al liberarse más dinero que mercancía, el gobierno, para evitar un exceso de circulante y mantener en los límites permitidos el déficit fiscal, que el pasado año fue de 3,6 por ciento, aplicó una despiadada subida de precios a los productos de mayor demanda.

En los cinco años que lleva como presidente, Raúl Castro no ha podido detener la caída de la producción de bienes, y para garantizar los alimentos que distribuye de manera normada a la población, destinó el pasado año mil 500 millones de dólares para su compra  en el exterior.

Como los alimentos racionados no alcanzan, a las familias no les queda otra salida que comprarlos de manera liberada en los mercados agropecuarios, tiendas de recuperación de divisas, o en el mercado negro, a precios prohibitivos.

Estas penurias son menores para los integrantes del dinámico sector privado compuesto por campesinos propietarios de tierra, cooperativistas, usufructuarios de tierra y cuentapropistas, que ya sobrepasan el millón de personas. Sus ganancias, a pesar de la restricciones existentes, están ya muy distante de los 448 pesos (unos 18.60 dólares) mensuales que ganan los casi 3,9 millones de trabajadores que trabajan en para el Estado.

Al cierre del primer trimestre del año, el promedio mensual devengado por los campesinos y cooperativistas fue de 700 pesos (unos 28 dólares), los contratados en cafeterías y paladares reportaron una entrada mensual de mil 23 pesos (40,92 dólares).

Todo indica que la actividad privada se acrecentará, porque el gobierno -por ahora- no tiene ninguna posibilidad de encontrarle empleo a los 1,2 millones de trabajadores que despedirá.

Por el momento, las opciones que se les brindan a los que quedan desempleados es sacar la licencia para realizar alguna actividad por cuenta propia o explotar la tierra como usufructuarios.

Contrario a lo que afirman los defensores del Estado, la solución del empleo en Cuba hay que buscarla en la actividad privada, la que durante tantos años el gobierno comunista demonizó, porque afirmaba que lo único que traería bienestar, estabilidad y desarrollo al pueblo cubano era el socialismo.